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Seis segundos para una victoria insospechada

Eric Caritoux ganó la Vuelta de 1984 ante la sorpresa de rivales, analistas y prensa

La sorpresa en ocasiones visita también el deporte. En 1984 la Vuelta a España tomaba la salida desde Jerez de la Frontera y ‘Pánico en el edén’ –el tema de Tino Casal- era la banda sonora elegida por Televisión Española para acompañar la retransmisión de los finales de etapa. La experiencia de las cámaras narrando en directo, junto a la voz de Pedro González, había comenzado un año atrás y dejó la estampa de la victoria de Bernard Hinault, el descubrimiento de la cima de Los Lagos, que estrenó Lejarreta con su victoria, y el hundimiento de la promesa del ciclismo patrio a manos del ciclista francés.


Aquel año 1984 la Vuelta aún se disputaba en primavera, fechas antes del Giro y del Tour, y la prensa deportiva había confeccionado su ramillete de favoritos, la mayoría ciclistas nacionales. En el amplio abanico de aspirantes al trono de Hinault aparecían Marino Lejarreta, Eduardo Chozas, Julián Gorospe, Vicente Belda, Alberto Fernández, Pello Ruiz Cabestany y Pedro Delgado. Además, los periodistas especializados incluían a Giussepe Saronni y Francesco Moser, aun a sabiendas de que nunca superarían las dificultades montañosas que salpicaban el recorrido. Moser llegaba a Jerez tras batir el record de la hora en un velódromo y Saronni… Saronni era un extraordinario velocista y gran contrarrelojista, venía de ganar el Giro del año anterior, pero no podemos olvidar que hubo un tiempo en que los recorridos se diseñaban con el ojo puesto en las condiciones del mejor corredor local del momento. También Moser venció el Giro de ese año y no fue una sorpresa.


El desconcierto si impregnó el desarrollo de la Vuelta de 1984 conformé los ciclistas devoraban etapa tras etapa. No era sólo que José Luis Laguía perdiera su reinado en la clasificación de la Montaña –venció en 1981, 1982, 1983, 1985 y 1986-, sino que el guión de la general tampoco se ajustaba a lo previsto. Un elemento extraño y desconocido se había intercalado entre lo previsible. La afición y, sobre todo, los organizadores deseaban un éxito español. Era preciso resarcirse del triunfo francés del año anterior y de la mala imagen de 1982, cuando tras coronar a Ángel Arroyo como vencedor, el abulense fue desposeído de la victoria tras confirmarse que había dado positivo. Marino Lejarreta ganó aquella Vuelta.


La carrera sí comenzó como se esperaba. Francesco Moser hizo gala de sus fabulosas condiciones contra el crono y se adjudicó la eta prólogo. Fue el primer líder. Mantuvo el entonces jersey amarillo hasta la séptima etapa. Aquel día la meta se situaba en el alto de Rasos de Peguera y el triunfo fue para un desconocido Eric Caritoux y Pedro Delgado, el prometedor escalador español, se situaba líder de la carrera. Todo normal. El francés subía bien, ya había ganado ese año una etapa en la París Niza, y que el segoviano fuera líder era una de las grandes esperanzas de los aficionados. El año anterior en su debut en el Tour de Francia había encandilado a los seguidores en el descenso del Peyresuorde, cuando le apodaron ‘el loco de los Pirineos’. Aquella séptima etapa de la Vuelta había descolgado definitivamente a un buen número de corredores y aún quedaban las más altas cumbres por superar. De fondo, mientras en la pequeña pantalla descubríamos a los esforzados de la ruta y a la serpiente multicolor, se escuchaba el tecno de Casal: "Si o no, una de dos, o bajas tú o subo yo". Toda una predicción del vaiven que aún daría la carrera.

 

Cinco días después tocaba abordar las rampas de la ascensión a Los Lagos de Covadonga. Los expertos apostaban todo o nada a los ciclistas locales. La Vuelta tiene que ser cosas de Pedro Delgado o Alberto Fernández, decían a quien quisiera escucharles. Después, cuando el asfalto se empinó y en La Huesera la carretera comenzó a picar al doce por ciento, delante ya sólo asomaban el francés Eric Caritoux, el alemán Reimund Dietzen, y Alberto Fernández. El español del equipo ZOR atacó en diferentes ocasiones, pero no consiguió dejar atrás a sus rivales. Al contrario, Fernández terminó cediendo; probablemente desgastado tras sus infructuosos demarrajes. Así, a meta llegaron juntos el francés y el alemán. Dietzen ganó la etapa y Caritoux se situaba como líder de la carrera. Pedro Delgado había caído hasta la tercera plaza.
Los expertos continuaban tildando a Caritoux de líder provisional. Su palmarés no le avalaba para aguantar de amarillo hasta Madrid. La cronoescalada al Naranco era el lugar elegido por los analistas –y por contagio de los aficionados nacionales- para arrebatar el liderato al francés, que tampoco las tenía todas consigo y comenzaba a denunciar la existencia de una coalición española. Lo cierto es que el equipo Reynolds tenía bien colocados a dos de sus corredores. Pedro Delgado era tercero en la general y Julián Gorospe se situaba entre los diez primeros y mejorando. Y es que fue precisamente Gorospe quien se adjudicó la cronoescalada y Caritoux lejos de perder tiempo aumentó su ventaja sobre Alberto Fernández hasta los 36 segundos.


La etapa 17 finalizaba en las Destilerías Dyc, ubicadas en Palazuelos de Eresma, y nada tuvo que ver con la escabechina que Bernard Hinault había desatado sobre el mismo recorrido un año antes. En la Vuelta de 1984 todos los favoritos llegaron juntos a la línea de meta sin que hubiera cambios en la general. Así, que la Vuelta se decidiría en la contrarreloj de 33 kilómetros y con una diferencia entre los dos primeros clasificados de 36 segundos.


Gorospe volvió a demostrar su clase contra el crono y se anotó la etapa. Pero Eric Caritoux ‘el provisional’ no cedió… o al menos, no cedió todo lo que estaba previsto. Seis segundos fue la diferencia final a favor del francés, la menor renta con la que se ha ganado la Vuelta a España en sus setenta ediciones. En el podio, tras Caritoux y Fernández, se situó Dietzen, que superó a Delgado en la contrarreloj.


Muchos años después, en 2009, el corredor francés volvió a sorprender a propios y extraños cuando aseguró que durante aquella Vuelta el equipo ZOR había ofrecido al SKILL, donde militaba Caritoux, 100.000 francos por dejarse ganar. El entonces director del equipo español, Javier Mínguez, lo desmintió en el diario Marca: “¿Cómo íbamos a comprar nada si no teníamos dinero? Si el premio por ganar la Vuelta era de 30.000 francos”. Mínguez apuntó entonces que tal vez fuera al revés, “qué ese era el planteamiento que querían hacernos desde el SKILL al sentirse inseguros respecto a la victoria final”.

 

Tras su triunfo en la Vuelta, Eric Caritoux coleccionó algunos triunfos más -una etapa en el Tour del Mediterráneo, una etapa en la Midi Libere y dos campeonatos de Francia-, pero ninguna de igual pedigrí que la ronda española. Diez años después se retiró del ciclismo profesional habiendo lucido el maillot de seis equipos, algunos de primera línea como el SKILL, el Fagor, el KAS, o el RMO, liderado por el mítico Charly Motet.


En el top ten de aquella Vuelta de resultado insospechado, junto a Perico Delgado se encontraba también José Recio. Un año después, ambos, protagonizarían la etapa clave de la Vuelta 1985 y, quizá, uno de los grandes momentos de la historia del ciclismo español, pero eso ya… es otra historia. Otra historia en la que la sorpresa fue también la estrella principal, en la que lo inesperado jugó de la mano de la belleza de los instantes determinantes e irrepetibles. Como no nos van a gustar las sorpresas.../Javi Muro


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