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{VIVIR / VIDA EN LA CIUDAD}

'Los medios de comunicación están siendo los voceros de los grandes poderes políticos y económicos'

Los reporteros de guerra, Mayte Carrasco y Gervasio Sánchez, '2 Generaciones de periodistas hablan'

Desde la primera fila del Aula Magna del Edificio Quintiliano de la Universidad de La Rioja Gervasio Sánchez y Mayte Carrasco parecen atrincherados tras la mesa central. Tan sólo se distinguen sus cabezas camufladas entre los micrófonos. Bien pudieran estar parapetados mientras cubren uno de los conflictos bélicos en los que, a lo largo de los últimos años, han ejercido de forma brillante el periodismo. Si te sitúas butacas arriba sobre las escaleras del auditorio inclinado, los dos reporteros de guerra, en vez de empequeñecerse, emergen seguros de sí mismos y de lo que entienden por periodismo, por buen periodismo. Lejos de los temores de políticos esquivos, Gervasio y Mayte se muestran dispuestos a hablar de todo y a responder toda pregunta que se formule desde el graderío.


Sánchez y Carrasco coinciden en Logroño dentro del ciclo ‘Dos generaciones de periodistas hablan’, que organizan la Casa de los Periodistas y La Universidad de La Rioja. Gervasio Sánchez ha sido reconocido por sus trabajos como fotoperiodista con el premio Ortega y Gasset en 2008 y el Premio Nacional de Fotografía en 2009. Sarajevo, Chile, Sierra Leona, El Salvador o Afganistán, entre otros, ha sido algunos de sus destinos. Mayte Carrasco, ha cubierto como reportera freelance los conflictos armados de Chechenia, Georgia, Afganistán, Argelia, Marruecos, Mali, Siria o Libia. En 2011, recibió el galardón a la mejor corresponsal en el extranjero otorgado por el Club Internacional de Prensa.


Mientras detallan sus experiencias, las periodísticas, las vitales, las profesionales y también las laborales, una pantalla recorre algunos de sus trabajos. Las fotografías de Gervasio durante la guerra de los Balcanes y el sitio a Sarajevo van situando la atmósfera de la conversación; también los reportajes de Mayte en Mali y Siria, y el tráiler de su último documental en un suburbio vertical en Caracas nos recuerdan que trabajan en lugar habitual de trabajo es complicado y peligroso.


Siria, Irak, Libia, Afganistán y las atrocidades del Estado Islámico rodean de inicio el encuentro. “Siempre ha sido necesario contar lo que sucede en los conflictos –precisa Gervasio-, lo que ocurre es que el interés que tienen los ciudadanos en las últimas décadas sobre lo que pasa más allá de sus fronteras ha provocado que haya habido más periodistas trabajando sobre el terrero". Tiene claro que la presencia de periodistas sobre el terreno es indispensable. "La guerra es uno de los momentos más delicados, más vitales que afecta al ser humano, y creo que hay que estar presente para documentarlo”. En todo caso, el reportero defiende que el “periodismo se haga allá o acá debe de servir para contar lo que hay oculto en el mundo en que vivimos. El buen periodismo no sólo se hace en el extranjero, a veces te pueden cortar la cabeza haciendo periodismo local”.


Tratar de contar una guerra sea en el lugar que sea se convierte en un conflicto en sí mismo. “Uno de los problemas que te encuentras en las zonas de guerra es que la mayor parte de la gente que muere, que sufre –describe Sánchez- no tiene ni idea de porqué muere. Le preguntas a un joven combatiente por qué está su país en guerra y rara vez te van a dar una respuesta clara. ‘Estaba aquí, estábamos tranquilos y de repente esto se desmoronó y empezamos a pegar tiros’. Es muy doloroso encontrar gente que sufre y muere sin saber porqué…”.


En todo caso, el periodista no alberga dudas. “Todas las guerras tienen sus causas y están vinculadas a intereses económicos determinados, cada guerra provoca un gran impacto en la economía de algunos países, algunas guerras generan mucho dinero, cada guerra es un negocio para alguien. A veces es complicado explicar los porqués, precisamente porque son muy evidentes… si hablo de una guerra en cualquier país del mundo tendré que hablar del mercado de armas de la UE, de mi país, de España, de Alemania, de Inglaterra. Son países que dicen que respetan los derechos humanos, pero al mismo tiempo, están exportando armas… La UE es la principal exportadora de armas del mundo, y España es la séptima potencia en exportación de armas”.


En la capital riojana no ha sido la primera vez que Gervasio Sánchez ha denunciado la complicidad del mercado de armas occidental. Ya lo hizo en 1988 a través de una carta publicada en El País y diez años después, en 2008, durante el discurso por la aceptación del premio Ortega y Gasset. “Me dirigí al gobierno de Zapatero para preguntarle, cómo siendo el apóstol de la no violencia podía justificar la venta de armas por parte del país del que era presidente”. En aquellas fechas se había duplicado la venta de armas españolas, si el periodista repitiera el discurso hoy, tendría que denunciar que la venta se había sextuplicado. “Aquel discurso –dice- está claro que no sirvió para nada”.


Gervasio reitera su respeto por el periodismo local. “Lo que no puedo entender es que alguien convoque una rueda de prensa y luego no responda preguntas, que aunque les preguntes no respondan, que aunque estén hablando no respondan a lo que se les ha preguntado. Lo mejor que podrían hacer es mandar un correo electrónico con lo que quieren decir y así los periodistas pueden dedicarse a cubrir temas interesantes”.


En su análisis de los males que sitian la profesión periodística, Sánchez señala hacia arriba, hacia las zonas nobles. “Uno de los problemas del periodismo actual es no contar con jefes, con directivos, que sean capaces de tomar sus propias decisiones sin importarles si esto lo deben hacer o no. Es decir, si el ministro de Economía está hablando de que el paro va a bajar, contrastar y comprobar si es verdad o es mentira. Si yo fuera director de un medio, diría al periodista que fuera a la comparecencia del ministro y vamos a preparar un buen reportaje para contrastar todo lo que dice. Saber y contradecir si es mentira. Esa es la labor del periodista, contrastar y no convertirse en el mejor amigo del político. Vigilar a los poderes fácticos, políticos y económicos, y no –como hacen los directivos, indica- establecer relaciones impúdicas con los poderes”.

 

¿Entonces, se hace buen periodismo hoy en día? En opinión de Gervasio es sencillo responder. “Hace 35 años, cuando yo comencé en el periodismo, era la profesión más valorada, hoy, entre las ‘importantes’, es la peor valorada y no ha sido ni por mi culpa, ni por culpa de mis amigos muertos. Ha sido por culpa de una minoría, de unos directivos ligados a la estructura de los medios que se han dedicado a convertir la información en mercancía, en puro negocio, y a generar relaciones en función de sus propios intereses mercantilistas. Esto es la muerte del periodismo”.
Mayte Carrasco escucha la intervención de Gervasio. La reportera de guerra desprende algo más de optimismo respecto al futuro del periodismo. Aún encuentra reductos de buena práctica profesional, aunque sea lejos de los medios tradicionales. “Creo que sí se hace buen periodismo hoy en día, especialmente confío en la gente independiente, en la gente freelance, en la gente que toma distancia de los poderes políticos y económicos; en la gente que luchando contra viento y marea, con muy pocos medios, se desplaza sobre el terreno para ver y contar, a pesar de que sigue habiendo muchos jefes de medios de comunicación que siguen sin comprar sus crónicas. Creo en toda esa gente, en todas esa generación, que luchan por seguir haciendo periodismo”.


Lejos del desánimo, Mayte asegura que los periodistas tienen la obligación de continuar haciendo el periodismo de toda la vida. “Más que nunca ahora hay que volver a salir a contar lo que está pasando. No hay un nuevo periodismo, ni nuevas fórmulas, lo que hay que hacer es continuar contando lo que sucede desde todos los puntos de vista”.


Las imágenes de la guerrilla salvadoreña acompañan las palabras de Gervasio. Hace treinta años, cuando comenzó en el periodismo, era un idealista. “Pensaba que el mundo iba a ir a mejor –recuerda-, pensaba que las guerras se iban a acabar”. Ahora, tiempo después, habla del periodismo y lanza un consejo a quien quiera escucharlo. “Hay que luchar por una forma propia de trabajar. He hecho lo posible para mantenerme firme en esa idea y en mi manera de entender el periodismo, sin dejar de abordar los temas que considero importantes para la sociedad, con independencia de que haya muchos intereses relacionados con los poderes mediáticos”.


Gervasio alude a la prueba del algodón, a mirarse al espejo y sentirse honesto. Desde esa perspectiva no le gusta lo que observa en los medios. “La verdad periodistica es la que tiene que llegar al ciudadano y hay demasiada connivencia con los poderes fácticos; ese pesebre es algo impúdico”.


Un bueno número de compañeros de Mayte y Gervasio está marchándose de España. Apuntan que aquí no se puede trabajar, que no te pagan los trabajos que realizas, que las tarifas han caido en picado. “En 2003 –recuerda Mayte- cobré mil euros por una pieza para televisión. Parece dinero, pero hay que tener en cuenta que tenemos que pagarnos el hotel, avión, chaleco antibalas, estar allí… es carísimo. Ahora, las tarifas están por los suelos. La Sexta está pagando 100 euros la pieza. La SER, lo último, 30 euros la crónica. El País 60 euros por una crónica desde Siria. No ha trabajo tanto para esto. Por eso ahora, trabajo para medios extranjeros, gente que me trata bien y por lo menos me respeta”.


Gervasio ha repetido en diferentes ocasiones, por ejemplo, que ha trabajado para la SER y no para El País, aun siendo del mismo grupo, por una cuestión de respeto. “En otros países –dice- tienen una visión diferente de lo que hay que hacer. Hay Agencias extranjeras que tienen una visión amplia del periodismo” y reitera una idea ya expresada durante la conferencia, “ahí, volvemos a hablar de la política y de la forma absurda de hacer las cosas que tienen los medios. Existen golfos institucionalizados. Es una tristeza y una vergüenza”.


Para Mayte, se trata de la ‘casta periodística’. “Despiden a periodistas de gran valía y enorme experiencia en infinidad de guerras como ha ocurrido en la SER –denuncia- y seguro que los directivos están cobrando un dineral, un pastizal. Es una estafa, no se puede despedir a las redacciones de los medios de comunicación mientras los directivos cobran un pastizal, es una vergüenza y un insulto, pero lo están haciendo todos los medios de comunicación”.


Mientras, Gervasio y Mayte describen un panorama en el que la mayoría de los compañeros de profesión están fuera del país, tratando de vender sus reportajes a los medios internacionales. “Les reciben mejor en la redacción del New York Times que aquí, existe un diferencia de trato brutal entre los medios extranjeros y los españoles”.


La periodista recuerda que permaneció desaparecida durante unos días en Siria. “Fue un secuestro –señala- que no éramos conscientes de estar sufriéndolo. Al regresar ya libres, no había ni un solo email desde El País, el medio al que enviaba las crónicas y que no había tenido noticias mías. Al menos, Pedro Piqueras estuvo tranquilizando a mi familia, no sé si hubieran pagado el rescate pero al menos... Pues eso es lo que le está pasando a la gente que trabaja en zonas de conflicto”.


Gervasio Sánchez es muy crítico con lo que está aconteciendo en los medios de comunicación. “Hay mucha gente en los periódicos, en los medios, que no sabe el valor del periodismo. No lo entienden y encima como existen prebendas, pues tenemos lo que tenemos…. En los medios hay un buen número de hombres y mujeres que sólo les preocupa mantener su puesto; yo no vi en El País a nadie que se preocupara por los colaboradores malpagados que cubrían la información y sacaban el periódico adelante”.

 

Mayte apoya la opinión de su colega. “Ahora los medios de comunicación están dirigidos por pastores. No hablas con periodistas para plantear reportajes o desplazamientos a zonas en conflicto, sino con jefes de producción, son los que cortan el bacalao. Y si pides o protestas te sueltan la frase que ha escuchado todo periodista ‘levanto una piedra y salen cientos como tu’. A mi me toco al pedir presupuesto para un chaleco antibalas. Ese es el mundo en que nos movemos”.
Si los medios tradicionales no están cumpliendo su cometido que panorama ofrencen las nuevas propuestas que han surgido sobre la ola de internet. Para Sánchez no hay dudas, “internet ha ayudad a complicar las cosas”. Carrasco puntualiza. “En las revoluciones árabes internet ha sido esencial. En Egipto y Tunez internet ha sido un arma de distrubución masiva de información durante sus revoluciones”.


En cambio, la periodista considera que no ha sucedido igual en los países en los que no existía una dictadura. “Aquí internet está haciendo mucho daño al periodismo-explica- porque el periodismo se ha adaptado a internet y no al revés. ¿Por qué tenemos que contar la información en140 caracteres? ¿Quién ha dicho que tengamos que hacer noticias cortas y sensacionalistas para que se haga click? ¿Por qué el periodismo tiene que adaptarse a eso cuando internet es un espacio ilimitado donde cabe todo? ¿porque hay que adaptarse a un lenguje simple? ¿Por qué hay que contextualizar si no entendemos un carajo de un montón de cosas?”.


Y al referirse a la montaña de asuntos de los que no entendemos un carajo surge en la conversación ISIS, el Estado Islámico. “¿Qué es ISIS? –pregunta- ¿Por qué llamamos yihadismo a lo que es terrorismo? El yihadismo significa un montón de cosas para los musulmanes. El único que quería que habláramos de terrorismo yihadista era Bin Laden, que acuñó ese termino para referirse a los terroristas que atacaron en el 11S. No tenemos una amenaza yihadista, tenemos una amenaza terrorista”.


Mayte Carrasco encuentra una justificación a estás acuñaciones linguísticas que confunden conceptos. “Esta terminología sólo sirve a los políticos que quieren cambiar las leyes para vigilarnos, para recortar las libertades fundamentales de todos nosostros. Quieren imponer leyes antiterroristas durísimas que les permiten llevar a cabo absolutamente cualquier medida con la escusa de ese yihadismo al que se refieren. Lo que está pasando ahora mismo es terrorismo, la diferencia es que ahora la amenaza es global, pero está igual de cerca que estaba en el 11M”.


Surge en la charla la sombra de la censura. “Hay muchos tipos de censura en una guerra –resalta Mayte-, me he encontrado con la censura sobre el terreno, la censura de las milicias que tratan sobre el terreno de que tú no llegues a contar la realidad. La propaganda de un lado y de otro, cuando estás empotrado con unos o con otros, por ejemplo en Siria o en Libia. Recuerdo en Libia que estuve en unas trincheras de Benghasi y luego también con Gadafi y notabas como los dos trataban de manipularte”.  La periodista añade una segunda categoría de censura, la que generan los propios medios de comunicación en España. “Viví casos con Público. No podía contar lo que quería sobre Afganistán. Gobernaba Zapatero y el gobiernno quería tener muy controlado aquella guerra que él pretendía que no se denominara con tal”. Son censuras diferentes a las que hay que añadir la autocensura. “Es la peor y es un cáncer que está invadiendo nuestras redacciones. Avanza gracias a la precariedad; es decir, los periodistas ahora no son libres porque temen perder su puesto de trabajo. No son libres de investigar lo que quieran o de decirle a su jefe no voy poner este titular, no voy a decir esto como tu quieres que lo diga, no lo hacen porque tienen miedo por su puesto de trabajo”.


Carrasco considera que hoy en día “los medios de comunicación están siendo los voceros de los grandes poderes políticos y económicos. Los periodistas no tienen fuerza, no tienen poder, por esa precariedad que no les hace libres. Esa autocensura es la más peligrosa”. Gervasio coincide en el diagnóstico. “El problema es si los medios de comunicación que tienen que vigilar al poder se alían con le poder”.


La brutalidad del Estado Islámico con los periodistas que secuestra plantea una duda, ¿hay que continuar enviando periodistas sobre el terreno a cubrir esos conflictos? “El IS es una amenaza más, los periodistas siempre han sido un objetivo. Lo que ahora sucede es que el periodista vale lo que vale su pasaporte y es utilizado como moneda de cambio económica y política. Los secuestros son hoy en día el gran problema”. Mayte advierte que el IS  secuestra y encarcela en masa a periodistas y activistas y no sólo occidentales. “Esos son los casos que transmiten en imágenes, los asesinatos de los compañeros occiedentales que hacen llegar, pero hay que ver las montañas de cabezas cortadas de activistas, periodistas ciudadanos y periodistas profesionales locales, que están siendo asesinados, decapitados todos los días… “.


Ambos, Gervasio y Mayte coinciden en que es importante contar lo que sucede y explicarlo, porque los atentados en la redacción de Chalie Hebdo, en el museo de Tunez o en las mezquitas de Yemen, “no ocurren sin más…”. Coinciden también en que los periodistas deben luchar “por hacer buen periodismo y tratar de colar algún buen trabajo en las televisiones”, el medio aún por excelencia, a pesar de que Gervasio y Mayte se sientan un tanto frustrados por el hecho de que la gran audiencia vea basura. Mientras, seguirán sobreviviendo como freelance, realizando algunos trabajos paralelos para autofinanciar sus viajes y reportajes en lugares en conflicto, que venderán, muy probablemente, a medios extrajeros, donde se sienten respetados./Javi Muro.

 

*Fotografías Nacho Torras. (En foto 3. Moderador: José Antonio Mourenza).

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