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{VIVIR / VIDA EN LA CIUDAD}

Cerrado, todo es idéntico, todo es desconocido

La ciudad en cuarentena en 50 fotografías

La ciudad luce extremadamente limpia, como sin usar. Las calles, las plazas, los rincones un millón de veces recorridos se muestran extraños, diferentes. Cada paso es un descubrimiento. Son las dos de la tarde y algunas personas regresan a sus hogares después de la jornada laboral. Pocas personas. Nadie mira a los ojos al otro al cruzarse. Avanzan con cautela, es la lógica respuesta a un borbotón de noticias que nunca quisieron conocer y que una vez escuchadas burbujean en la mente sin capacidad de dominio. No es paranoia, es otra cosa. Sentado en un banco de la calle Portales y flanqueado por tres bolsas rebosantes, un hombre -que bien puede haber visto horrores peores- descansa en su ruta de regreso a casa. “Hoy en el supermercado había más gente”, me cuenta desde la distancia. “A esta hora las calles están casi vacías; también por la tarde, pero unas horas antes aún se ve movimiento”. Todo a mi alrededor está vacío; las sillas de las terrazas forman torres de silencio donde no hace tanto las conversaciones se entrelazaban entre mesas, cafés y copas hasta bien entrada la madrugada. Ahora es el silencio quién ha implantado su señorío. También los gorriones. Parecen miles, millones, trinan gritando al unísono; su voz te acompaña calle a calle, paso a paso. Los pinturas y fotografías protagonistas de los museos y salas de exposciones duermen tras las cortinillas que ahora las esconden. Obras que no hace tanto provocaban admiraciones y que desde hace semanas esperan las miradas que les concedan la vida. Porque las obras de arte tienen vida, que conste. Es preciso salir del Casco Antiguo -la restauración y la cultura han echado la verja- para encontrar una frutería abierta, y un supermercado a cuya entrada cinco personas guardan fila a tres metres unos de otros. Dos agentes de Policía reparten mascarillas en la parada del autobús; el mismo lugar donde un hombre ha extraviado la mirada, quizá también él se ha perdido en el tiempo. Todos los días son el mismo día y ya son cuarenta y más. Nadie recorre el paseo central de la ciudad y las cabinas ya no tienen teléfonos. Dicen que este año no habrá fiestas patronales. ‘Se alquila’, ‘Se traspasa’ 'Disponible' se lee en unos cartelones al otro lado de la calle. No hay coches aparcados frente al portal, nunca había sucedido desde que resido en el edificio. Todo es distinto; idéntico y desconocido.

/Texto y Fotografías: Javi Muro.

 







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