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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}

La velocidad de la imaginación y la teoría del profesor Matiacevski

Aseguran que fue el profesor Matiacevski, un matemático polaco afincado en Praga que definió, tras años de investigación, la fórmula que calcula la velocidad a la que se desplaza la imaginación. Fue a principios del siglo pasado, y atestiguan también, que lo hizo por placer; por el mismo motivo que residía en la capital de la República Checa y no es Godynia, su ciudad natal. Tras múltiples experimentos, Matiacevski determinó que la velocidad de la imaginación es igual a la aceleración de lo vivido, leído, escuchado y contemplado, multiplicado por las infinitas posibilidades cromáticas, las palabras empleadas para emocionar, y los sueños habitados a plena luz del día. Con última operación, aunque pueda parecer alejada de la ciencia y de las matemáticas puras, Matiacevski apuntó la necesidad de cerrar los ojos y, posteriormente, al abrirlos, mantener la mirada perdida durante el tiempo suficiente hasta obtener una representación que contenga un relato novedoso, con capacidad de sorprender.

 

La investigación Matiacevski y su teoría final fueron rechazadas por la totalidad de las publicaciones científicas del momento bajo la acusación de ser fruto de la imaginación de una mente descontrolada. La fórmula, la teoría y el propio profesor fueron defenestrados, como pueden imaginar. 

 

A lo largo de la Historia, los más sesudos libros de ciencia relatan cómo no pocos científicos han dedicado los mejores años de su vida a ejecutar cálculos y exhaustivos experimentos a las mentes más creativas de la Historia en busca de un dato cuantificable. La mente de escritores, pintores, escultores, directores de cine y teatro, actores y actrices, fotógrafas y fotógrafos, algunos -muchos de ellos- de renombre, aceptaron formar parte de una investigación que prometía ser tan ambiciosa como el primer viaje a la Luna, y se referían a los dos, al real y al novelado por Julio Verne. 

 

Aquellos estudios posteriores a la fórmula de Matiacevski no avanzaron más allá del concepto que igual la velocidad de pensamiento con la velocidad del impulso nervioso; estimando la máxima velocidad en 362 kilómetros hora. Algo que ya sospechaba el profesor polaco residente en Praga en su ambicioso experimento. 

 

Ha pasado mucho tiempo, pero hay quien asegura que si se rebusca bien en las estanterías adecuadas de las más antiguas bibliotecas es posible hallar ‘La velocidad de la imaginación. La fórmula de la creatividad’, el volumen que compila el trabajo de Matiacevski. En la última página, dentro del capítulo titulado ‘Conclusiones’ puede leerse: “después de años de trabajo puedo afirmar que la imaginación se desplaza a una velocidad superior que cualquier ser o ente conocido; una velocidad constante de infinito, reposando tan sólo al transformarse en creatividad”./Javi Muro

 

 



Autor: Javier Muro

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