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'Antigua y Barbuda', Stanich y el humor no desmerece la calidad de la música

Después de la poderosa irrupción que supuso “Camino ácido”(2014) y la sensación refrescante que produjo su peculiar interpretación de los sonidos tradicionales americanos, el santanderino regresa tres años después para confirmarse en su estilo. Con la correspondiente mejora de medios que supone su fichaje por una major (Sony Music), aunque sin desprenderse de la producción de su “padrino” Javi Bielva, sigue sin salirse de los cánones clásicos del folk americano que en su inconfundible voz y con su particular humor no dejan de resultar frescos y naturales. Su arrollador directo, así como la aparente sencillez de sus canciones, facilitaron el éxito de su debut que debería prolongarse en esta continuación.

 

Sus canciones, radiables y accesibles en su mayoría, conservan la viveza sin abandonar unas estructuras clásicas que demuestra dominar con sorprendente soltura. Sus letras traviesas, absurdas a veces y rozando por momentos lo surreal, destilan un humor característico y ya convertido en seña de identidad. Así, con apenas un disco y dos epés en el mercado y una actitud un tanto esquiva con las labores de promoción (que en el pasado compensó con una intensa gira), este ‘Antigua y Barbuda’ era esperado con inusual expectación y de entrada hay que decir que mantiene el nivel sin alterar demasiado el rumbo.

 

Lo mejor del disco está al principio con la potencia pop de ‘Escupe fuego’, el folk ascendente de ‘Más se perdió en Cuba’ o la más innovadora y sorprendente ‘Mátame camión’. Contrasta con esta última la calma de ‘Galicia calidade’, incluido el breve acelerón final seguida del desvarío alucinante y alucinado de ‘Un día épico’. Lineal pero colorida ‘Casa Dios’ es un medio tiempo en el que destacan las guitarras y ‘Hula Hula’ es del mismo palo pero con más groove y vientos. ‘Camaradas’ es íntima de inicio pero se va animando y ‘Le Tour ´95’ añade ritmo y dureza, como ‘Río Lobos’ añade una bella e intensa oscuridad antes del cierre folkie pausado y desvariado de ‘Cosecha’.

 

Alcanza Stanich de nuevo la sencillez con unas canciones que beben con efectividad de unas fuentes evidentes. Aventajado alumno de la tradición norteamericana, su propuesta combina ligereza y brillantez sin que el humor de sus letras en ningún caso desmerezca a la calidad de su música./Javier Castro desde 'Los Restos del Concierto'



Autor: Javier Castro

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