1337

{CULTURA / FOTOGRAFíA}

Lo infraordinario y el ruido de fondo de los instantes cotidianos

El fotógrafo Raúl Urbina expone 'Chicago impediré que el viento salga' en la Sala Amós Salvador

Suena Jazz. Quizá se trate de Johnny Griffin, de Gene Ammons o Eddie Harris. Nada nos impide imaginar que nos encontramos en el Green Mill –uno de los locales míticos de Chicago- tras callejear todo el día por la ciudad del viento, los rascacielos y el jazz. Si lo imaginas es real dijo alguien que debía entender lo suficiente sobre la facultad de transformar la fantasía en verdad. Enfrente, la fotografía retrata a un chico sentado con el saxofón descansando sobre sus piernas. Parece encontrarse en la pausa de su actuación –quizá, se encuentre en el mismo garito, el Green Mill, que antes hemos esbozado sin haber estado nunca allí-, mientras a su espalda una pareja se besa y al fondo una chica, la trompetista de la banda, observa divertida al fotógrafo. El fotógrafo es Raúl Urbina y Chicago late ahora inquietante desde la extraordinaria serie de fotografías que acoge la Sala Amós Salvador de Logroño.

 

Urbina ha reunido en ‘Chicago. Impediré que el viento salga’ el relato fotográfico de una ciudad a través de las calles, el clima, la nieve y la noche; también de sus edificios –los rascacielos con firma y los otros- de los trenes y su viajeros, de la gente que respira día a día en la capital del Estado de Illinois. “Es la visión de la ciudad desde mi punto de vista –describe Urbina-, desde una perspectiva de cotidianeidad”. El fotógrafo madrileño llegó por vez primera a Chicago en viaje personal y “casi sin proponérmelo empecé a fotografiar”. Cuenta Urbina que la chispa que le condujo hasta la fotografía saltó tras ver una exposición de Richard Avedon. Después ya no pudo separar su mirada del objetivo de una cámara. Fue ayudante de Chema Conesa, trabajó para El País y para diferentes agencias. Ahora, ha fijado su interés en la fotografía artística. “El resultado fotográfico no es el único objetivo –detalla- sino un medio para conseguir establecer una narración abierta, dejando la interpretación final al espectador”.

 

Raúl Urbina acompaña de textos –de los que también es autor-, sus imágenes. Reitera que la fotografía siempre sucede primero. “Es después, durante el proceso creativo, cuando van surgiendo las palabras”. Es, de alguna manera, una forma de absorber con mayor intensidad lo retratado a través la cámara. “Acero y hormigón mezclan sus raíces haciendo sonar las vías del tren. No recuerdo las primeras fotos. Quizá, sea el sonido del obturador el que me da tanto respeto y me produzca amnesia visual”. El pulso de la ciudad se acelera, los raíles por los que circula el tren de cercanías se difuminan ante la mirada del fotógrafo. “Chicago es una gran metrópoli, una ciudad cosmopolita, pero –señala- a diferencia de Nueva York es una ciudad muy americana”. 

El catálogo de la exposición recuerda que “dentro del desarrollo del género de la fotografía urbana, París y Nueva York han sido las ciudades que más interés han despertado. A través de las imágenes de estas dos grandes urbes hemos sido testigos de las transformaciones sociales, políticas y culturales que ha tenido lugar desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. Chicago, a pesar de no haber tenido tanto protagonismo, a partir de su increíble desarrollo urbano y arquitectónica, ha sido también un centro de atención para los fotógrafos”.

Un hombre atraviesa la calle. Quizá va a trabajar. El vaho escapa de su capucha. El invierno en Chicago debe de ser duro. Un chico abre camino en la acera con un escobón tras la nevada. La nieve y el frío aparecen retratados también en las fotografías de Urbina. También esos barrios de la ciudad a los que el diseño no ha llegado, la ciudad subterránea, la de los callejones, bebederos, urinarios, cabinas telefónicas de moneda y restaurantes –comida y licorería- situados en cruces atravesados por calles que no conducen a ningún sitio. Calles estrechas en las que de madrugada tan sólo luce el anuncio publicitario insertado en la pared.

 

‘Chicago. Impediré que el viento salga’ es fruto de cinco años de trabajo y varios viajes. “Urbina es de esa clase de hombres –asegura el catálogo de la muestra- que colecciona sus propios sueños y todo aquello que nunca se mira, porque estamos o creemos estarlo, demasiado acostumbrados a verlo, es decir, lo infraordinario, el ruido de fondo de cada instante de nuestra cotidianeidad”. La cámara como punto de partida para establecer conexiones poéticas.

Las escaleras metálicas conducen, tras varias revueltas, hasta el andén. El contrapicado de la imagen de Urbina revela un Chicago a varias alturas. La mirada del revisor a través del ventanuco de la puerta del tren un instante antes de partir en busca de la siguiente estación parace viajar en dirección opuesta. Para los sueños y las preocupaciones no existen paradas establecidas. Como apunta el catálogo “hemos nacido y crecido en ciudades, respiramos en ciudades. Ese territorio urbano aparentemente caótico es una síntesis organizada de las cosas, objetos, personajes, historias, una reunión de todos los fragmentos, donde cabe todo, donde se relaciona todo, pero donde todo es relativo. La ciudad es en realidad una metáfora del mundo”.

Afuera, en la calle, un hombre almuerza frente a la gran cristalera de la cafetería, su mirada serpentea entre las ranuras de los estores. Una mujer con un abrigo de piel pasa frente al café, su apariencia no consigue esconder su verdadera historia, ni sus cicatrices. Cruza la calle un joven con un gorro de lana en el que puede leerse bordado ‘Obama’. Nostalgia de otros tiempos o quizá eran otros tiempos. “Doblo la esquina sin rumbo fijo”, escribe el fotógrafo. Las ramas de los árboles del parque son zarandeadas por el viento. Alborotadas ofrecen una visión intermitentes del skyline de Chicago. La ciudad no descansa.

 

En la gran fotografía que recibe al visitante al acceder a la Sala unas escaleras descienden hacia el Chicago River, cerca de Madison Street, en pleno centro de la ciudad. La imagen atrae y ejerce de invitación a descubrir las diferentes encrucijadas de la ciudad. “No sé qué habrá detrás de la siguiente esquina. La ciudad no te deja que te lleves su alma, tienes que trabajarte donde quieres transportarla”. Sopla el viento, y como anota el fotógrafo “la sombra se desplaza por la ciudad, muere el sol”. Suena jazz./Javi Muro.


Entrevista a Raúl Urbina. Aquí.

* ACTIVIDADES ENTORNO A LA EXPOSICIÓN. “LOS SÁBADOS SON DE AMÓS”

Sábado 13 de mayo, 12:30 h, visita guiada por el propio artista a la exposición. Plazas limitadas. Imprescindible   Inscripción previa 941259202 o salaamossalvador@logro-o.org. (Se obsequiará a los asistentes con un catálogo de la exposición).

 

- Chicago, la fotografía, la ciudad y el jazz. Todos los sábados a las 12:00 h visita didáctica a la exposición. Actividad dirigida a público general y familiar. Entrada libre.

 

Todos los sábados por la tarde Amós suena a Jazz .Puedes visitar la exposición, en horario de 18:00 a 21:00 h, escuchando una selección de la mejor música jazz.

 

-¿Quieres conocer todos los secretos de la música jazz en Chicago? El   sábado 17 de junio, a las 12:00 h visita didáctica  a cargo de Jesús Pérez-Caballero, programador del Festival de Jazz de Cultural Rioja. Actividad dirigida a público infantil, juvenil y familiar. Plazas  limitadas. Imprescindible Inscripción previa en el tfno: 941 259 202 o  salaamossalvador@logro-o.org 

 

Suscripción a la Newsletter Enviar