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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}

Tartas rosas y expedientes X

Mi amigo Mateo ha vuelto a ver ‘Expediente X’, la serie aquella en la que Mulder y Scully investigaban misterios imposibles, como Iker Jiménez, pero con clase y menos mesas camilla. La echan ahora en un canal cuyo nombre no recuerda. El caso es que la serie le ha despertado una enorme inquietud desde que ha vuelto a verla porque asegura que a veces desaparece la papelera que hay junto al banco situado frente a su portal. O cree que desaparece. Mateo no puede precisarlo, que es justamente como empiezan las mejores investigaciones y muchas hipotecas.

 

Lo extraño es que, cada mañana, cuando baja a la calle, se encuentra con una plaga de envases rosados con el emblema de una tarta -debe de estar buenísima-, sus correspondientes cubiertos de plástico y una colección de restos orgánicos que parecen proceder de una civilización que ha desarrollado la comida a domicilio, pero todavía no ha descubierto las papeleras. Hay bocatitas, servilletas grasientas y otros objetos cuya naturaleza exigiría un equipo de forenses. Aparecen sobre el peldaño de los portales, en el poyo del escaparate de la tienda de tés y en el rellano de acceso al edificio de oficinas. La basura se extiende estratégicamente por la calle, como si estuviera estudiando el terreno antes de una invasión. Si mañana aparece un envase rosado en el buzón, Mateo llamará a los servicios de inteligencia. Como si eso fuera posible.

 

La papelera, mientras tanto, permanece por las mañanas en su sitio, casi siempre vacía. Mateo sospecha que desaparece a media tarde o entrada la noche, justo cuando los envases rosados celebran su cumbre. Puede que alguien la retire, puede que se la lleven, puede que los extraterrestres hayan descubierto que una papelera municipal es el primer objetivo de cualquier operación de conquista. Mulder estaría encantado. Scully, más sensata, pediría una prueba más.

 

He bromeado con Mateo y le he sugerido que espere a ver si los restos empiezan a reproducirse, aunque me dice que hay indicios de que esa fase ya se ha superado. La hipótesis más inquietante es que no exista ningún fenómeno paranormal, sino algo mucho peor, que haya personas que comen en la calle y consideran que el suelo es una especie de camarero esclavo al que no hace falta dejar propina porque ya recoge lo que uno tira al suelo. La ciudad está llena de misterios. 

 

Mientras, mi amigo Mateo sigue vigilando la papelera a diario. No descarta que Mulder como siempre, tenga razón. Lo que sí sabe es que, si los extraterrestres quieren conquistar Logroño, lo tienen bastante fácil. Basta con que se disfracen de envase rosado, aterricen junto a un banco -de los de sentarse- y esperen a que alguien termine de comer. Nadie sospechará nada. Y cuando llegue el momento de la invasión, todavía habrá quien deje los cubiertos sobre la acera y se marche convencido de que la limpieza es competencia de otro. Ya saben, la verdad está ahí fuera…/Javi Muro

 

 

 



Autor: Javier Muro

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