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{VIVIR / VIDA EN LA CIUDAD}

'Para justificar la desigualdad se criminaliza a los que menos tienen'

Gonzalo Peña publica 'El latido de los desheradados', el relato de su viaje al centro de la pobreza

Veinte euros, una mochila y un cuaderno para afrontar un viaje periodístico de diez días al centro de la pobreza. Un vivencia en primera persona que su protagonista, Gonzalo Peña -periodista y desde el pasado mes de mayo concejal por Cambia Logroño en el Ayuntamiento de la capital riojana-, narra en 'El latido de los desheredados' en tercera con el objetivo de situar en el centro del relato a las personas que sufren duras situaciones de pobreza. Más allá de las cifras, en el recorrido realizado por Peña prima la humano, el contacto con las personas que viven en situaciones límite, sus miedos, su soledad, la indiferencia general y también las dosis de solidaridad que siempre surgen. En 'El laberinto de los desheredados' aparecen los rostros de la pobreza que cuentan sus realidades y temores. No es un libro que tenga moraleja o moralina, cada uno al compartir el viaje de Gonzalo debe sacar sus propias conclusiones./Javi Muro

 

SPOONFUL.- “El mundo ha girado demasiado en estos últimos días”, dice tu alter ego, José Luis, en el libro. Ha pasado el tiempo, seguro que los has revivido unas cuantas veces, ¿continúa el mundo removido cómo durante la experiencia que relata ‘El latido de los desheredados’?

Sí, evidentemente. Es algo que está menos fresco, más digerido con el paso del tiempo, pero sí persisten aquellas sensaciones. Para mí, no ha sido un libro, sino un reto de profundización y conocimiento personal. A la vez, en ese sentido, creo que tiene un carácter bipolar; por un lado está la crudeza de las personas y las situaciones que viven y también las que vives tu personalmente, es ese sentimiento de soledad e indiferencia frente al mundo, que se convierte en un combate personal diario, pero por otro lado, he querido enfocarlo y reconducirlo hacia una manera de contar la historia, que yo creo que es la que te impulsa para seguir haciendo cosas, que es la que sustenta la idea de que no podemos rendirnos y cruzar los brazos porque aún queda mucho por hacer, desde el convencimiento de que las cosas pueden ser diferentes.


S.- Han pasado unos años desde que viviste la experiencia que relata el libro. En las páginas describes un mundo de desigualdad, pero da la impresión que tiempo después la cosa no ha mejorado mucho…

El libro está narrado en tercera persona de forma intencionada. Le di muchas vueltas a cómo enfocarlo. Quería poner en el centro a los protagonistas que viven esas situaciones tan crudas de pobreza y exclusión social y no a mí. Hubiera sido un error ponerme en el centro porque se hubiera perdido el foco de lo importante, que son los rostros, las reflexiones, los sentimientos de estas personas. Al año siguiente, en diciembre de 2014, realicé el mismo recorrido otra vez. Por un lado, quería comprobar si me encontraba a esas personas que había conocido un año antes y comprobar qué sentimientos me evocaba ese retorno. No me crucé con ninguna de esas personas. Sí que encontré en Bilbao con la misma cama de cartón en el mismo cajero que en 2013. No estaban las mismas personas, pero estaban otras.


S.- Las cifras y las estadísticas avalan ese crecimiento de la desigualdad y de la pobreza.

No me gusta cuando se abordan estos temas que se hable de los ‘pobres’, porque se hace como un término condescendiente y en un tono diferenciador, como si los demás estuviéramos en otro mundo diferente. En el libro reivindico mucho el término personas empobrecidas, víctimas de una forma particular de concebir la política y de concebir la economía, que ha supuesto que se gobernara y actuará en base a los intereses de unas pocas personas. Si cogemos las cifras, comprobaremos el crecimiento exponencial del porcentaje de personas en riesgo de pobreza entre 2008 y 2013, que es el último año con registro, alcanzando el 28,3 de la población. Veremos cómo los hogares sin ningún ingreso llegan a los 630.000 y Cáritas ha atendido en el último año a 600.000 personas más que el año anterior. Los datos indican que o se corrige el rumbo por el que vamos o nos dirigimos al abismo.


S.- Hablabas de lo peyorativo del término pobre, ¿En qué medida ha contribuido la sensación que han transmitido los últimos Gobiernos de que se abandonaba al que caía en esas situaciones de extrema precariedad?

Hay que tener cuidado porque tratan de confundirnos con dos palabras que tienen significados diferentes, una es caridad y otra solidaridad. Reivindico que la caridad tiene que ser algo puntual, que está muy bien, pero la pobreza no se combate con caridad. Lo que hay que reivindicar es la solidaridad, el trato de igual a igual, de persona a persona, más allá de donde vengas y tengas las condiciones económicas que tengas. Es curioso cuando escuchas que existe dinero para rescatar a la banca con miles de millones, que se rescatan autopistas con una cantidad abrumadora de dinero, que se aprueban créditos extraordinarios para gastos militares y, sin embargo, a la vez que ocurre todo eso, se está desprotegiendo a quienes peor lo están pasando. Es más, frente a ese aumento de la desigualdad, que en los últimos años está alcanzando cotas durísimas, se está produciendo la criminalización de quienes menos tienen, basándose en un discurso sobre el individualismo que provoca la desconexión de lo humano, de lo grupal, de lo colectivo. Ese individualismo provoca que las situaciones de pobreza se vean como algo personal, que le ha pasado por su mala cabeza, porque no ha trabajado lo suficiente, por falta de méritos, porque te has metido en lo que no tenías… Lo que se está obviando con ese discurso, y es peligrosísimo porque nos aniquila como colectivo, es la estructura profundamente desigual que impera en la sociedad.


S.- Pero cómo decías, la desigualdad continúa expandiéndose…

Sí, están surgiendo dos polos muy diferenciados. Uno en que un grupo de personas están saliendo mucho más fortalecidos de la situación que vivimos –para mí no es una crisis, es un saqueo y las cifra están ahí-, y otro, que engloba a los que peor lo están pasando, un grupo que no deja de crecer en número. Para justificar que esa desigualdad exista, lo que se hace es criminalizar a quienes menos tienen.
S.- ¿Gonzalo y su alter ego en el libro, constataron el paisaje que esperaban encontrarse o durante esos diez días encontraron un panorama que les sorprendiera?

Creo que el libro es un punto de partida. Hay temas que se tocan y relatos muy descarnados de lo que supone dormir en un cajero, de lo que es sentirse sólo, de lo que es el miedo, de lo que es la angustia, de la falta de expectativas, de lo que es la convivencia en un albergue municipal. Está claro que son diez días, pero creo que es un punto de partida para ponerse en la piel del otro. Soy consciente de que la experiencia tiene sus límites y que podía haber sido mucho más completo. No es un libro que tenga moraleja o moralina, porque no me gusta. Creo que hay que leer, pero también encontrar lo que está debajo de las palabras. El significado está entre las líneas y cada cual tiene que sacar sus conclusiones. Creo que el libro es un punto de partida para la empatía sobre el tema y para la reflexión.


S.- Lanzarse a vivir esta experiencia tiene que tener un origen. ¿Es más periodístico, ideológico, tiene tintes de conciencia, morales?

Creo que es una combinación de todo. Por un lado, está la circunstancia de observar a personas en la calle, personas pidiendo, el ver esa sucesión de piernas que está en la ciudad pero que sin embargo, aunque estando en la misma acera, parece que pertenecen a otro mundo. Cuando eres periodista tienes que estar muy atento a lo que sucede a tu alrededor; bueno, cuando eres periodista y también cuando eres persona. Creo que cómo personas tenemos que observar y hacernos preguntas. No podemos caer en la insensibilidad de una época de exacerbado consumismo, como es la que vivimos. Hay una parte de la población que está luchando por un mundo mejor, pero otra está mirándose el ombligo. También está el aspecto periodístico, claro. Creía que en este caso no valía con hablar con la gente y tomar unas notas. Hubiera supuesto quedarnos en lo superficial, no hubiera llegado a la raíz. No hubiera rozado lo que está debajo de la superficie, tenía claro que debía ir mucho más allá. Obviamente, tenía la influencia de las lecturas realizadas… uno es lo que lee. La intención era reivindicar lo humano y acceder a esas entrañas de las situaciones de pobreza.


S.- Llama la atención en el libro que prima una gran solidaridad. La parte egoísta de la sociedad está presente, pero parece obvia, no se la menciona. Pero aparece una sensación de solidaridad entre quienes sufren esas situaciones…

Creo que he tratado de poner esa percepción también en valor, sino no se hubiera ajustado a lo que percibí. La distancia y la forma en que la sociedad ignora a las personas en situaciones de dificultad también se refleja a través de diálogos y comentarios de personas con las que se encuentra el personaje o con la sensación de estar sólo, pero había que reivindicar también que me encontré con vivencias de personas que no tienen nada y quieren compartir el desayuno contigo, o un grupo de trabajadoras de la limpieza que te dan cinco euros para el autobús. Creo que hay que destacar esto también y ponerlo a la luz.


S.- Imagino la sensación que impregna a estas personas, una sensación de que el mundo no sólo pesa demasiado sino que se te ha caído encima…

Es una especie de combate interno y tienes que continuar sin bajar los brazos. Tienes que seguir auto convenciéndote en tu cabeza de que existe la luz, que todavía como ser humano tienes tu valor. Son fuerzas dentro de tu cabeza que luchan, una te dice soy personas y otra trata de llevarte hasta el fondo porque ve que no hay salida posible, que no hay alternativa. Ese choque es fortísimo y yo sólo estuve diez días, pero vivir eso permanentemente es un choque durísimo y un combate continúo. Estar todo el día caminando o todo el día parado te lleva a reflexionar un montón de cosas y a hacerte un montón de preguntas y plantearte muchas cuestiones.


S.- Da la impresión de que en la sociedad actual se ha creado una especie de submundo –sin que sub sea peyorativo.

No hace mucho que leí en un periódico que se hablaba de indigentes y ciudadanos diferenciándolos. Me pareció una barbaridad, inconcebible desde el punto de vista social. Es como si te estuvieran despojando de tu condición de ciudadano porque tengas que vivir en la calle. Es lo que comentaba antes, compartes la misma acera pero parece que vives en mundos diferentes…


S.- … en el libro, en uno de los diálogos creo que es, surge la idea de Matrix al respecto, ¿No?

Sí, hablo de dimensiones diferentes.


S.- … no parece que existan políticas para que la gente que cae en esas situaciones de dificultad puedan regresar a la dimensión original…

Sí, existe la sensación de que aún viviendo en el mismo mundo se trata de dimensiones diferentes. No porque hayas hecho nada para que estés en esa situación porque la pobreza no es como el fluir de los ríos o la lluvia, la pobreza no es natural. La pobreza tiene unas causas y provoca unas consecuencias. Efectivamente, en esa dimensión se invisibiliza a un número cada vez mayor de personas y se les extirpa de su condición, cuando hay recursos para revertir esa situación. No digo que se fácil. Creo que hay que replantear temas como las políticas de vivienda, fiscales, laborales, familiares, darles un giro, para generar recursos y una redistribución de la riqueza. Ahora mismo está habiendo una acumulación de la riqueza brutal. En España el 1 por ciento que más tiene es igual que el 70 por ciento que menos tiene. Es un modelo de sociedad que lleva a la precarización, a la incertidumbre… Incluso en las empresas se habla de Recursos Humanos, como si lo humano fuera igual que cualquier herramienta o máquina.


S.- ¿En qué medida estás situación que vivimos tiene su origen en la falta de independencia, por ejemplo para financiarse, de los partidos políticos que han gobernado?

Creo que las instituciones sirven para repartir poder político y económico; político en la toma de decisiones y económico, a la hora de redistribuir los recursos. Pero por encima de los partidos políticos y de las instituciones, actualmente, hay actores, grandes empresas, bancos –que incrementan sus beneficios año a año mientras crece la desigualdad-, organismos supranacionales que nadie ha elegido y que se arrogan decisiones técnicas sobre qué es lo que hay que hacer. Hoy son esos actores los que tienen el poder máximo aunque nadie los haya elegido. Recuerdo una comparecencia de Mario Dragui, el presidente del Banco Europeo, en el Congreso de los Diputados. El hemiciclo fue bunkerizado y los móviles anulados. Es el ejemplo perfecto para demostrar lo que está pasando. Organismos que nadie ha elegido, que toman decisiones que afectan a los ciudadanos y que cuando comparecen en el espacio en el lugar en que todos estamos representados, en el Congreso, impiden que nadie cuente qué es lo que ahí está pasando.
S.- ¿Te imaginas haber realizado la misma experiencia pero hoy en día y en Grecia? Allí parece que  la situación de mucha gente es bastante precaria y al mismo tiempo, da la impresión que desde la UE se le pide a Grecia que continúe aplicando las mismas políticas que no han dado resultado.

Creo que la situación de una gran parte de la población griega es fruto de una forma de concebir las decisiones políticas. El referéndum que ahora se plantea, ya lo planteó el PSOK -que es el PSOE griego- hace un tiempo y acabó desistiendo por las presiones que recibió. El otro día, Alexis Tsipras ofreció un discurso sobre lo que es la defensa del pueblo y la democracia: ustedes no van a imponer aquí su modo de hacer política, a ustedes no los ha elegido nadie y vamos a convocar un referéndum para conocer que quiere la ciudadanía, les guste o no les guste. Cuando un presidente toma esa decisión y se opone a quienes no los ha elegido nadie pero deciden la vida de todos eso se criminaliza desde determinados medios de comunicación para tratar de debilitar ese posicionamiento. Syriza tiene que gestionar unas expectativas extraordinarias, fruto de que la gente ya no confía en el PSOK ni en Nueva Democracia, que serían el PSOE y el PP de aquí. Hay un cambio de entender la política, tanto en el fondo como en las formas.


S.- ¿Cómo contemplas el momento que se está viviendo en Grecia y en la UE?

Creo que hay que poner en valor que haya un Gobierno que esté plantando cara a quienes hasta ahora habían dictaminado cualquier tipo de decisiones. De hecho, creo que fue el FMI quien reconoció: “Nos hemos equivocado en Grecia”, pero queremos seguir aplicando las mismas políticas con las que no equivocamos. Se criminaliza a Syriza, pero a quienes desarbolaron la sociedad griega no se les pide ninguna responsabilidad. Cuando el FMI reconoce la equivocación en Grecia, pero quiere seguir con la misma línea de actuación, no sólo falla la perspectiva política, sino la humana.

 

S.- Mucha gente puede pensar que los objetivos son otros y no la solidaridad y el afán de ayuda a Grecia y a los griegos, ¿no?

Claro. Evidentemente existe un orden social que está en juego y no es que lo diga yo, Warren Buffett –multimillonario- dijo la famosa frase: “por supuesto que hay lucha de clases hoy en día, lo que sucede es que los ricos son los que la han provocado y quienes van ganando”. Creo que ese análisis pone de relieve –sin entrar en quien tiene más o menos- lo que sucede en este mundo aparentemente democrático, pero donde actores que nadie ha elegido, que se les llena la boca al hablar de democracia, y que son los que dictan las normas internacionales, se te lanzan al cuellos si no cumples con lo que quieren.


S.- ¿Qué influencia ha tenido la experiencia vivida y reflejada en ‘El latido de los desheredados’ para que encabezaras la lista de Cambia Logroño al Ayuntamiento de Logroño?

Hay que reivindicar la política. No admito que se diga que la política es sólo lo institucional. Que me presentara no implica una novedad, porque creo que la política es sustancial al ser humano, tiene que ver con la vertebración de las condiciones de vida que tenemos como ciudadanía. La verdad es que hace seis meses no me planteaba estar en una candidatura y menos encabezarla; y por encabezarla el primer error seria creerme más que la gente con he estado, estoy y estaré trabajando. Hay que reivindicar la política de igual a igual y no sólo en términos institucionales sino asociativos, organizaciones, colectivos. Creo que ese conjunto es el que genera fuerza para cambiar las cosas. Que a los ochenta años o yo que sé, cuando esté cerca de irme de este mundo, pueda mirar a mis hijos y mis nietos y decirles que lo hecho todo y lo mejor que he podido y sabido para dejar el mejor mundo posible.

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