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{CULTURA / LIBROS}

Tras las huellas de Nelly Arcan

La editorial Pepitas de Calabaza publica 'Puta', la que fue primera novela de la quebequense

Guardo vivo en la memoria la primera vez que oí hablar de Nelly Arcan. Fue en Madrid, en un evento en torno al cine de Québec, exactamente un año antes de que nuestra habitualidad se fuera al traste. Varios amigos y compañeros de instituciones relacionadas con el arte y la cultura francocanadiense compartíamos atropelladamente opiniones acerca de autores y creadores de las letras y el cine de La Belle Province. 

 

Mis compañeros hablaban en francés y yo intentaba seguir la conversación como podía. Allí comenzó a repetirse un nombre, Nelly Arcan. Yo, con mi pobre francés y mi apasionamiento por Denys Arcand y el cine de Québec, pregunté si hablaban del insigne cineasta, pero no, no era Arcand sino Arcan. Una novelista que puso patas arriba las letras francófonas con su honestidad brutal y su descarnada prosa, justo en el momento en el que estrenábamos el por entonces prometedor siglo XXI. 

 

Una semana después, la casualidad del destino, hizo que cayera en mis manos la segunda novela de esta autora, 'Loca'. El maravilloso equipo de la editorial Pepitas de calabaza, los mismos que han hecho posible que aterricen en España verdaderas joyas de la literatura quebequense, me hacían un regalo que iba a acompañarme durante mi inminente viaje a Montreal. Y de esa singular manera me adentré en el universo de una creadora que removió mis entrañas y mi razón de una manera que, como lectora, nunca antes experimenté.

A partir de ese momento, Isabelle Fourtier (verdadero nombre de Nelly Arcan) me acompañó durante todas las etapas de mi deseado viaje. Página tras página me abrumaba con sus secretos a voces, conduciéndome, de manera inconsciente, a visitar los espacios diurnos y nocturnos que fueron protagonistas de su agónico devenir. Mientras caminaba por las calles del Plateau-Mont-Royal me topé con el Bily Kun, el desaparecido Laïka, reconvertido ahora en pizzería, la fachada del cine L’amour, en cuyo interior acontecen los momentos más sórdidos y perturbadores que Isabelle-Nelly narra con espeluznante precisión en Loca. Sin ni siquiera intuirlo mis pasos recorrieron su pasado, exactamente en la fecha en la que Isabelle-Nelly hubiera cumplido 47 años, un 5 de marzo.

 

Regresé a España justo un día antes del confinamiento, cuando todas y todos tuvimos que asumir el parón que trastocaba nuestras vidas y limitaba nuestro entorno a las cuatro paredes de nuestro hogar y nuestra mente. Llegaba el momento perfecto para rastrear en la verdadera historia de nuestra protagonista. 

 

Leer a Arcan y no querer saberlo todo sobre ella resulta harto complicado cuando eres portador de un cerebro curioso. Confraternizar con su dolor, su agonía constante, un vía crucis de autodestrucción pactado que impregna como un tatuaje sucio y sangriento cada uno de los caracteres de sus novelas, es tarea imposible para las almas que han rozado la oscuridad de la tristeza, aunque sea de soslayo. 

 

Sus devastadoras reflexiones consiguen que llegues a sentir un pudor extremo y te visita la sensación de estar leyendo algo que no te pertenece, que no te corresponde conocer, como si la pieza necesitara de un salvoconducto nominativo en el que la autora debiera concederte su permiso expreso.

 

Las letras de Arcan estallan en un magma de vulnerabilidad fruto de la honestidad de una mujer valiente que se pensó frágil. Su alma se apresuró a firmar un contrato suicida con los límites más extremos de la inmolación para los que no resulta útil ningún salvoconducto. Sus normas, las de James Dean y las estrellas del rock, “vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”.

 

Ni siquiera el respaldo y la atención de su amigo y psicoanalista Patrick Cady, el mismo que supo ver su potencial y sacó a Isabelle-Nelly de su estado de crisálida, para conducirla hacia su gloriosa metamorfosis como creadora, logró alejar de ella su insistente obsesión por el suicidio. 

La piel y el sufrimiento de Arcan son, en consonancia, una caprichosa dicotomía que hechiza y abomina a partes iguales. Desde cualquiera de sus fotos, Nelly (Isabelle), inventa una sonrisa pretendidamente pícara que no convence. Sus ojos no pueden esconder el infierno helado de su fuego azul.

 

Cuando la observo, enigmática y femenina, acuden a mi cabeza unas palabras, “modelo básico de placer”, denominación empleada en la mítica Blade Runner para describir a la hembra replicante, esa que tuvo los rasgos de una Daryl Hannah juvenil. 

 

Nelly Arcan fue a su manera un modelo de Nexus 6, perfecto en proporciones. Ella se encargó de dar forma y pulir, a golpe de bisturí, un físico adaptado al deseo masculino. Sumisa, sexy, exuberante y misteriosa Arcan jugó a ser juguete, asumiendo los caprichos de sus clientes durante el tiempo que ejerció la prostitución como ejemplar de lujo, “modelo perfecto de placer”. Como resultado, sus escritos, una terrible auto semblanza sin resquicio ni permiso para la autocompasión.

 

Esta semana, la editorial Pepitas de calabaza publica 'Puta', su primera novela de auto ficción, que, en palabras de su autora, “Llegó rápido, porque llevaba gestándose dentro de mí mucho tiempo”. Con ella descendemos a sus infiernos, contemplamos su degradación sin contemplaciones y duele; duele sentirla viva y no acudir a socorrerla, duele verla desangrarse y no ayudar a taponar, duele la esencia de las vidas tortuosas que, como la suya, no dan tregua ni lugar a la esperanza. 

 

Isabelle Fourtier/Nelly Arcan se quitó la vida el 24 de septiembre de 2009 en su apartamento de la rue Saint-Dominique de Plateau-Mont-Royal, pero la vida sigue./Isabel Ribote

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