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{VIVIR / DISEñOS Y ARQUITECTURA}

'Los mejores edificios se transforman para permanecer, siempre han tenido otras vidas'

Anatxu Zabalbeascoa escribe sobre arquitectura en El País, participó en las Jornadas de Patrimonio

Anatxu Zabalbeascoa es periodista y escribe sobre arquitectura. Barcelonesa de nacimiento, ha vivido en Londres, Bostón, Chicago, Roma y Madrid. Fue en Chicago, a donde acudió para ampliar sus estudios en Historia del Arte, donde comenzó su relación con la arquitectura. Durante su estancia en el Art Institute tuvo la posibilidad de montar su propia exposición sobre los rascacielos de la ciudad y editar un libro sobre la arquitectura española. Eran los años previos a la España del 92. Desde entonces, Anatxu asegura que ha ido aprendiendo más y más sobre arquitectura hasta tener un juicio propio. Una perspectiva que desarrolla en sus artículos y reportajes en El País, ya sea en sus propias páginas, en El País Semanal, en el suplemento cultural Babelia o en su blog, 'Del tirador a la ciudad', alojado en la edición digital del periódico. Anatxu Zabalbeascoa ha participdo en las Jornadas Internacionales de Intervención en el Patrimonio celebradas en Logroño, bajo el título de 'Segundas Vidas'. En su ponencia, 'Entre la reparación y la metamorfosis', apuntó su visión desde su condición de periodista "a vista de pájaro, superficial, pero panorámica"y detalló algunos de los puntos desde los que que se aborda la recuperación de edificios y espacios públicos, ya sea el mantenimiento, la legislación, la yuxtaposición de intervenciones, la reinvención del espacio y el activismo ciudadano, la recuperación del centro de la ciudad, o la reparación social de la ciudad./Javi Muro


SPOONFUL.- ¿Qué es lo que te llama de un edificio, de un espacio, de un proyecto arquitectónico, para que decidas escribir sobre él?

Por ser honesta, tienes que partir de lo que hay disponible. ¿Qué quiero decir con esto? Tengo acceso a mucha información porque llevo muchos años en esto y siempre hay abiertos un buen número de frentes. Digo esto porque seguro que temas importantes se quedan fuera o que son importantes pero no puedo tener acceso a ellos porque están lejos. Así que me centro en lo que tengo posibilidad de conocer, en lo que pienso que puede indicar alguna vía de renovación, o que puede ser útil a la sociedad o a los ciudadanos o a los arquitectos. También si pienso que un proyecto puede interesar estéticamente, culturalmente… Actúo de igual manera cuando hablo de personajes, con los arquitectos.

 

S.- ¿Cómo comienzas a escribir sobre arquitectura? Es cierto que hace unos años se produjo un boom de la arquitectura, pero tú ya escribías sobre estos temas…

Amplié estudios en Estados Unidos, en Chicago. Trabajé durante casi dos años en el Departamento de Arquitectura del Art Institute. Mientras estaba allí, aparte de dejarme montar una exposición sobre el origen del rascacielos en la ciudad, le preguntaron a mi jefe quién podía hacer un libro sobre la nueva arquitectura española. Eran los años 89-90 y mi jefe le dijo que podía hacerlo yo. No sabía casi nada de arquitectura española y en ese momento, con ese proyecto, aprendí un montón. Era un momento en que se prestaba mucha atención a lo español porque llegaba la España del 92. A partir de ahí comencé a escribir de arquitectura porque en los periódicos está el que sabe de música clásica, de poesía… y yo era la que sabía de arquitectura… poco a poco fui aprendiendo más y más hasta tener un juicio propio. La sección de arquitectura en el periódico El País ha crecido en veinte años y ha evolucionado, también mi propia percepción de la arquitectura ha evolucionado.


S.- Existe una percepción internacional de la calidad y el prestigio de los arquitectos españoles, ¿no? Al mismo tiempo flota la idea de la arquitectura espectáculo…

Creo que la percepción que existe es que la formación de los arquitectos españoles es muy buena. Es decir, que los arquitectos españoles salen, o salían, muy bien formados. Eso es indiscutible y lo prueba la relativa facilidad con la que los arquitectos españoles están encontrando trabajo en otros países. La formación se valora. Además, hay que tener en cuenta la fuerza que tienen los arquitectos españoles como profesores –a veces jefes de estudios, a veces decanos- en universidades de primera línea internacional. Dicho eso, la arquitectura espectáculo fue creada por arquitectos, no muchos españoles, y por una falta de planificación y por un egocentrismo arquitectónico que nos llevaba a pensar que lo nuevo era mejor que reparar lo que ya existía. ¿Para qué construir un museo vacío o un aeropuerto del que no van a salir aviones? La razón perversa de todo esto es que esa dinámica era una fuente de financiación en sí misma, más allá del interés del proyecto. Los motivos de la proliferación de edificios inútiles, carreteras, autopistas, van más allá del uso específico de estos espacios. Lamentablemente. En cualquier caso no ha beneficiado nada a la arquitectura la imagen de estos edificios vacíos. El arquitecto español sigue siendo uno de los profesionales mejor formados y debería utilizarse más socialmente, sobre todo ahora, que están dispuestos a romper el club elitista que siempre han sido y ponerse en contacto con la sociedad. Ahora están dispuestos a escuchar porque esa información les convierte en puentes perfectos para mediar en distintas cuestiones urbanas y sociales.


S.- Hilando con las Jornadas de Intervención en el Patriomonio, al leer el título ‘Segundas Vidas’ relacionado con la arquitectura parece fácil relacionarlo con una enseñanza de la crisis…

Sí que puede ser una deriva de la crisis económica. Los mejores edificios se transforman para permanecer, siempre han tenido otras vidas. Piensa en un espacio público, en el foro romano, por ejemplo, un lugar de aprendizaje, es casi como un museo al aire libre y era un lugar de encuentro ciudadano. Podría poner mil ejemplos. Piensa en el Museo Reina Sofía. La ampliación la realizó Jean Nouvel, pero antes era un hospital diseñado por Sabatini. Hoy es un museo de arte contemporáneo. Todos los buenos edificios admiten una segunda vida, por eso me parece un poco sospechosa esa idea de hacer edificios polifuncionales. Los edificios polifuncionales carecen de identidad. La mayoría de los edificios al tener una identidad marcada han sido capaces de transformarse en otro nuevo edificio, en dar un servicio nuevo a la ciudad, sin perder su identidad.
S.- Durante muchos años hemos escuchado hablar de rehabilitación de edificios, pero, por decirlo coloquialmente, al final parecía ‘de boquilla’… al final el énfasis se ponía en la vivienda nueva.

Desde las Administraciones se han hecho dos cosas, se han dado ayudas a la rehabilitación de viviendas –mejores o peores-, pero también han existido, por parte de los mismos mandatarios, las leyes que han hecho posible que existan edificios vacíos, edificios puestos a la venta a precios astronómicos y que instantáneamente convierten la zona en un espacio vacío con las consecuencias que eso tiene en la propia ciudad, para el barrio, el comercio, el transporte, en todos los elementos que mantienen relación con la idea de ciudad. Casos extremos son los de grandes empresas, el caso de la nueva sede del BBVA, que, desde mi punto de vista, se han desresponsabilizado de la ciudad, se han separado de la ciudad. Ya no construyen edificios para su sede, sino lo que ellos denominan ciudades. La ciudad BBVA, la ciudad de Apple. Es un decisión y una elección, pero me pregunto ¿si el poderoso no se responsabiliza de lo pequeño, de su relación con la ciudad, de contribuir, de sumar a la ciudad, cómo se puede responsabilizar el pequeño? El pequeño se responsabiliza con activismo, diciendo, por ejemplo, vamos a recuperar el jardín como han hecho en Nueva York (High Rail Park). Hay dos escalas, la grande y la pequeña, para mí es muy significativo que hoy en día se estén preocupando más los ciudadanos.


S.- ¿Crees que la idea de las ‘Segundas Vidas’ está calando? ¿Ha venido para quedarse? Puede existir el temor de que sea algo pasajero, que tenga que ver con la carestía presupuestaria…

Haces bien en tener ese temor porque vivimos en un mundo en que es fácil encontrar a gente que defiende una cosa y su contraria. Nos hemos hartado de escuchar a personas que defendían la importancia de los iconos arquitectónicos como reclamo turístico y ahora habla de conectar la arquitectura con la ciudad. No sé si ha calado o es un oportunismo o un cambio de posición para ver qué se saca desde esta nueva ola de reparación. Cale o no cale, España en concreto, pero también Europa, no tiene sitio para construir. La vía ahora es reparar; reparar que es reacondicionar, es reutilizar, restituir. Las intervenciones aisladas sólo tienen sentido en el extrarradio y sólo colaboran a perpetuar lo peor de la burbuja inmobiliaria. Hacen que la ciudad crezca para el coche, sin plantearse temas básicos.


S.- En tu ponencia ponías el ejemplo de las favelas –espacios de carestía económica- y de los procesos de rehabilitación y recuperación que se han llevado a cabo. En plena crisis económica da la impresión que tenemos ejemplos, algunos incluso extremos, de cómo se han reinventado los espacios.

Sí, reinvención con pocos medios. Más que las favelas se trata de las ciudades informales, que es la parte de la ciudad no levantada por arquitectos. Se localizan, principalmente, en África, Asia y Latinoamérica. Esa ciudad se construye con un esfuerzo brutal por parte del ciudadano. Son personas que abandonan el campo para ir a la ciudad. Primero construyen su casa con una lona de plástica, con el tiempo la cubren con uralita, luego pasa a ser de ladrillo, y así se va transformado la vivienda. Esos asentamientos permiten su supervivencia y a esa persona arraigar en el barrio. Primero eran ilegales, pero terminaban legalizándose. En Brasil han continuado creciendo porque hacían posible que la gente sobreviviera y evolucionara. Hay muchas favelas habitadas por clase media hoy en día, residen allí muchos universitarios. Lo relevante es que muchas ideas aplicadas en estos lugares podemos trasladarlas a nuestra ciudad formal. Quizá debemos pensar que somos nosotros los que tenemos que amoldar nuestra ciudad formal a la suya, darle la vuelta.


S.- Al hablar de Nueva York, ponías el ejemplo de Broadway, el tramo comprendido entre el flatiron y Times Square, y cómo la ciudad más grande del mundo puede ofrecer una gran avenida prácticamente peatonal. Al mismo tiempo vemos que la Gran Vía de Logroño no tiene siquiera carril bici…

Influyen varios condicionantes: voluntad política, voluntad ciudadana, y carestía. Aparcar el coche en muchas ciudades europeas es tan sumamente caro, cuesta tanto dinero utilizar el coche, que la gente ha dejado de utilizarlo. Es una asignatura pendiente española. Aquí se han dado casos de gente que tenía coche y no tenía casa. Tenemos que darle la vuelta a esa situación y una manera de hacerlo es entender que el coche es un producto de lujo. Los coches ya no se pueden aparcar en la calle, son demasiados. El coche se tiene que aparcar en un garaje que habrá que pagarlo y que igual hay que replantearse si es necesario. Hemos comprado el coche por comodidad, por las implicaciones que tenía, por lo que permitía. Todo apunta que en las grandes ciudades españolas ha revivido el pequeño comercio, la gente ya no coge el coche para ir a comprar a una gran superficie. No merece la pena, el tiempo, la gasolina, el aparcamiento… no merece la pena. Esto ya sucedió en Londres hace tiempo.


S.- En definitiva, estás hablando, no sé si de arquitectura directamente, pero sí de pensar la ciudad…

Es una manera de aceptar la ciudad y de controlar la ciudad, la otra opción es venderla, convertirla en un escenario. Pero nosotros mismos cuando somos turistas queremos ver una ciudad viva. Si queremos ciudades vivas tiene un precio, tenemos que estar dispuestos a que no todo esté a la venta. Tiene que haber, por ejemplo, leyes de protección del comercio, como las había. Desaparecieron infinidad de comercios y restaurantes históricos por esa falta de protección. Creo que ni siquiera los poderosos querrían vivir en una ciudad deshabitada. Ya pasa en algunas ciudades que los poderosos viven en viviendas aisladas de la ciudad y bunkerizadas porque temen el asalto. Eso sucede por la falta de ciudad. La mejor manera de apostar por el futuro de una ciudad es, quizá no que todos seamos iguales, pero sí menos desiguales.
S.- Coincidiendo con la crisis económica, ¿Ha habido cierta culpabilidad, asumida por los propios arquitectos o responsabilizada por la sociedad, sobre la profesión?

Los arquitectos como colectivo han asumido un exceso de asunción de culpa. Porque los verdaderos culpables nunca van a asumir su responsabilidad, sean políticos o arquitectos. Los que han hecho edificios innecesarios a sabiendas de que lo eran –proyectos atroces- no van a asumir su culpabilidad. Los periodistas que informan sobe esos proyectos atroces también tienen su responsabilidad. El colectivo de arquitectos ha asumido la culpabilidad, tanto la han asumido ellos que los verdaderos culpables se han lavado las manos. Creo que lo que ha pasado con los arquitectos es que su posición de elite, de club que siempre han tenido, ha desaparecido. Es más, ha surgido un nuevo sindicato de arquitectos.


S.- El boom de la arquitectura, los arquitectos estrella, provocaron que mucha gente se acercara a la arquitectura, pero al mismo tiempo esos arquitectos se convirtieron en las nuevas estrellas del rock…

… sí, esa tendencia va a existir siempre, si no son los arquitectos serán los futbolistas o los cocineros…, tendemos a mitificar. Es cierto que, como en literatura, es posible que empieces por los grandes autores y después, poco a poco, comienzas a diversificar. Después, cuando ya eres un buen lector, aprendes a buscar. Ha pasado parecido con la arquitectura. De alguna manera, hemos conseguido que en los periódicos se hable de arquitectura en la sección de cultura y no en la de sucesos cuando se caía un edificio, o en la de economía cuando sube el precio de la vivienda. Es cierto que ha habido una mitificación de las estrellas, pero ¿en qué disciplina no se entrevista a los que se supone que más han aportado? Es complicado. No tengo claro que fuera importante hablar de los secundarios, pero los blogs –blogs como el mío alojado en El País- da la oportunidad de llegar a otras informaciones más específicas, que interesan a un lector más particular. Pero lo importante debe seguir tratándose, aunque igual de manera más crítica.


S.- El efecto Guggenheim fue extraordinario para Bilbao, pero después todas las ciudades pretendieron copiar y la cosa no salió tan bien…

El Guggenheim fue la guinda que culminó el saneamiento y la recuperación de la ría de Bilbao. Fue el primero en España, fue una apuesta radical con mucha gente en contra. Los riesgos en la vida salen bien o salen mal, en este caso tenían el convencimiento de que iba a salir bien. Así ha sido, el Guggenhein ha conseguido darle una segunda vida a una ciudad. Pero claro, el que llega segundo debe asumir que igual las circunstancias no son las mismas. El ejemplo más claro es la Ciudad de la Cultura de Galicia. Quiso ser mayor que el Guggenheim multiplicarlo por tres, por seis, por nueve, y ahí está… un marronazo para la ciudad de Santiago. ¿Qué tuvo de bueno y de malo el Guggenhein? Creo que no tuvo nada de malo, pero el que copia debe saber hacerlo o, al menos, saber reinterpretar.


S.- ¿Estas actuaciones relacionadas con la arquitectura de las que estamos hablado han pasado sólo en España?

El tema de la vivienda sucedió también en Estados Unidos, pero ellos lo solucionaron con la dación en pago. El tema de los grandes edificios está ocurriendo también en Asía, donde se está destruyendo innumerable patrimonio.


S.- ¿El activismo ciudadano respecto a la arquitectura y la idea de ciudad ha calado?

Creo que ha calado bastante, pero no creo que sea una novedad. Durante el franquismo había activismo, especialmente en lo referente a los parques en ciudades como Madrid y Barcelona. Existe un estudio al respecto que cifra en torno al sesenta por ciento los parques surgidos de reivindicaciones ciudadanas. Todo esto que ahora estamos viendo ya ha sucedido antes. El Retiro, High Park, son espacios que los monarcas en su momento vieron que debían cederlos a la ciudad.

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