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{CULTURA / LIBROS}

'Las cinco mujeres, las vidas olvidadas de las víctimas de Jack el Destripador'

‘Las cinco mujeres. Las vidas olvidadas de las víctimas de Jack el Destripador’ es un tipo de libro que hoy denominamos ‘true crime’, es decir, una obra que nos cuenta un crimen real y lo hace desde una perspectiva de estudio documental. Una exhaustiva investigación histórica sobre la vida de Polly, Annie, Elizabeth, Catherine y Mary-Jane, las victimas de uno de los criminales más afamados de la historia. El libro podría considerarse una mezcla entre biografía y ensayo histórico que intenta desmontar esa idea, arrastrada desde hace más de un siglo, de que estas cinco mujeres asesinadas en 1888 eran prostitutas. 

 

Estas mujeres, de lugares tan dispares como Knightsbridge o Suecia, fueron víctimas de un asesino, jamás identificado, simplemente por azar; por estar en el lugar y momento equivocados. Nada más que por eso. Sus vidas, fascinantes en cuanto a estudio, muestran muchas sombras. Demasiadas quizá. Mas son las que perseguían o se adjudicaban a la mayoría de mujeres que tuvieron que crecer en la época victoriana que, si bien artísticamente se puede considerar un tiempo maravilloso, muy productivo, en cuanto al trato hacia las mujeres, su condición y su libertad (tanto individual como colectiva) era un agujero negro sin fondo. Lo más negro que uno pueda imaginar. Un agujero, por supuesto, controlado por una sociedad machista, engreída, supersticiosa y cuya doble moral hoy nos hace avergonzar.

 

Sombras que se incrementaban si además de ser mujer, una era pobre o muy pobre, como les sucedía a la mayor parte de estas infortunadas chicas. Entonces, su condición, su vida, hasta su muerte, quedaban marcadas por esa espesa negrura. Una marca difícil de borrar que las acompañaba desde la cuna hasta la tumba. Pocas podían ascender, cambiar o vivir mejor. La que lo lograba, como el caso de Annie, historia que a mí particularmente más me ha tocado, tenía que luchar igualmente contra esa oscuridad y contra los propios fantasmas, igual de negros —en la mayoría de los casos en forma de botella—, que solo les recordaban que una mujer, en aquellos años, no valía nada más allá de lo que valía su padre, su hermano o su marido.

Estas mujeres tuvieron también muchas luces. Regentearon cafeterías, compusieron baladas, vivieron en grandes fincas gozando de una posición respetable, crecieron entre imprentas o escaparon de traficantes de seres humanos. Luces que se vieron apagadas tras su muerte para que el puzle cuadrara. Las autoridades y la prensa del momento debían buscar un culpable y como el asesino era inalcanzable, las causantes, las responsables, entonces, debían ser ellas. ¿Y cómo se convierte a una víctima en culpable? Diciéndole a la sociedad, tanto en la versión policial como en la versión periodística, que aquellas mujeres se lo merecían. ¿Por qué?  A su juicio simplista, era algo que tarde o temprano les iba a suceder. Daba igual que no fueran prostitutas o que la mayoría de ellas estuvieran en la calle, vagabundeando, porque vivían en la más absoluta pobreza, de asilo en asilo, mendigando, abandonadas a su suerte por una sociedad ingrata y en compañía de hombres que solo les daban problemas, pero que necesitaban si no querían ser tachadas de lo que finalmente fueron tildadas, y no por serlo, sino por morir. A este respecto y para que sirva como ejemplo, tenemos el caso de Catherine, que pasaba noches al raso cuando solo había dinero para una cama. ¿Quién se quedada aquel dinero y aquella cama? Él, por supuesto, y ella, al final, murió.

 

Las cinco mujeres, Polly, Annie, Elizabeth, Catherine y Mary-Jane, se convirtieron en nada, en números, en chicas sin nombres y sin vidas que se habían buscado aquel final por ser fáciles, de la calle, pero el nombre creado para su asesino se convirtió en famoso: el Destripador.

 

‘Las cinco mujeres. Las vidas olvidadas de las víctimas de Jack el Destripador’ es, en definitiva, un gran trabajo de documentación y estudio por parte de Hallie Rubenhold, en el que se devuelve su identidad y su vida a estas pobres chicas y se las hace visibles. No estoy de acuerdo con su visión de la eliminación del mito de Jack el Destripador porque las leyendas también forman parte de la historia de las ciudades, civilizaciones y sociedades. Nos sirven, además, para evaluar sus creencias, invenciones, ideas… Pero sí lo estoy, por supuesto, en la reivindicación de la existencia real de estas mujeres y de otras como ellas; de la devolución más que merecida de sus vidas auténticas y de sus identidades. Devolverles la dignidad es lo menos que podemos hacer por ellas y espero que este estudio nos sirva para aprender y no volver a cometer el mismo error./Verónica García Peña, su última novela 'La isla de las musas' ya está en todas las librerías.

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