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{DEPORTE / ATLETISMO}

'Mr. DeMarathon'

Clarence DeMar ganó 7 veces el Maratón de Boston, está considerado uno de los grades de la distancia

El tercer lunes de abril de 2011, Geoffrey Kiprono Mutai venció en el maratón de Boston y batió el récord de la prueba, rebajando la marca hasta 2:03:02. Quizá, el keniata no era consciente, pero habían trancurrido cien años desde que comenzara la leyenda de ‘Mr. DeMarathon’.


El maratón de Boston es la carrera a pie más antigua del mundo. Se disputó por vez primera en 1887, cuando los miembros del Boston Athletic Club (BAC) sintieron la inspiración del maratón disputado en los Juegos Olímpicos de Atenas, celebrados el año anterior. Ese año, se publicó ‘El Principio de la conservación de la energía’, Pérez Galdós escribió ‘Fortunata y Jacinta’; Conan Doyle presentó en sociedad a Sherlock Holmes en ‘Estudio en Escarlata’, y se inauguró la celebración del Día de la Marmota. También, Johan Graham, miembro del BAC y manager del equipo olímpico estadounidense, impulsó una prueba atlética en el estado de Massachusetts con el propósito de que recreara la épica contemplada en las últimas Olimpiadas y la leyenda de Filípides. Nacía así, el Maratón de Boston.


En Atenas habían tomado la salida 17 corredores, doce eran griegos. El 19 de abril de 1887, disputaron el primer Maratón de Boston quince atletas, concluyeron nueve. Venció John J. MacDermott, con un tiempo nada despreciable para la época de 2:55:10.


El próximo mes de abril se celebrará la edición 119 de la carrera que hoy en día mantiene una mayor exigencia para lograr un dorsal. En Bostón, los organizadores requieren marcas mínimas en función de la edad para participar. Registros que hay que acreditar oficialmente en otras pruebas y que oscilan, por ejemplo, entre las 3 horas y 10 minutos para la categoría de hombres entre 18 y 34 años.


Boston forma parta, junto a Nueva York, Berlín, Chicago, Londres y Tokio, del World Mayor Marathon, los seis grandes de la distancia. Desde la localidad de Hopkinton –punto de inicio de la prueba- y cien años antes de que Kiprono Mutai pulverizara en récord de la carrera, Clarence DeMar había hecho lo propio sobre un recorrido similar.


DeMar nació en 1888, un año después de que la disputa de la primera edición del Maratón de Boston. Veintidós años después corría por las calles y barrios de la ciudad, atravesando Ashland, Framinghan, Natic, Wellesley, Newton, Brookline, llegando a la meta, junto a la Biblioteca JFK, en segunda posición.


Las malas noticias para Clarence llegaron al descender del podio. Un reconocimiento médico le detectó un soplo en el corazón y el doctor recomendó como tratamiento apartarse durante un par de años la competición. Un tratamiento que chocó con las sensaciones que DeMar había coleccionado zancada a zancaba mientras enfilaba la recta de llegada en su primera participación en la prueba. Así, en 1991, al año siguiente compareció de nuevo en Bostón. Cuentan, que el médico, instantes antes de comenzar la carrera, la recordaba la existencia del soplo en el corazón y la recomendaba abandonar a los primeros síntomas de fatiga.


¿Fatiga?, debió pensar Clarence, “voy a correr 42 kilómetros”. La alarma no llegó y DeMar no sólo no abandonó, sino que logró la primera de sus siete victorias en carrera bostoniana. Había parado el cronómetro en 2:21:39, fijando un nuevo récord.


Con la euforia de su triunfo, el joven atleta se enroló en el equipo americano que participó el maratón olímpico Estocolmo 1912. Las Olimpiadas frenaron la efervescencia de DeMar al concluir la carrera en el puesto doce. Regresó de Estocolmo con cierto grado de frustración. El revés le afectó de tal manera que decidió detener sus entrenamientos y la competición. Alegó las advertencias médicas y el riesgo en que ponía su salud. También, motivos de conciencia; consideraba que la lucha por la gloria chocaba con sus creencias religiosas; y añadió la necesidad de centrarse en concluir sus estudios universitarios en Harward.


Pero quien se calza las zapatillas y sale a correr habitualmente sabe que una vez ha picado el veneno produce adicción. Y Clarence estaba enganchado a correr y a tratar de hacerlo cada vez mejor. Regresó a Bostón en 1917, seis años después de su victoria. Finalizó tercero; aseguran las crónicas que sin apenas haber entrenado. Poco después fue reclutado por el ejército.


En abril de 1992, Clarence DeMar retornó a la competición y a su prueba favorita en plenas facultades. En un estado de forma extraordinario reiteró éxitos pasados, consiguió el triunfo y estableció una nueva mejor marca en el Maratón de Bostón, 2:18:10. Repitió victoria en 1923, 1924 –año en el que también logró la plata en los Juegos de París-, 1927, 1928 y 1930, ya con 41 años.


DeMar continuó disfrutando de las zapatillas hasta bien cerca de su muerte. Su último carrera en Boston la corrió con 65 años y cuentan que ya con 69 aún participó en una carrera de 15 kilómetros. Falleció al año siguiente, con 70 años, convertido ya en ‘Mr. DeMarathon’. Hoy forma parte del Salón de la Fama y desde 1978, la localidad de Keene celebra el maratón Clarence DeMar.


Ni Clarence ni Kiprono Mutai lograron inscribir sus extraordinarios registros logrados en Boston como récords del mundo. Nadie en la historia ha corrido los 42,195 kilómetros tan rápido como el keniata, pero la normativa no convalida marcas logradas en pruebas en las que la meta está a menor altitud que la línea de salida. Así es el Maratón de Boston, un recorrido descendente salpicado por cuatro cotas entre los kilómetros 28 y 34.


No es de extrañar, que cada vez que ‘Mr. DeMarathon’ superaba los 1.400 metros de ascensión de ‘Heart Broke Hill’ (La Colina de los Corazones Rotos), situada en el punto kilométrico 32, disfrutara de la emoción de sentirse corredor en la prueba más antigua del mundo. Salvó con éxito ese repecho en cada una de sus 33 participaciones en Bostón. Entre los corredores de maratón, DeMar es recordado como uno de los grandes de todos los tiempos. Ningún otro corredor ha ganado siete veces en Boston. Dicen, que siempre estaba corriendo./Javi Muro

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