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{CULTURA / LIBROS}

'Escuchar al otro, entender que igual tiene razón, esos son los héroes hoy en día'

Roberto Rivera es el autor de la obra de teatro 'Aquiles, el hombre'

Roberto Rivera es el autor de 'Aquiles, el hombre', la obra de teatro que tras triunfar en el Festival Internacional de Teatro de Mérida -uno de los certámenes más prestigiosos- cierra la gira nacional 2017 en el Bretón de Logroño (16 de noviembre) y en la Sala Florida de Álfaro (17 de noviembre). Periodista, escritor y poeta, Rivera comenzó su trayectoria profesional en 1985 en los micrófonos de Antena 3 en La Rioja, labor que compaginó con su trabajo para el diario El Correo, periódico del que es corresponsal en Haro desde 1987. Su pasión por la escritura no es algo nuevo. "Recuerdo -dice- escribir con pasión, como si fuera parte de mi universo vital desde los dieciséis años". Su devoción por la escritura tomó cuerpo con la publicación del libro poético 'La génesis del vino' (Endimyon, 2016) y guiones de lectura dramática como 'La vida en tránsito'. La lectura de 'La Iliada', su traducción y un ciclo sobre Homero empujaron a Roberto Rivera a adentrarse en la figua de Aquiles. El relato que narra 'Aquiles, el hombre' se ubica en la guerra de Troya, pero el autor analiza y reflexiona sobre el personaje de un gran guerrero al que han convertido en dios, en cómo entiende esa guerra, cómo revela contra sí mismo, de la condición de hombre, de su desgarro y su conflicto interno. Una obra, 'Aquiles, el hombre' que Rivera concibió de madrugada y que los espectadores que acudan a la representación recibirán editada por Siníndice./Javier Muro

 

SPOONFUL.- ¿Cómo surge la chispa que te lleva a escribir ‘Aquiles, el hombre’?

Habría que hablar de varias chispas para explicar el proceso. La lectura de 'La Ilíada’ en griego clásico, y el reto de traducirla por imperativo legal cuando cursaba COU en el Colegio Claret de Segovia me hizo conocer un texto apasionante y un personaje mucho más apasionante aún. Un Aquiles que rondaba por la cabeza como si tratase de explicar que había algo más que no se había contado. Esa otra mitad de su concepción como héroe, su naturaleza humana, más allá de la divina. Mi relación con el teatro a través del Certamen de Teatro Garnacha de Rioja con el que colaboré durante quince años, y la sorpresa que me causó que ninguna de las obras del Ciclo Homérico abordase la figura del protagonista de ‘La Ilíada’ me animó a escribir un monólogo que, al ser descubierto por alguien vinculado a este mundo, me animó a convertirlo en una obra dramatizada. La primera que escribía.

 

S.- Nos sentamos en la butaca del teatro, se abre el telón, y ¿qué historia nos disponemos a disfrutar?

Bueno. Nos topamos de frente con la guerra de Troya, tal y como nos fue contada por Homero. Pero ese relato aparece al fondo del escenario, está latente y se demuestra omnipresente. Pero no se deja ver ni se manifiesta, porque en el campamento aqueo, en el entorno íntimo del ejército griego y en el barco de Aquiles se habla de lo que está pasando desde una perspectiva más analítica, reflexiva y crítica. Más allá de la acción, lo que nos llamará la atención es el argumentario que defiende cada uno de los protagonistas y antagonistas de la obra.

 

S.- Si trasladamos el clásico a la cultura pop actual. ¿Hablas, de alguna manera, del conflicto entre ser Clark Ken y Superman o entre Bruce Wayne y Batman?

Creo que se aleja muchísimo de uno y de otro. La dicotomía de este Aquiles, el Aquiles del Festival de Mérida y Tal y Cual Producciones, no responde a la dualidad de una personalidad ficticia y otra heroica que es la que domina y atrae al espectador… La dualidad del divino Aquiles convive en su propio cerebro y le desgarra porque contrapone los principios y fundamentos en los que ha sido educado como hijo de Grecia y la naturaleza humana que no puede mantenerse al margen de una tragedia que se ve inicialmente en primera persona y luego se traslada al conjunto de los mortales, aqueos y troyanos. Es consciente de que se trata de una guerra interesada, y que se utilizan los mensajes de la cultura y el pacto panhelénico. Pero empieza a revolverse contra sí mismo porque se siente culpable de la destrucción que él, el más destructivo de los héroes de Ilión, está provocando. Eso es lo que le desgarra y justifica, no ya sólo su actitud, sino su deseo y el final de la obra.

 

S.- Te lo comento porque recientemente, Nerea Férnandez, ha publicado una tesis en la que analiza la evolución desde el héroe clásico (Ulises o Aquiles, por ejemplo), pasando por el héroe romántico (Robin Hood) a los superhéroes de la cultura pop americana, por ejemplo. Y señalaba siempre ese conflicto entre el hombre y la figura del semidiós. Comparación que era más patente entre el héroe clásico y el superhéroe.

Sí. Lo sé, lo conozco y creo que es una interesante reflexión. Pero aquí no se contraponen dos modelos, ni más modelos de héroes. Yo, personalmente, tengo la sensación de que Homero, o los poetas que conformaron el poema épico más antiguo de la historia, mitifican la figura de alguien que, posiblemente, existiera y que, conscientes de ello, muestran también bajo túnicas humanas. La ira, la venganza, la capacidad de destrucción, la fidelidad al amigo, el respeto a la cultura y las tradiciones de su pueblo, la capacidad para enamorarse de Briseida que se refleja en la propia ‘Ilíada’ no son reacciones divinas. Son respuestas que surgen de nuestra condición humana. Aquiles no es, pues, dios y hombre. Es un hombre que se ve elevado a la condición de dios por sus compañeros muy a su pesar. Eso es lo que acaba descubriendo, nueve años después del inicio de la guerra, y eso es lo que le permite entenderse y reconocerse para encontrar la paz consigo mismo.

 

S.- Decía Nerea también que “Necesitamos héroes no sólo por una cuestión de esperanza, sino para que carguen con nuestros miedos”. ¿Compartes la idea?

... -se ríe- Y con nuestras responsabilidades, y con nuestras frustraciones, y con nuestros miedos… Cuando no existen, nos los inventamos. Pero no es menos cierto que ese ejercicio refleja, en el fondo, que es a nosotros a los que nos gustaría ser héroes, y tener capacidad, como hace este Aquiles, para rebelarse y cuestionarse, abandonando la premisa de que no existe la posibilidad del error. Cuando se acepta ese escenario, encontrar vías de solución a los conflictos, es mucho más sencillo. Basta con escuchar al otro y tratar de entender que tal vez pueda tener también su razón, y aceptarla. Eso es ser un héroe hoy en día.

S.- ¿Es esa carga la que soporta también Aquiles? La leyenda lo presenta ante su pueblo como el gran guerrero invencibles, pero Aquiles, el hombre, siente el conflicto interno.

Claro. El texto, y especialmente por boca de Briseida, deja claro que nuestro héroe es un hombre encerrado en un yelmo que oculta su rostro y nos impide conocerle en profundidad. Por eso es en su tienda donde conocemos al verdadero Aquiles que se va abriendo paulatinamente a su entorno más íntimo para mostrarse como un guerrero que responde a lo que se espera de él, pero que no está donde quiere.

 

S.- Lo que conocemos de Aquiles describe a un personaje con valores –un gran guerrero-, pero que muestra un gran respeto hacia sus oponentes. ¿Qué Aquiles nos encontramos en Aquiles, el hombre?

El hombre ilustrado que se nos describía desde la Grecia clásica. Un hombre instruido en la música, la poesía, la filosofía, allá en su Ftía natal. Pero también un gran guerrero, forjado para defender el universo de las Polis griegas. Un hombre culto y consecuente con las leyes de su época, aunque crítico con la deformación que la política acaba haciendo de ellas.

 

S- ¿Consideras que Aquiles, el hombre tiene más de obra clásica o se puede situar en el siglo XXI y observarla con la mirada de la actualidad?

Esa valoración la dejo en tus manos y en las de los espectadores que vean de la obra. Sólo te diré que, en mi opinión, también sujeta a la posibilidad del error, no creo que hayamos cambiado tanto. Y eso, curiosamente, no es consecuencia de nuestra condición divina, que pueda que también se de en cada uno de nosotros, sino de la humana, que es tan fundamental si somos capaces de entender que no estamos aquí para dejarnos llevar por nuestras pasiones sino para reconducir nuestra energía y capacidad para hacer un mundo mucho más habitable, más humano.

 

S.- ¿Ves Aquiles en la sociedad del siglo XXI?

El libro que será entregado a los espectadores lleva una dedicatoria. ‘A los millones de Aquiles que, desde el anonimato, asumen el heroico ejercicio de cuestionarse a sí mismos para seguir creciendo y hacer más habitables y humanas estas playas...’ Creo que sirve de respuesta.

 

9.- Corrígeme si me equivoco, para la representación teatral de ‘Aquiles, el hombre’ tuviste que adaptar el texto original. ¿Cómo ha sido ese proceso?

Bueno, más que adaptar, ajustar a las posibilidades de la producción. Incluía coro y eso exigía ocho o nueve actores más, algo que resultaba impracticable a la hora de mover la obra por el país. Así que el texto de coro y corifeo, que eran los elementos que recogían los hechos centrales de ‘La Ilíada’ había que relatarlos de otra manera y sin ampliar el elenco. Y José Pascual, nuestro director, entendió a la perfección el mensaje del texto y consideró que para proyectarlo al público era necesario crear un clima de locura colectiva, de desesperación absoluta, de desorden y anarquía en el seno de un ejército que se suponía el más destructivo de la época. Todo ello aceptando que el texto, que daba para hora y media, debía resumirse al menos en una hora… Ahí es donde se planteó el proceso creativo, que resultó apasionante porque he tenido la suerte de trabajar con personas excepcionales en lo humano y en lo divino de su trabajo como Luis Delgado, Curt Allen Vilmer, José Manuel Guerra y Pier Paolo Álvaro. Ellos desde música, escenografía, iluminación y vestuario, y yo con el texto, tratamos de dar respuesta a las necesidades de José y el resultado fue el que es. Aunque lo mejor fue el desarrollo del trabajo colectivo, junto a los actores y el resto de la compañía. Todo encajó a la perfección sin que se marcase más pauta que la definición del clima que se quería crear en la sala.

S.- ¿Y qué se siente al observar que tu obra, lo que has escrito, se estrena en el Festival Internacional de Teatro de Mérida, uno de los más prestigiosos?

Fundamentalmente respeto. Y en última instancia responsabilidad, una enorme responsabilidad. Porque lo que estaba en juego no era tanto mi texto, sino el trabajo que sobre él había desarrollado el resto de los compañeros, creativos y actores. Pensaba más en que ellos obtuviesen el respaldo del público que en cualquier otra consideración. A fin de cuentas, durante todo el tiempo previo entendía que yo era uno más, que aportaba un elemento, a un montaje que se construían con muchos más elementos. Yo soy el autor del texto ‘Aquiles, el hombre’. Y coautor de la obra del montaje escénico ‘Aquiles, el hombre’. Éste es ya de mucha más gente que ha conseguido mejorarlo con sus aportaciones personales. Es de todos.

 

S.- ¿Cómo es el trabajo con el director, con los actores, con la compañía que va a poner el texto en escena?

En fin. Es mi primera experiencia en este mundo y lo afronté como un becario que tiene el privilegio de poder realizar un máster en creación teatral. En mi caso, tuve además la inmensa fortuna de hacerlo con un director que supo generar, también durante ese proceso de creación, el clima necesario para que cada uno de nosotros aportase lo mejor de sí mismo sin advertir, nunca, la más mínima presión. Sinceramente, creo haber trabajado con los mejores, en un ambiente excepcional, y eso me ha ayudado a aprender mucho. Hoy en día soy una persona mucho más agradecida. Creo que soy un afortunado por haber vivido lo que he vivido a nivel profesional y, por encima de todo, humano. Me he topado en el camino con personas excepcionales que me han enriquecido también como persona y hoy considero grandes amigos.

 

S.- ¿Qué es lo que más te llamó la atención?

La naturalidad de todos ellos, su humildad, su profesionalidad, su generosidad a la hora de ofrecer respaldo a los compañeros, la profunda amistad que se ha creado en el seno de la compañía. Se supone que debería saber cómo hacerlo, pero no encuentro la manera de describirlo. Es necesario respirarlo para entenderlo…

S.- Toni Cantó interpreta a Aquiles. ¿Cómo es ese paso del personaje que has escrito a observarlo en carne y hueso sobre el escenario?

Pues curioso. En su caso, y en el del resto de los personajes. Porque en tu cabeza las palabras resuenan de una manera concreta y con un tono y una entonación concreta, pero los actores llegan vírgenes al texto y lo leen a su manera, tal y como ellos lo entienden. Y la práctica totalidad de los casos, me he sorprendido porque introducían matices que ni yo mismo me había planteado y enriquecían la personalidad de la tropa. Una grata sorpresa, la verdad. Y en ese contexto, la aportación de Toni es proporcional al peso que tiene su trabajo en el conjunto del montaje. Espectacular…

 

S.- Y ahora, ‘Aquiles, el hombre’ se representa en tu tierra…

Sí. Parece que fue ayer cuando se estrenó en el Teatro Romano de Mérida y ya ves, se cierra el primero año de gira en casa… Son dos citas especiales. Aquiles llega a casa, donde fue concebido en horas de madrugada…

 

S.- Por cierto, ¿Siempre te ha gustado escribir?

Me han pasado textos que había escrito cuando estudiaba en Santo Domingo de la Calzada, en la Ciudad Redondo de los claretianos, y con Fernando San Romualdo como responsable de un equipo formativo que considero fundamental en mi construcción personal… No los recordaba. Los había escrito con once, doce, trece años… Recuerdo escribir con pasión, como si formase parte de mi universo vital, desde los dieciséis años. Para mí, para mi entorno, para nada, porque me ayudaba a replantearme todo… Que haya acabado haciéndolo en El Correo no deja de ser una consecuencia lógica… -se rríe-

 

S.- Periodista, poeta, dramaturgo. ¿Todo es escribir?

Y escritor de mensajes de whatssap o SMS, y correos electrónicos, amigo de la tertulia después de la comida o en la barra con la gente que está por la labor de comunicarse y comunicar… Todo es lenguaje. Todo es conexión. Reconozco que hablo mucho. Pero también puedo asegurar que me encanta escuchar. Aprendo más atendiendo lo que dicen los demás. Cuando lo hago yo, consumo mis argumentos. Ahora que está tan en boga la diferenciación lingüística: a mí me encantaría manejar todos los idiomas porque me permitiría hablar con todo el mundo, y la comunicación nos hace más iguales. 

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