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{CULTURA / FOTOGRAFíA}

Y palpar el retrato

César Ceniceros expone su serie de fotografías 'Two years after' en el Centro Caja Rioja Gran Vía

César Ceniceros mantenía una batalla fotográfica con los primeros planos. No obtenía, por mucho que insistiera, el resultado que perseguía. Ahora, mientras recorre las imágenes que componen ‘Two years after’, la exposición que acoge el Centro Fundación Caja Rioja Gran Vía de Logoño, recuerda que aquella motivación se transformó en un reto, en un desafío. “Trabajé –describe- con diferentes tipos de iluminación, cambié la forma en que utilizaba la luz hasta ese momento en busca de encontrar lo que buscaba en los retratos de primer plano”. Entre finales de 2014 y principios de 2015 encontró el camino sobre el que exploraba desde hacía tiempo. Ahí surgieron esos primeros planos que trasladaban la idea que el imaginaba a través del objetivo de la cámara. “Encontré la senda a seguir –detalla- desde una iluminación liviana, nada fuerte, y los fondos blancos”.

 

Antes de las series de retratos que componen ‘Two years after’, Ceniceros apunta que su fotografía destacaba por “una iluminación fuerte que buscaba expresiones fuertes de las personas retratadas y con una composición de planos medios, más abiertos. Intentaba realizar primeros planos pero no me salían”. Si echa la vista atrás, César recuerda que fue una colección de diapositivas de ambiente riojano las que encendieron la chispa de su afición por la fotografía. “Tendría 15 años, aquellas imágenes me encantaros y comencé a aprender a revelar”. Fue ya con 25 años, cuando regresó a Logroño tras estudiar fuera de la capital riojana, cuando comenzó a adentrarse en la fotografía más a fondo. “Aprendí a hacer copias, a conocer los tipos de papeles que existían y sus utilidades –señala- y también habilité un espacio en mi casa para las cubetas, para la ampliadora, ya me lo tomaba en serio”.

 

Resalta que la fotografía siempre ha sido para él una afición. “Nunca la he contemplado como algo profesional”, aunque apunta que desde que comenzó ha disfrutado de periodos de continuidad y otros de intermitencia. “La enfermedad –César Ceniceros está trasplantado de riñón (la muestra la coorganiza la Asociación Alcer)- no siempre me ha permitido esa continuidad que siempre te gusta tener. En los tiempos de buena salud he podido dedicarle más tiempo y esa continuidad facilita seguir un proceso”. 

Ceniceros no sólo quiere retratar un rostro, sino que la fotografía descubra a la persona que aparece en la imagen, que describa su personalidad, que cuente quién es. “Lo primero es hablar con la modela –explica- después en el estudio son alrededor de cuatro horas de trabajo, en las que antes de realizar las fotografías es preciso buscar la iluminación adecuada a cada piel, a cada color de pelo. Es cierto que cada vez tienes más experiencia y cada sesión es un aprendizaje”. 

 

En ‘Two years after’, los retratos coinciden en el primer plano pero juegan con estilos diversos. Hay imágenes rock&roll, futuristas, clásicas e incluso cercanas al arte pop. “Poco a poco –indica Ceniceros- de los fondos en blanco con los que conseguí los primeros retratos en primer plano que me dejaron satisfecho del resultado he evolucionado hasta que el color ha sido protagonista. Empecé a jugar con contrastes de color y poco a poco su protagonismo se ha intensificado”.

César aconseja acudir, como él ha hecho en infinidad de ocasiones, a los fotógrafos de cine para aprender a jugar con la iluminación. “Cuando se trata de realizar retratos –dice- los iluminadores cinematográficos son unos grandes maestros”.

 

La fotografía ha evolucionado tecnológicamente enormemente en los últimos años. “Mi primera cámara fue una Praktica. Aún la tengo. La primera foto que realicé con esa cámara fue de una cascada en la sierra riojana. Recuerdo que salió un poco movida y me la criticaron un poco…”. Ahora, no tiene dudas. “Voy a seguir con este tipo de fotografía, con los retratos. Quizá, no tanto primeros planos y con el reto de la fotografía en exteriores. También quiero continuar experimentando con el color en el estudio, porque el trabajo en el estudio me sigue gustando”. Un día, dos años atrás, todo encajó cuando Bianka Szamosi se situó frente a la cámara de César Ceniceros. Un primer plano sobre fondo blanco y pinceladas de color serpenteando, un rubio flequillo, unos labios fucsia y unos ojos azules... la batalla había concluido./Javi Muro

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