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{CULTURA / EXPOSICIONES}

Learoyd y la intensidad psicológica de la fotografía con cámara oscura en época de imágenes triviales

Richard Learoyd (Nelson, Reino Unido, 1966) es uno de los fotógrafos contemporáneos más interesantes en la actualidad. La obra de Learoyd hunde sus raíces en el pasado y tiene múltiples referencias a la historia de la pintura, tanto por los temas como por la técnica. Sus fotografías en color y en blanco y negro son resultado de un proceso artesanal con una cámara oscura construida por él mismo. Ahora, la madrileña Sala Fundación Mafre Bárbara de Braganza acoge 'Richard Learoy', una exposición -más temática que cronológica- que recorre los paisajes, retratos y las naturalezas muertas del fotógrafo británico.

 

"Richard Learoyd ha sido reconocido -resalta el catálogo de la muestra- por las obras fotográficas únicas que ha realizado durante más de una década y que consisten, principalmente, en retratos de modelos vestidos o desnudos hechos en su estudio, pero también ha abordado otros temas: fotografía de animales, paisajes o espejos oscuros. Todos ellos reciben la misma atención seria y tierna. Muchos de los animales ya no están vivos, están envueltos en alambres o tensados mediante hilos para ser examinados. No son el material de un bodegón habitual, sino que se trata de experimentos, con frecuencia juguetones y prolongados con objetos ordinarios y a menudo poco comunes. Los espejos son quizás los más abstractos: parecen constelaciones del espacio exterior profundo".

 

Learoyd lleva aproximadamente veinte años realizando fotografías con su cámara oscura: una gran cámara de estudio de diseño propio basada en antiguos principios ópticos. Un instrumento le ha permitido hacer fotografías que poseen una cautivadora singularidad en una época en que la fotografía resulta trivial y abundante. "Las personas que protagonizan sus imágenes parecen habitar un mundo de una intensidad psicológica particular y son examinadas bajo una luz extraordinariamente cristalina y distintiva". Incluso los sujetos –en ocasiones bastante inusuales– que elije para sus naturalezas muertas poseen una belleza y una quietud excepcionales, evocadoras.

 

Las fotografías que realiza con su cámara oscura son tan grandes como la propia cámara. Tanto tomar estas fotografías como observarlas requiere una manera de mirar más detenida y atenta, "una actividad más contemplativa que la inmediatez con la que solemos ver y fotografiar el mundo". La cámara de Learoyd es de grandes dimensiones, y a la vez bastante flexible, buscando la movilidadl a pesar de las ciertas limitaciones que conlleva. En su proceso creativo, Learoyd tras componer la imagen, coloca en la parte posterior de la cámara una hoja de papel fotográfico, del tamaño de la propia máquina, y crea una copia única. "A pesar de su complejidad, esta tecnología le permite realizar obras muy características que poseen una calidad insólita de luz y de color. En estas fotografías no hay nada fortuito".

 

Recientemente, el fotógrafo inglés ha expandido su horizonte tecnológico diseñando una cámara que puede ltrasladar al exterior para hacer un número limitado de impresiones no únicas. "Una vez más, no tienen nada que ver con cualquier otra fotografía que hayamos visto antes y se centran en una generosa variedad de temas. Liberado en el mundo exterior, Learoyd ha fotografiado lugares muy conocidos, como el valle de Yosemite, en California, y también territorios menos familiares en Europa del Este. Estas nuevas imágenes parecen examinar la situación del mundo moderno, arrebatadoramente hermoso y a la vez potencialmente destructivo. Representan una liberación de las limitaciones anteriores impuestas por su proceso autodefinido y son solo el principio de una nueva visión de un mundo más amplio".

Richard Learoyd también ha combinado el blanco y negro con las fotografías a gran escala, llegando a desplazar su enorme cámara al exterior para fotografiar paisajes y viejos edificios que localiza en pequeñas ciudades de Europa del Este. En algunos casos, regresa al mismo lugar para fotografiarlo en diferentes estaciones del año.

 

Antes de experimentar con las mágicas imágenes en color por las cuales es hoy reconocido, Learoyd era un fotógrafo de paisajes que hacía fotografías clásicas en blanco y negro. "Mientras trabajaba para refinar su proceso, las imágenes se iban haciendo cada vez más complejas. Sus primeros trabajos experimentales en blanco y negro se parecían mucho a las fotografías que hacía en color: por ejemplo, los retratos de Agnes desnuda y el grupo de urracas atrapadas en hilos. Estas fotografías fueron producidas en el estudio. Cuando se trasladó al exterior descubrió una discreta y misteriosa bolsa con redes de pesca en una playa de Portugal (Los pecados del padre); y también ideó un retrato familiar delante de una casa señorial (La familia Von der Becke), una imagen más ambiciosa en cuanto a composición. Últimamente ha ido incluso más allá: hasta un paisaje lunar desértico en la isla de Lanzarote y hasta las formas arquitectónicas híbridas en Europa del Este (Gdansk,Polonia). También colecciona coches quemados en Estados Unidos, que guarda en un almacén en Texas para fotografiar sus carcasas como metáforas del presente inquietante, especímenes de algún tipo de holocausto".

Aunque las personas que muestra en sus fotografías de estudio parecen muy contemporáneas, como si se hubieran sentado ahí hace un momento y estuviesen esperando a que acabe de ajustar su curiosa y voluminosa cámara, estas figuras también poseen una cualidad atemporal que recuerda al arte del pasado. "Desde la Antigüedad, la expresión visual ha estado dominada tanto por el retrato como por la pintura de figuras. En museos de todo el mundo se encuentran imágenes de personas vestidas, desnudas o sentadas pacientemente mientras un artista describe el elaborado bordado de un vestido o la tez particular de una hermosa joven. Además de fijarse en los grandes artistas del Renacimiento, Learoyd ha estudiado a pintores del siglo XIX, como Jean-Auguste-Dominique Ingres, un retratista especialmente elegante. Ingres también fue un gran maestro del desnudo y algunos de los cuadros que creó resuenan en las imágenes de figuras del fotógrafo".

A pesar de que las fotografías de Learoyd establecen un diálogo con las obras de los pintores prerrafaelitas ingleses, es la fotógrafa victoriana Julia Margaret Cameron quien tiene para él una importancia singular. "Tan relevante como estos precursores artísticos es la distintiva personalidad de Learoyd, que transforma lo que él elige fotografiar con su particular forma de percepción. Los estudios de figura de Learoyd y sus retratos están especialmente alineados con el presente: la sensación de lejanía, las emociones interiorizadas y la extraña belleza de los cuerpos son testimonios de un presente lleno de inquietud".

 

A Learoyd siempre le ha interesado la creación de naturalezas muertas, aunque las suyas sean sustancialmente distintas a muchas de las expresiones clásicas de este género en la historia del arte. "En los Países Bajos, las pinturas de bodegones del siglo XVII eran con frecuencia un despliegue de objetos de lujo y muchas incluían símbolos del paso del tiempo, como extravagantes ramos de flores con insectos ocultos. Las obras del célebre pintor francés del siglo XVIII Jean Siméon Chardin ponían en valor los placeres simples de una vida modesta: cerezas recién cogidas en un plato o un pan sobre una mesa representada con precisión y exquisitez. Pintores posteriores, del impresionismo en adelante, han dispuesto también objetos en sus estudios para poder analizarlos: a Paul Cézanne y sus seguidores modernos les gustaba distribuir manzanas sobre la mesa. Tradicionalmente, las naturalezas muertas han exigido emocionalmente poco a sus espectadores".

Learoyd ha repensado la naturaleza muerta, "dando especial énfasis al significado del término: estas son fotografías de vidas que han sido detenidas. Algunas guardan parecido con imágenes con las que estamos ya familiarizados: la rama arrancada con manzanas silvestres, por ejemplo, aquí parece inusualmente cargada y fortuita, como si acabasen de arrancarla de un jardín para ser fotografiada en un interior. Otras son a la vez hermosas e inquietantes: una cabeza de caballo seccionada, con su pelo blanco y lustroso y el ojo muerto brillante y oscuro en claro contraste con el rojo intenso de la sangre del cuello". Learoyd también ha dispuesto urracas y cisnes como decoraciones colgantes; presentados de un modo fantasioso, pero muertos. "Algunas de sus imágenes más originales son formas híbridas que él mismo ha esculpido con seres que una vez estuvieron vivos".

 

Recuerda el catálogo de la muestra que la exposición de la Sala Mafre de Madrid presenta a Richard Learoyd "en el punto álgido de su trayectoria, con una selección de 45 obras en color y en blanco y negro que resume lo mejor de su trabajo realizado a lo largo de una década. En la muestra también se incluye uno de los paisajes realizados en España -en Lanzarote-, resultado de un encargo de Fundación MAPFRE y que se incorpora a la Colección de Fotografía de la Fundación, que ya cuenta con otras dos obras del artista". La obra de Learoyd ha sido expuesta recientemente en el Victoria & Albert Museum de Londres (2015) y en el J. Paul Getty Museum de Los Ángeles (2016). Sus fotografías se encuentran en colecciones de los principales museos del mundo, entre los que destacan el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, el Centre Pompidou de París, el Victoria & Albert Museum y la Tate de Londres, el San Francisco Museum of Modern Art, el Nelson-Atkins Museum of Art de Kansas City (Misuri) o la National Gallery of Canada de Ottawa, así como en otras importantes instituciones y en numerosas colecciones privadas. /SPOONFUL

 

 

 

 

 

 

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