1938

{CULTURA / LIBROS}

'Creo que al escribir hay que tomar partido, entiendo la literatura como arma social'

Borja Monreal es escritor y ha publicado 'El sueño eterno de KIanda'

Borja Monreal nació en Navarra y creció en Logroño. En la capital riojana, como el mismo describe, viajó a través de los libros para saber que quería vivir "al otro lado de las páginas". Estudió Periodismo en Madrid con la intención de "saciar mi necesidad de contar el mundo". En Borja anidadaba la sensación de que la realidad podía ser diferente a su 'normalidad' en otros lugares. Esa percepción le llevó a vivir en Angola y a viajar por todo el continente africano con la idea de tratar de entender las relaciones humanas. "Buscando siempre lo que nos une, y viendo claramente que lo que nos separa son preconcepciones y construcciones irreales y falseadas del otro: simplificaciones que nos ayudan a malentender el mundo generando la dicotomía entre lo bueno y lo malo: entre el uno y el otro". Borja Monreal ha trabajado como analista de mercados, delegado de una multinacional y en un OBN. Master MBA en Relaciones Internacionales y en políticas Industriales en Países en Desarrollo. En 2012 recibió el Premio Francisco Yndurain de las letras de la Asociación Bilaketa por la obra 'Angola', la intensidad de SER humano'. Ahora, su novela 'El sueño eterno de Kianda' ha sido galardonado con el Premio Benito Pérez Armas de Novela de la Fundación Caja Canarias. Borja es crítico con los países occidentantes y las políticas referidas a los refugiados: "El objetivo de los gobiernos es alejar el problema de los refugiados y darle la espalda"./Javi Muro

S.- ¿Qué cuenta, hasta donde puedas desvelar, ‘El sueño eterno de Kianda’?

Cuenta la historia de dos familias cuyos destinos fueron definidos por la posición que adoptaron durante la guerra de independencia de Angola. Narra, desde diferentes puntos de vista, cómo dos generaciones se vieron afectadas por haber tomado una decisión que les llevó a estar del lado de los vencedores, a unos, y los vencidos, a otros. Pero también va mucho más allá, cuenta la historia personal de seres humanos que se enfrentan a los dilemas que todos encontramos en nuestro día a día: el amor, el perdón, el arrepentimiento…

 

S.- La novela ha sido definida como ‘thriller histórico’, ¿te parece una catalogación adecuada? ¿Define de alguna manera la trama?

Sin duda. Es una mezcla entre la novela histórica, ya que cuenta un periodo de la historia de Angola de manera muy rigurosa, y un thriller, porque existen varios misterios que se van reconstruyendo en base a las diferentes historias de los personajes. La historia se cuenta desde diferentes perspectivas y es el lector el que va construyendo poco a poco la trama de la novela. Creo que es una manera mucho más activa de leer y esto hace que cada persona vaya haciéndose una idea de los siguientes pasos que van a dar los personajes. 

 

S.- Corrígeme si me equivoco. Has realizado numerosas entrevistas para documentarte antes de escribir la novela. ¿‘El sueño eterno de Kianda’ podría llevar el subtítulo ‘basado en hechos reales?

Está completamente basada en hechos reales. Yo siempre digo que es una realidad 'ficcionada'. Pero toda la base de la novela es real. Entrevisté a decenas de personas, víctimas y verdugos de un conflicto que surgió en el país el 27 de mayo de 1977. Y en base a los testimonios de las personas construí la novela. Todo lo que cuento, por surrealista que parezca, es una historia que ha surgido fruto de las conversaciones con los verdaderos protagonistas de esta historia: los angoleños de a pie. 

 

S.- ¿Cómo surge la chispa para escribir ‘El sueño eterno de Kianda’?

Surge fruto del azar. El 27 de mayo de 2009 circulaba con mi moto por el centro de Luanda y vi en uno de los muros de un cementerio de la capital una pintada que decía: “Aquí descansan las víctimas del 27 de Mayo”. A partir de ese momento empecé a investigar esa fecha y a intentar descubrir una página de la historia de este país que parecía haber desaparecido del imaginario colectivo. Y a partir de este momento me vi casi obligado a escribir sobre este acontecimiento que para mí tuvo tanta trascendencia para todo el futuro del país. 


S.- Has vivido muchos años en África, tienes una visión desde los dos continentes –Europa y África- de la situación de los refugiados. ¿Cuál es tu percepción? ¿Qué diagnóstico haces?

Simplificando algo muy complejo, lo que veo son masas ingentes de personas que intentan salvar sus vidas, o las de sus familias, huyendo de la guerra o la pobreza buscando un futuro mejor. Esta es la mirada empática, la de ver desde los ojos del otro. Sin embargo, también soy consciente de que en las sociedades de acogida se despiertan muchos miedos y dilemas. Pero a estas preguntas debemos responder analizando qué fue lo que empujó a nuestros abuelos a abandonar España tras la guerra civil, e imaginar qué les hubiera gustado encontrar al otro lado… Además, hay que mirar los números. Europa, con 500 millones de habitantes, tiene una presión de 1 millón de refugiados que quieren entrar. Líbano tiene más de dos millones de refugiados en un país con 7 millones de habitantes… las cifras nos dejan en mal lugar.

 

S.- Europa, los países europeos, no han cumplido –la mayoría, al menos- con el compromiso adquirido de acoger refugiados. Por ejemplo, España se comprometió a acoger a 17.737 personas y está lejos de cumplir….

Otro hecho más a sumar a nuestro muro de la infamia en políticas migratorias. España no suele ser de los peores acogedores, pero esta vez ha sido desastroso. Se ha cumplido el 11 por ciento de un compromiso adquirido con Europa. Y lo peor es que incumples y no pasa nada… 

 

S.- Hablas de ‘una novela generacional’ al hacer referencia al periodo turbulento de la Historia de Angola tras golpe de Estado y la guerra…

Sí. La novela es muy ambiciosa e intenta contar dos periodos históricos: la independencia y la actualidad. Por eso utilizo dos generaciones diferentes. Y porque además creo que es importante escuchar estas dos voces en cualquier situación. Creo que el diálogo intergeneracional es clave para entender los problemas que nos asolan nuestros días. Es muy fácil decir que la Constitución española podría haber sido mucho mejor, pero antes hay que entender la visión de esa generación y las circunstancias que las rodearon en su momento. Tendemos a olvidarnos de nuestros mayores, pero en ellos pueden residir muchas de las respuestas que nosotros andamos buscando. 

 

S.- Golpes de Estado, falta de Democracia, libertades, derechos humanos…. La huida de los países está generada por muchas de esas causas, también por la pobreza. ¿Cómo se llega a esas situaciones? ¿Existe una solución?

Hoy en día todos los problemas son tan complejos y se cruzan en ellos tantos intereses, nacionales e internacionales, que no existen soluciones milagrosas. Hace falta una combinación de desarrollo económico, creación de sociedad civil y fortalecimiento institucional. Pero a veces encontrar el equilibrio es muy difícil, sobre todo cuando existen agendas paralelas que hacen que todo se quede en meras intenciones.

 

S.-En ‘El sueño eterno de Kianda’ pretendes –así los has comentado en alguna ocasión- unir mundos, visiones del mundo al menos…

Sí. De alguna manera conduzco al lector a enfrentarse a dos visiones del mundo diferentes, pero para hacerle entender que al final lo que nos mueve a las personas es bastante parecido. No hay un ellos y un nosotros cuando hablamos de asuntos sustanciales. Hay recreaciones y percepciones engañosas de una realidad que nos resulta más fácil si la simplificamos. Tendemos a reafirmarnos siempre contra algo en vez de hacerlo apoyándonos en lo positivo. 

 

S.- … pero también hablas de un mundo en llamas y de la muerte de la empatía…

Pues sí… ciertamente el mundo no está en su mejor momento. Pero incluso esta afirmación mía es cuestionable. Por cada cosa mala que sucede en el planeta pasan mil buenas. Pongamos un ejemplo tendencioso y así salto al ruedo: Cataluña y España. En vez de construir nuestra identidad en base a la diversidad, a la riqueza cultural y a la unión, lo hacemos en la confrontación y en la diferencia. Si buscamos las diferencias seguramente encontremos que ni los españoles son como se piensan ni los catalanes como se imaginan. Pero elegimos el camino fácil, el de no mirar desde el otro lado. Y de esos barros, estos lodos. 

 

S.- ¿La novela la escribiste durante tu estancia en África o ya de regreso en España?

Estuve seis años escribiendo esta novela. En medio escribí otro libro: “Angola, la intensidad de SER humano”. Así que lo hice parte en Angola y parte viajando por el mundo durante el año y medio después de regresar del país. 

 

S.- ¿Siempre te gustó escribir?

Escribir es, sin duda alguna, la mejor forma de llegar al otro, de comunicarte. Por eso me apasiona. Piensa que cualquier persona que se lea 'El sueño eterno de Kianda estará dedicándome a mí 10 o 15 horas en exclusiva. En una sociedad en la que la comunicación se cuenta por caracteres, aún hay alguien que dedica 15 horas a leerte. Es acojonante… y ese poder debe ser utilizado para transmitir algo más que entretenimiento. Yo siempre creo que hay que tomar partido. Escribir para mí es tomar partido por un activismo cívico necesario: la literatura como arma social. 

 

S.- ¿Tienes manías a la hora de escribir? ¿Música, un lugar concreto, necesidad de soledad?

Necesito silencio. Tengo que crear una pequeña atmósfera. Hace un par de años hice un viaje con el coche durante siete meses y descubrí que escribía mucho mejor rodeado de naturaleza. Ahora persigo esa sensación de escribir frente a la belleza de la naturaleza. 

 

S.- ¿Comienzas escribiendo en papel o directamente en el ordenador?

Hago esquemas en papel y luego escribo los capítulos directamente en el ordenador. Curiosamente para organizar los libros siempre lo hago a mano. 

S.- ¿Cuántas horas de entrevistas grabaste para documentarte?

Grabar, ni una sola… ten en cuenta que los temas que trataba no permitían poner una grabadora encima de la mesa. Algunos de los asuntos que trata la novela, especialmente lo que pasó en Angola tras el 27 de mayo, son todavía temas 'tabú. Pero conversaciones tuve decenas. Probablemente ronden las setenta. 

 

S.- ¿Crees que los medios de comunicación trasladan de forma correcta la situación de los refugiados?

No. Han contribuido a hacer dos cosas: deshumanizar el concepto de refugiado, descargándole de todo el componente humano que lo reviste, y conceptualizarlos como un problema de seguridad interna y no como una necesidad de asistencia en base a los derechos humanos. Y ahora todo el debate está en esos términos, con lo que hablamos con idiomas diferentes. 

 

S.- La protagonista se refugia en Londres. Inglaterra, con el Brexit, no parece el mejor país para un refugiado… Hoy mismo los bancos británicos han anunciado que bloquearán las cuentas de los sin papeles para provocar que su vida sea más complicada…

La vida de los refugiados se ha ido dificultando progresivamente. Antes llegar era relativamente fácil si venías de un país del bloque soviético. Pero desde el final de la guerra fría esto cambió completamente. Ahora la tendencia es a crear campos de refugiados en sus países de origen o generar países que hagan de muro de contención, como Turquía o Marruecos. Incluso Libia ha estado en el proceso de convertirse en uno de ellos. El objetivo es alejar el problema y darles la espalda. Tenemos que evitarlo.

 

S.- Tampoco parece que las políticas del presidente de los Estados Unidos animen a esa recuperación de la empatía, ¿no? Sucede de forma similar en países europeos como Polonia y Hungría…

Culpabilizar al de afuera hace que todo el mundo mire hacia él y evite criminalizar a los de dentro. Se está generando toda una dialéctica de enemigo externo que pretende justificar el crecimiento del descontento generalizado en los países. Por poner un ejemplo, el terrorismo yihadista, que ha alimentado parte de las políticas migratorias de Trump, no ha tenido prácticamente presencia desde el 11-S. Sin embargo, ¿cuántos muertos hay por 'terroristas blancos' que cogen armas y asesinan a decenas de personas? Los refugiados son utilizados políticamente para desviar la atención. Ojo, esto no quiere decir que no surjan problemas al acogerlos.

 

S.- ¿imaginas escribir una novela en la que la emigración no fuera necesaria, sin refugiados, un mundo en el que las ‘llamas’ de las que antes hablábamos se hubieran apagado o estaríamos hablando de una distopía?

Es curioso, pero me embarqué en un libro distópico bastante parecido a lo que describes… y la verdad es que, mirando a la historia de la humanidad, ese libro tendría que basarse absolutamente en la ciencia ficción. No hay civilización que no recurra a un gran viaje para construir su narrativa histórica, ya sea un viaje real o figurado. El intercambio está en nuestro ADN, pero también lo está el enfrentamiento. En nuestra mano está elegir cuál de las dos historias queremos escribir. 

Suscripción a la Newsletter Enviar