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{CULTURA / FOTOGRAFíA}

Chernóbyl, el lugar maldito y el arte para relatar la tragedia

El fotógrafo David MacMillan retrata el lugar devastado, el tiempo y el poder de la naturaleza

El 26 de abril de 1986 la central nuclear Vladimir Ilich Lenin sufrió un grave accidente. Situada en el norte de Ucrania -en aquellos días integrada en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS)-, 30 kilómetros de la localidad de Pripiat y a 18 de la ciudad de Chernóbyl, el accidente está considerado uno de los grandes desastres medioambientales de la historia de la humanidad. La serie creada por Craig Mazin para HBO, basada en el libro ‘Voces de Chernóbil’, de Svetlana Aleksévich, ha trasladado a la memoria la tragedia sucedida 33 años atrás. Y lo ha hecho situándose -al menos para muchos espectadores- en el Olimpo de las mejores series de lo que se conoce como la Tercera Edad de Oro de la Televisión -The Wire, Los Sopranos, Breaking Bad, El ala oeste de la Casa Blanca, A dos metros bajo tierra, Juego de Tronos, o la primera temporada de True Detective. ‘Chernóbyl’ cuenta -a través de cinco episodios- la historia de las personas responsables del accidente y de quienes respondieron a la catástrofe. Un relato, en este caso centrado en la propia central nuclear y su entorno, que ha seguido de forma constante el fotógrafo David McMillan. 

 

En noviembre de 1986 McMillan se aproximó por primera vez al escenario de la explosión del reactor nuclear. Desde 1994 ha visitado en 22 ocasiones Chernóbyl. Fascinado -asegura- por los paisajes caóticos. Allí, en ell entorno de la central nuclear conviven enormes espacios -inicialmente la explosión afectó a 155.000 kilómetros cuadrados-, aún rezumantes de radioactividad. A través de su cámara, el fotógrafo ha retratado la evolución de un lugar maldito, haciendo hincapié en lo que fue. Un homenaje al paisaje y los habitantes de la zona, sirviéndose del arte para relatar la tragedia. 

 

El trabajo fotográfico de MacMillan comenzó recorriendo las áreas calificadas con pocas restricciones. Acudió sólo. Allí coincidió con un científico que estudiaba los efectos de la radioactividad. Año tras año, regresó a Chernóbyl retratando los lugares fotografiados anteriormente y ampliando la zona de visita. Comprobó cómo la naturaleza da cuenta, poco a poco, de la ‘civilización’ en estado de abandono. En las sucesivas incursiones en la zona contaminada, Mac Millan se hizo acompañar de un guía, que le aconsejaba sobre cuánto tiempo podía permanecer sin riesgo en una determinada área. Después, el fotógrafo adquirió un medidor Geiger.

 

El libro 'Growth and Decay – Pripiat and the Chernobyl Exclusion Zone' (Crecimiento y decadencia: Prípiat y la zona de exclusión de Chernóbil),  publicado en las ediciones Steidl, presenta en imágenes una colección de lugares abandonados, objetos cotidianos y retratos de habitantes de la zona así como distintas fotografías que muestran flores que vencieron a la muerte y la devastación y lograron crecer en la zona, así como diferentes objetos hallados en el lugar. Habla MacMillan de un mundo invisible. Las primeras personas con las que coincidió en la zona eran antiguos habitantes del lugar, personas que hicieron las maletas para una ausencia de poco más una semana sin saber que dejaban atrás para siempre las que hasta la fecha eran sus vidas. Retornaban en busca de recuerdos, de ese algo al que agarrarse cuando la tragedia sobreviene de improviso. En sus fotografías, David MacMillan perseguía algo más que el trabajo documental. Anhelaba contar el antes, el después, y como él mismo ha señalado al presentar su libro, el mucho después. Y hacerlo desde una perspectiva artística. Un punto en el que puede surgir el debate moral. ¿Se puede apreciar la belleza en la tragedia? MacMIllan no duda. Apela a Tolstoi. Quizá la respuesta también se encuentre en ‘Chernóbyl’, la serie de televisión… ¿es un buen relato?, ¿es un bello relato? ¿Todo lo bello tiene que ser bonito?/Javi Muro

 

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