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{CULTURA / FOTOGRAFíA}

La óptica y la poética de lo ordinario, cuando todos fotografían el detalle y el paisaje se pierde

Dmitry Lookianov expone 'Intrinsic Journey' en PhotoEspaña

Define el fotógrafo Dmitry Lookianov de “viaje psico-geográfico” su trabajo que bajo el título ‘Intrinsic Journey’, que hasta el 8 de septiembre se expone en Málaga en el marco de PhotoEspaña. Son 27 imágenes con la firma del galardonado fotógrafo ruso (Krasnodar, Rusia, 1983). Dmitry Lookianov fue seleccionado el pasado mes de mayo entre más de un centenar de fotógrafos rusos en el visionado de obras organizado por la Fundación Ankaria y PHotoESPAÑA en el Multimedia Art Museum de Moscú. Con esta actividad, que se repite año tras año en diferentes ciudades del mundo, las dos instituciones se proponen descubrir para España nuevos talentos de la fotografía. 

 

Dmitry Lookianov es graduado en fotografía por la Escuela Rodchenko de Moscú y ganador de los premios ‘Silver Camera-2015’ y del Premio Parmigiani Spirit. Además, ha participado en numerosas exposiciones colectivas y festivales en Rusia y en otros países. Su exposición individual ‘DKdance’ se mostró como parte de la ‘Photobiennale’ del X Moscow International en 2014, y en 2015 terminó de trabajar en el proyecto ‘Instant Tomorrow’, que se ha exhibido en numerosas ocasiones en ciudades de Europa. En el mismo año, la editorial berlinesa Peperoni Books publicó un libro con igual título.

 

Las fotografías que componen ‘Intrinsic Journey’ forman parte de una colección mucho más amplia, resultado del viaje de investigación que realizó el artista entre 2012 y 2017 a casi cuarenta ciudades rusas. “Todos los lugares -describe Lookianov- las vistas turísticas y las afueras de una ciudad de provincias, con edificios típicos, son elementos casi idénticos de la superficie de la tierra habitada”. Sin embargo, “en su lente -resalta el catálogo de la muestra- cada una de estas imágenes representa una búsqueda de la estética, a pesar de que este concepto resulta muchas veces inaplicable a las naturalezas que selecciona”. 

 

En un momento en que la fotografía se ha popularizado y está al alcance de todo el mundo mediante los teléfonos móviles y las cámaras digitales, Lookianov percibe que “la gente tiende a ver lo extraordinario que sucede en el paisaje: los detalles, aquello que es bello, aterrador o llamativo en él, pero no el paisaje en sí mismo. Los detalles han reemplazado a todo y eso ha hecho que se pierda la totalidad del paisaje; éste se ha vuelto invisible”.

 

Entre los años 2012 y 2017, Dmitry Lookianov recorrió cuarenta ciudades por toda Rusia. Partió el artista de la tesis de que la visión que tienen los turistas de los lugares y ciudades que visitan, incluidas las afueras de las típicas urbes de provincia, con sus típicos edificios, resultan iguales en cualquier lugar del planeta. “De esta manera, esos paisajes tan comunes son los que capta la lente del Dmitry, y cada una de sus fotos representa una búsqueda de lo estético, donde el propio concepto de “estético” resulta inaplicable”. 

“El “boom” visual que se vive en la actualidad nos revela una idea clara: la gente solo ve lo que está en su entorno y tiende a registrar lo inmediato -remarca el fotógrafo-, gracias a nuevas disciplinas visuales, artes y técnicas. Sin embargo, el espacio está a su alrededor, en todas partes. Viajar es hoy una actividad barata, rápida, ningún sitio está muy lejos, y todo ello ha multiplicado extraordinariamente el turismo en el mundo. En este contexto, surge un interrogante: ¿Es difícil ver (no mirar) y registrar algo de esta manera? La respuesta es rotunda: es difícil”.

 

A modo de ideario estético, el propio Dmitry platea sus revelaciones: “Demasiadas cosas que llaman mi atención y se quedan en mi retina. Demasiadas personas presionando los botones de una cámara. La jerarquía en el mundo de la cultura ha colapsado. La pirámide de los elegidos ha caído y se ha derrumbado y los fragmentos han rodado sobre la superficie de la Tierra. Han llegado a todos. Una vez, todavía lo recuerdo, mis ojos vieron muchas cosas, pero prestaron atención únicamente a elementos seleccionados, buscaron y registraron solo lo que era especial, reconocido y con corazón. Al menos, en un radio pequeño. Sólo esto parecía tener significado y valor. La fotografía era un oficio y un arte. Yo también aprendí eso como geógrafo. Nos enseñaron a ver, entender y grabar el paisaje como científicos”.

 

Dmitry Lookianov hace fotos de lugares vividos que parecen triviales en un primer momento, porque todos vivimos inmersos en un paisaje. Pero esta aseveración no es del todo verdad. Hay cosas tan familiares y tan arraigadas en nuestro pensamiento, en el tejido de nuestra consciencia, que es muy difícil poder percibirlas. En un paisaje, la gente ve escenarios que son fruto de su experiencia mirando pinturas. “Vemos lo que es especial, extraordinario, bello, aterrador, sorprendente, rostros, escenas, monumentos…señales. Sin embargo, no vemos el paisaje en sí, vemos los detalles que lo reemplazan. Y lo hacemos de acuerdo con nuestro estado de ánimo o con nuestra valoración, siguiendo un modelo o destruyéndolo, con admiración o con horror. Todo se reduce a amar u odiar. Y de esta manera, cortamos el paisaje en segmentos, lo clasificamos, seleccionamos y evaluamos, y lo decoramos con perspectiva, tecnología y técnica”.

 

“Los detalles -lamenta el fotógrafo- han reemplazado, expulsado y desterrado todo de nuestra cultura. La totalidad del paisaje se ha perdido, se ha vuelto invisible. Y en este contexto, el paisaje se nos aparece, se nos presenta como un fenómeno. Dividir el paisaje en marcos es como cortar una piedra preciosa: el valor se reduce”.

 

Frente a esta visión dominante, Dmitry ve el paisaje como un todo. “Es así como lo entiende -recuerda el catálogo-, si bien el resultado final debe juzgarlo cada uno. Él deja que aparezca el fenómeno y espera. Su intención es mostrar el paisaje tal y como es, no sus particularidades. Su existencia completa, no momentos específicos. El paisaje es ordinario, como la vida misma, pero en la óptica de Dmitry está vivo y vibrante. Dmitry no embellece la vida, ni la expone. No es ni admirador ni indignado”.

Recuerda el catálogo que “Dmitry ve en el paisaje lo que realmente es: algo físico, con forma, en lo que concurre una combinación de detalles, donde existe conflicto, contraste, incompatibilidad, conjugación, aspectos no aleatorios… Regularidad. El hombre y las huellas de su vida: amistad o enemistad del hombre en y con el lugar. Ve contornos, colores, luces, sonidos y olores. Observa el paisaje no como una escena “para” algo, sino como el tejido mismo de la vida”.

 

En el mundo de la cultura ha habido inversiones vertiginosas. Lo exótico se ha convertido en algo común. Mientras que las características únicas de la isla de Bali son conocidas, comprendidas, registradas, mostradas, la vida en el paisaje de nuestro vecindario nos resulta incomprensible y misteriosa. Cerca y lejos han cambiado de lugar. Nadie ha visto realmente el corazón de Rusia Central, han visto Kamchatka. Hablo con confianza, porque conozco ambos territorios. Lo ordinario, lo cotidiano y lo cercano se ha vuelto distante, exótico y raro.

 

“Dmitry fotografía precisamente estas rarezas invisibles. La óptica y la poética de lo ordinario. Cuando todos inventan versos, creen que ya es poesía, pero lo auténticamente asombroso es que la prosa se convierta en poesía”./SPOONFUL

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