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{ARTÍCULOS DE OPINIÓN}

'El último barco', una novela de Domingo Villar

Han pasado diez años desde que Domingo Villar nos cautivara con 'La playa de los ahogados'. Diez años, que se dice pronto, en los que hemos cambiado nosotros y también lo ha hecho el escritor. Diez años… ¿Y sabéis una cosa? Cuando abres 'El último barco' y te reencuentras con el detective Leo Caldas y su inseparable Estévez, ese tiempo resulta apenas unos días porque la cercanía con la que los personajes te acogen te hace sentir en un ayer que no es un decenio. Ha sido, la lectura de esta obra, como el reencuentro con unos viejos amigos. Y he disfrutado mucho con él.

 

En 'El último barco', la hija del doctor Andrade vive en una casa pintada de azul, en un lugar donde las playas de olas mansas contrastan con el bullicio de la otra orilla. Allí las mariscadoras rastrillan la arena, los marineros lanzan sus aparejos al agua y quienes van a trabajar a la ciudad esperan en el muelle la llegada del barco que cruza cada media hora la ría de Vigo.

 

Una mañana de otoño, mientras la costa gallega se recupera de los estragos de un temporal, el inspector Caldas recibe la visita de un hombre alarmado por la ausencia de su hija, que no se presentó a una comida familiar el fin de semana ni acudió el lunes a impartir su clase de cerámica en la Escuela de Artes y Oficios.

Y aunque nada parezca haber alterado la casa ni la vida de Mónica Andrade, Leo Caldas pronto comprobará que, en la vida como en el mar, la más apacible de las superficies puede ocultar un fondo oscuro de devastadoras corrientes.

 

Qué ganas tenía de leer este libro y qué bien me ha sentado hacerlo. Para mí, leer a Villar es una 'reconciliación' con la literatura (de la buena) y sentirme apreciada como lectora y también como escritora.

 

Espero que me perdonéis si no os hablo más al detalle del argumento del libro, pero opino que con el resumen previo es suficiente. Si queréis saber más sobre Leo Caldas y su investigación, ya sabéis lo que os toca: leer la novela. Y es que prefiero hablaros de algo que es, para mí, mucho más importante y por lo que entiendo, de verdad, que la vuelta de Villar al panorama literario es una gran noticia.

 

La obra consta de algo más de 700 páginas y, aunque un número tan elevado pueda amilanar, no os asustéis. Se lee mucho más rápido que novelas más ligeras y de menos hojas. ¿Por qué? Quizá por su alta calidad literaria, ya que esta novela es, a mí así me lo parece, buena literatura. Buena de verdad. Sé que no todos estaréis de acuerdo conmigo, pero yo en Villar veo oficio, arte y amor por lo que hace. Amor. Y eso es muy importante a la hora de escribir. Eso es lo que diferencia a los escritores que perduran de los que solo pasaban por aquí o de los éxitos de un día.

 

Una pluma limpia con una acción mantenida donde no hay prisa por terminar. Sin agobios. Palabras certeras, que contrastan con el ir y venir gallego, y capítulos cortos. Vida. Eso es lo que tiene esta historia.

 

Puede parecer la típica de detectives; la trama clásica policíaca de misterio. Puede juzgarse  como una novela negra más, al uso, típica, pero hay en ella escondido amor por las palabras y vida entre sus letras. Se percibe tristeza entre líneas y algunas risas. Hay melancolía por lo perdido y por el tiempo transcurrido, y también esperanza. Ilusión por lo que aún queda por llegar, por escribir. Esperaremos, con ansia, nuevas entregas o nuevas historias. Te esperaremos./Verónica García Peña. Su última novela es 'La isla de las musas'



Autor: Verónica García Peña

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