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{DEPORTE / ATLETISMO}

Correr como Coe

En los 80 el medio fondo presentó la batalla entre Coe, Cram, Ovett, Abascal, González o Aouita

Los recados que le encargaba su madre y que hasta el momento habían sido un auténtico engorro se transformaron en instantes a esperar con impaciencia. Por lo general, se trataba de llevar algo –ya fuera una prenda o un sabroso postre- a casa de su abuela. Ambas casas no estaban separadas por una distancia insalvable, pero fue durante mucho tiempo un trayecto destinado al aburrimiento y a abandonar los juegos que realmente le divertían.


Todo cambió el 11 de agosto de 1984, y lo hizo a través de la televisión, ya en color desde el Mundial de Fútbol disputado dos años atrás. Gabriel había leído en un pequeño espacio en la parte baja de la página polideportiva de un periódico que un atleta español había logrado vencer en su semifinal de la prueba de 1.500 metros en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Se llamaba José Manuel Abascal e iba a disputar la final olímpica.


A Gabriel le gustaba el deporte –jugaba al baloncesto en el equipo del colegio-, pero por la tele tan sólo retransmitían algún partido de fútbol y los resúmenes de la jornada de Liga en el programa ‘Moviola’. Aquel año, el Atlethic y el Barsa se habían liado a puñetazos y patadas en la final de la Copa del Rey.


Gabriel utilizaba la tele más para seguir algunos de sus programas favoritos, ‘La Bola de Cristal’ o ‘La Vuelta al Mundo de Willie Fog’; incluso algún episodio de Lou Grant, cuando sus padres le dejaban quedarse un rato más después de cenar.


Para lograrlo, para alcanzar las diez de la noche despierto, había que superar el telediario que entonces hablaba de la hambruna en Etiopía, de la epidemia de ‘crack’ en Estados Unidos, de los cien muertos en el Líbano tras un bombardeo de Israel, del 17,81 por ciento de paro en España, de los agujeros de 40.000 y 63.000 millones de pesetas en Telefónica y Banca Catalana, y de un presidente, Ronald Reagan, que ‘sin querer’ y sin darse cuenta de que los micrófonos estaban abiertos, dijo aquello de: “Compatriotas, me alegra decirles, que hemos ilegalizado Rusia para siempre; en cinco minutos comenzamos a bombardear”. ¡Que chispa!


Ese año también se presentó el Mckintos 128k, se inventó el Tetris, Svetlana Savistkaja pasó a la Historia como la primera mujer que paseó por el espacio, se estrenaron ‘Érase una vez en América’ y ‘Amadeus’, y Springsteen publicó ‘Born in the USA’.


Pero aquel 11 de agosto, Gabriel se olvidó de la Bruja Avería, de apuestas en ochenta días y de las noticias del mundo. En la tele quería saber de aquel atleta –sin siquiera ponerle cara, ya era todo un héroe- que iba a disputar la final de los 1.500 metros en unos Juegos Olímpicos.


Pasado el tiempo, le resulta imposible recordar si contempló la carrera en directo o ya en diferido en alguno de los informativos. En cambio, mantiene intacta la sensación de euforia que le provocó contemplar como Abascal cambiaba el ritmo a falta de seiscientos metros y tan sólo podían seguirle los británicos Coe, Cram y el keniata Cherise.

 

El atleta español cruzó la meta en tercer lugar tras Sebastian Coe y Steve Cram, aguantando el ataque final del corredor africano. Aquella fue la segunda medalla para el atletismo español tras la conseguida por Jordi Llopar en Moscú 1980, en la prueba de marcha. Abascal era un héroe.
La carrera había sigo emocionante. Los atletas habían comenzado la final vigilándose y manteniendo un ritmo inferior al de las semifinales. El grupo lo lideraba en la primera vuelta al anillo Omar Kalifa. El primer acelerón llegó, como ya era habitual, por parte del norteamericano Scott, los tres británicos –Coe, Cram o Ovett-, junto a Abascal se mantenían vigilantes detrás. El atleta español sabía que no contaba con la punta de velocidad de los ingleses y decidió jugársela a un giro y medio de la meta. Coe y Cram reaccionan sin a aparente dificultad, el tercero del imperio, Ovett, se resiente de su lesión y cede. Desde atrás, comienza a surgir la figura de Cherisse cuando Coe ya vuela hacia la victoria –su segundo oro olímpico- Cram se asegura la plata y Abascal resiste el bronce.


Han sido apenas, tres minutos y medio (3,32, 53), pero Gabriel tenía la sensación de haber empujado con cada zancada a José Manuel Abascal en una recta final interminable. La repetición de la carrera le descubrió la figura del ganador de aquella histórica carrera. Quería correr como Sebastian Coe, ser capaz de cambiar el ritmo a falta de doscientos metros y mantener, al mismo tiempo, aquella elegante zancada.


Leyó que describían a Coe por su aspecto de corredor frágil, al tiempo que atesoraba un enorme tesón y una gran capacidad de intuición en carrera. Coe era elegancia e inteligencia en la pista. A los 20 años ganó el 800 el Europeo Indoor con una marca de 1:46:54. En 1978, comenzó a abrirse paso entre las leyendas del atletismo al batir tres récords del  mundo, 800 metros, la milla y 1.500 metros.


Era la época dorada del medio fondo británico y Coe comenzaba sus enfrentamientos deportivos y mediáticos con Steve Ovett y Steve Cram. En los Juegos de Moscú en 1980, Ovett era el favorito en los 1.500 –acumulaba 45 victorias consecutivas sobre la distancia- y Coe, en el 800.  Pero las cosas no siempre suceden como están previstas. Ovett dio la sorpresa en la doble vuelta a la pista y superó a Sebastian, que fue segundo. En la final del 1.500, Ovett surgía en la línea de salida como indiscutible favorito, una condición refrendada por sus reciente prestaciones en el 800, pero las previsiones fallaron de nuevo. Coe se hizo con el oro, relegando a Ovett a la tercera plaza.

 

A Coe y Ovett se unió un tercer inglés en la batalla por el dominio del medio fondo mundial. Steve Cram, considerado el niño prodigio del atletismo británico. Con tan sólo 19 años, ya participó en la legendaria final de los 1.500 metros de los Juegos de Moscú. Fue séptimo, pero pudo comprobar de cerca como se desenvolvía ‘Seb’ Coe en los momentos decisivos, una experiencia impagable.
Cram llegó a Los Ángeles 84 como gran favorito para colgarse el oro en la prueba de 1.500, pero de nuevo Coe rompió los pronósticos. ‘Seb’ descubrió antes que nadie el movimiento de José Manuel Abascal y reservó su demoledor cambio de ritmo para los últimos doscientos metros. Ese día, Coe se convirtió en el único atleta que ha conquistado la medalla de oro en los 1.500 en dos Juegos Olímpicos Consecutivos y, pocos días después volvió a hacerse con la plata en los 800. Para muchos, el mejor atleta de la Historia en los momentos decisivos.


Pero Sebastian Coe era mucho más que un atleta calculador, en su palmarés figura la marca de 1:41:73 en los 800 metros realizada en la pista de Florencia en 1981, que fue durante dieciséis años –hasta que Kipketer se la arrebató- plusmarca mundial y aún hoy recordado como uno de los récords más valiosos de la Historia del Atletismo.


Aquellos fueron los tiempos del imperio británico, pero también los de Abascal, González y Said Aoutia. Protagonizaban duelos increíbles sobre el tartán. Duelos que Gabriel recreaba siempre que tenía ocasión desde aquel 11 de agosto en el que se emociono viendo atletismo por la televisión. A cada encargo de su madre, Gabriel trataba de completar –cronometro en mano- la distancia que separa ambos hogares, el suyo y el de su abuela. Era poner un pie en la calle y comenzar a correr en dirección a la Avenida principal; frente a la iglesia giraba a la izquierda y sufría en la leve cuesta arriba –de regreso será más fácil, pensaba-, frente al colegio y unos metros antes de llegar al puente giraba otra vez a la izquierda y en un rápido zigzag de nuevo a la derecha para enfilar la recta de meta. Tocaba la puerta del portal y paraba el tiempo. De regreso a casa, la victoria era escuchar a su madre: “Qué rápido, ¿no?”… Sí –se decía orgulloso- como Coe…/Javi Muro.

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