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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}
Diputada 351
En el Congreso de los Diputados hay 350 escaños. Es un número redondo, suficiente para que quepan todas las sensibilidades políticas, todas las estrategias, todas las formas de decir “estamos trabajando en ello”, sin que realmente pase nada. El pasado 28 de abril apareció, de manera improvisada, el escaño 351. No estaba en el hemiciclo concretamente, sino en la tribuna del público. Y no contaba con turno de palabra asignado en orden de representación parlamentaria.
No interrumpió a ningún diputado; habían acabado con el tema de turno, que no era otro que la vivienda.
“Haced algo ya, coño”, fueron sus palabras. Quizá el tono sorprendió a sus señorías por su realismo -realismo de calle, de día a día- y quizá también porque la mujer que las pronunciaba los señalaba con el dedo a todos y a cada uno de nuestros representantes políticos.
Con esa frase resumió mejor la política de vivienda que muchos discursos de media hora. No hubo tecnicismos, ni gráficos, ni referencias cruzadas. Solo urgencia. Que, curiosamente, es lo único que falta cuando se habla de vivienda, de sanidad o de educación.
La reacción institucional fue impecable en lo formal. Francina Armengol, presidenta de la Cámara, ordenó la expulsión de la mujer. Se restableció el orden. El Congreso volvió a ser ese lugar donde todo funciona con normalidad, es decir, con una lentitud perfectamente reglamentada.
La escena tiene algo de teatro clásico. En el escenario, los actores declaman; en el gallinero, alguien interrumpe porque no entiende la obra o porque la entiende demasiado bien. Y entonces el acomodador hace su trabajo, silencio, por favor, que la función continúa.
El problema es que fuera del teatro no hay ficción. La vivienda no es un concepto, es una puerta que no se abre. Es un alquiler que sube como si tuviera ambiciones políticas. Es una hipoteca que exige más fe que un milagro. Y mientras tanto, en el hemiciclo, se debate con esa elegancia burocrática que convierte cualquier problema en una sucesión de intervenciones perfectamente olvidables. Y mientras tanto, el alcalde de Logroño continúa ocultando el listado de adjudicatarios de VPO.
“Haced algo ya”. No es un eslogan, era una súplica; dicen que con mala educación. Y quizá por eso resultó tan incómoda. Porque en política estamos más acostumbrados a las formas que al fondo, a las maneras que al contenido. La mujer rompió el protocolo, sí. Pero también rompió la ilusión de que todo está bajo control.
En España hemos desarrollado una relación peculiar con nuestros servicios públicos. Los defendemos en teoría y los sufrimos en la práctica. La sanidad se aplaude y se espera. La educación se debate y se parchea. La vivienda se promete y se encarece. Es un sistema en el que las soluciones siempre están en fase de anuncio.
La mujer de la tribuna no tenía escaño, ni grupo parlamentario, ni asesores. Tenía prisa. Y la prisa, en política, es un elemento subversivo. Obliga a decidir, a concretar, a dejar de hablar en condicional. Es el enemigo natural del “ya veremos” o del “estamos trabajando en ello”.
Su expulsión fue lógica desde el reglamento y simbólica desde la realidad. Porque no solo salió ella, salió también, por un momento, la voz de quienes sienten que no están siendo escuchados. Se cerró la puerta, se reanudó el debate y el país siguió con sus problemas, que no entienden de protocolos.
Quizá el Congreso debería plantearse si el problema fue el grito o el motivo del grito. Porque hay interrupciones que son una falta de respeto y otras que son una radiografía.
El escaño 351 no existe en el plano oficial, pero está lleno, abarrotado. Lo ocupan quienes no pueden pagar un alquiler, quienes esperan una cita médica como si fuera un premio, quienes ven cómo la educación se convierte en una carrera de obstáculos. Gente que no tiene turno de palabra, pero sí motivos para gritar, para gritar bien fuerte.
Y a veces, muy de vez en cuando, alguien decide usar la voz en lugar del silencio.
Unos lo llaman incidente. Pero quizá fue, simplemente, una traducción simultánea de lo que pasa fuera./Javi Muro
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