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{CULTURA / EXPOSICIONES}

'Necesito ser el primer sorprendido por mi obra'

Demetrio Navaridas, artista polifacético e impulsor de vocaciones creativas

Demetrio Navaridas es un artista polifacético e impulsor de vocaciones creativas. Desde su estudio en el centro de Logroño imagina y recrea sus obras, ya sea a través de la pintura, el dibujo, la fotografía o el vídeo, al tiempo que agita el espíritu artístico de los alumnos que cada día acuden a su taller. En su carrera ha apostado siempre por la ruptura de estilos permanente y la búsqueda de técnicas nuevas que le permitan avanzar. Cuando echa la vista atrás, a sus comienzos, y los compara con el tiempo que viven sus alumnos, recuerda aquella frase que les decían en casa a quienes como él decían dirigir su vida por el camino del arte: “Tu nos quieres volver locos”. Ahora, reflexiona, “el acceso al arte universal es mucho más fácil; incluso puede que haya cierta saturación”./Javi Muro


S.- ¿Cómo te defines? ¿Pintor, dibujante, escultor, video artista, fotógrafo… artista?

En mi generación es algo bastante común trabajar en diferentes disciplinas. Pertenezco a la generación de la Escuela de San Fernando de Madrid en la que, en aquel momento, el ingreso se realizaba por medio de un examen de quince días y tres horas al día de pruebas. Era una auténtica oposición, de hecho me examiné junto a seiscientos cincuenta individuos y entramos diecinueve. Era algo extremo. Era un momento en el que el dibujo para entrar en la escuela tenía que ser una auténtica fotografía, primaba el dibujo de aspecto absolutamente renacentista. Por otro lado, en Madrid, todo lo que veía, todas las exposiciones que visitaba, eran prácticamente abstracción. En aquel momento estaba pegando todo el arte de Genovés, Rivera, Canogar, Tapies… Todo lo que se veía en Madrid en las grandes salas –entonces había alrededor de ciento sesenta salas, entre el 72 y el 79- era abstracto. Por eso creo que todos los artistas que comenzábamos en aquella época éramos un poco ‘ambi artistas’; es decir, por un lado teníamos un formación absolutamente académica, realista y fotográfica, pero por otro lado, lo que mamábamos, lo que apreciábamos, era la abstracción que en aquella época llevaba la bandera de lo que podía identificarse con ese intento de salir de la dictadura.


S.- ¿El momento histórico influía?

Era el momento en el que casi todos los grandes artistas estaban, por así decirlo, en una pintura protesta. Esa ambivalencia nos quedó marcada a todos nosotros. Éramos gente que tan pronto estábamos metidos en la pintura, como en el grabado o las proyecciones. Íbamos a la escuela a realizar las primeras instalaciones, que aún no eran visibles porque se realizaban prácticamente a nivel interno. Era el tiempo de las primeras interconexiones de arte, conectando con gente de la música, de la danza. Comenzábamos, de alguna manera, a integrar todo lo que con el paso del tiempo ha generado artistas multidisciplinares.


S.- ¿Cómo y por qué  empiezas a interesarte por el mundo del arte?

Pues porque la vida ha venido así. Cuando empecé aquí, en Logroño, no había tele casi, no había tele ni en los bares, no había revistas de arte, lo único que encontraba para satisfacer un poco mi curiosidad era acercarme a alguna librería para ver si tenían algo de Gustavo Lili, aquellos mini libritos monográficos de un solo artista, era lo único que podías encontrar. Comenzó a publicarse por aquella época la revista ‘Arte Fotográfico’ y también ‘Arquitectura’, que solía sacar artículos de arte, sobre todo de escultura. Todo era muy incipiente. Así como nosotros nos la veíamos caninas para encontrar información gráfica de arte, ahora, existe un exceso tan increíble de información que igual es tan atosigante como la falta de ella. Hoy, es prácticamente imposible canalizar toda la información existente, no puedes llegar a toda.


S.- ¿Desde niño estabas ya con los lápices de colores?

Sí. Hazte una idea, con nueve o diez años ya estaba en el último curso de la Escuela Nacional, cuando entonces lo normal era que estuvieran chicos con trece o catorce años. Yo era un poco como su mascota. Poco a poco, casi sin querer, ves que te van empujando a seguir en esto del arte porque en la clase ven que dibujas bien...  Y llega la época del Bachiller y ahí conozco a Emilio Moreda, que fue el primer profesor de dibujo que tuve. Emilio Moreda en cuanto me vio hacer el primer dibujo se entusiasmo conmigo. Tenía diez años y Emilio Moreda venía todos los días y todas las noches a casa de mis padres a ver mis dibujos y charlar un poco conmigo. Para mí fue una especie de guía. A partir de ahí acudía más a ver exposiciones, y más motivado aún, porque ya antes con siete años me iba a ver las muestras de la Caja de Ahorros. Tenía como rutina ir a ver la sastrería de Blanco Lac, que estaba al principio de la calle Portales (Logroño). Blanco Lac tenía la costumbre de poner todos los fines de semana en el escaparate un par de apuntes nuevos, algunos de los que había realizado durante la semana. Eran de un tamaño poco más que un folio. Para mí era la visita obligada de los domingos. Por aquella época tenía la sana costumbre también de leer todos los comics que circulaban por la península. Al lado del bar familiar había una tienda de periódicos y revistas e intercambiaba mi buen servicio con los cafés –bien calientes- con el permiso para leer los comics que llegaban. De aquellos días viene mi manía de jamás doblar las páginas de un libro o una revista. Los tebeos eran para mí la oportunidad de poder ver el universo.


S.- También el cine, ¿no?

Los tebeos y el cine. Todos los domingos me metía una película por la mañana, en la matinal, y dos o tres por la tarde. Era la puerta al mundo. El cine era absolutamente maravilloso, era el lugar maravilloso donde concentrarte en ti mismo, en tus pensamientos, en los paisajes, en las realidades de otros países. Era un banco de imagen.


S.- ¿Encontrar un camino, un estilo es esencial para un artista?

Creo que no, porque  hay artistas que persiguen ese rumbo y los hay que no. Desde muy chico me llamaban la atención artistas esenciales como Picasso y Miró; era dos grandes genios pero también representaban dos maneras diferentes de concebir el arte. Miró prácticamente desde sus primeras etapas se embarcó en un estilo absolutamente suyo, e incluso personal, propio, y diría casi imposible de seguir. No dejó puertas abiertas. En cambio, estaba Picasso que para mí representaba la ruptura permanente con todos los estilos ya desarrollados. Ese es el que me gustaba, el que me gusta. De hecho, creo que todas mis exposiciones han sido como óperas únicas e incluso realizadas para lugares concretos y únicos.


S.- ¿Hay un proceso de ruptura con el siguiente proyecto?

Siempre digo que después de acabar una exposición el cuerpo no me pide pintar hasta que me olvido totalmente de lo pintado, hasta que olvido esa técnica, ese modo de hacer. Regreso cuando me siento limpio, como si empezase de nuevo. Es entonces cuando abordo otra colección nueva. Siempre son colecciones completas.
S.- ¿Observas tu obra como un todo o como capítulos independientes?

Por poner un símil, entiendo mi obra como el mundo de la música. Son series acabadas y el siguiente LP no tiene nada que ver con lo que ya he hecho. Nunca he sentido esa sensación de continuidad, aunque recuerdo que estando en la escuela el profesor nos dijo un día que íbamos a ir por la tarde para mostrarle toda la obra que habíamos ido realizando durante el curso. Claro, yo veía lo que tenía en casa y pensaba que aquello parecía una exposición colectiva y no piezas realizadas por la misma persona. Me decía, no sé qué coño he estado haciendo. Fue una sorpresa para mí cuando el profesor me dijo, muy bien, muy bien Navaridas. Le pregunté: ¿No le parece que cada obra parece de un individuo diferente? “Para nada Navaridas –me dijo- está muy claro que esto sólo puede ser tuyo”. En aquel momento no quería quedarme tan sólo con el paisaje, me apetecía abarcar todos los campos de la pintura. Era un momento, en que no tenía porque ser coherente, sino que podía desarrollar todos los estilos que visualmente había ido conociendo… realismo, pintura castellana, francesa, cubismo, surrealismo… todo. Creía que era el único momento de mi vida en que iba a poder probar todo aquello sin que alguien me achacase falta de coherencia.


S.- Entonces, más de Picasso…

Siempre he sido de romper estilos. De hecho, siempre he pensado que lo contrario es caer un poco en el manierismo. Esa gente que se agarra a una especie, digamos, de estilo para abordarlo a lo largo de toda la vida para mí sería absolutamente aburrido. No soy un carpintero que todos los días hace cajoneras; incluso si fuera carpintero no soportaría estar toda mi vida haciendo las misas cajoneras. Necesito ser el primer sorprendido con mi obra.


S.- ¿Habrás notado evolución a la hora de desarrollar tu obra?

… eso es inevitable. El cuajo que vas tenido cada vez es mayor. Además, aquí, en el estudio, cada día me encuentro con diez o quince alumnos con estilos diferentes que yo los potencio aún más. Si hay algo de lo que me siento realmente orgulloso de mi labor en el taller es que ninguno de los alumnos –licenciados en Bellas Artes, arquitectos, algunos dedicados a la rehabilitación…- se parece a los demás… y ninguno tiene que ver conmigo ni con mi obra. Es algo maravilloso porque yo no podía soportar en la universidad aquella sensación que sucedía con algún catedrático de que aprobar era sinónimo de pintar a su estilo. Aquello era una perversión. Cómo un individuo puede valorar sólo a quien pinte como él.


S.- ¿Qué te inspira?

Me pasa como a Picasso. Creo que la inspiración es posible que exista pero la única manera de descubrirla es que te pille trabajando. Picasso tiene absoluta razón. El momento de arranque de la inspiración puede ser una noticia en el periódico, puede ser un momento de introspección que tienes en la ducha mientras te está cayendo el agua… para mí el agua es un elemento absolutamente esencial en mi existencia, es el elemento que limpia por dentro y por fuera. Puedes encontrar la inspiración en una chispa de una conversación, como el título de un libro, como el título de una obra… es lo que de repente da paso a toda la obra. Por ejemplo, mi última exposición, ‘Ice Oil’.


S.- Cuenta, ¿cómo surge ‘Ice Oil?

Prácticamente se gestó a partir de ese título, pero para llegar ahí qué había sucedido… pues el petróleo había comenzado a ser un problema generalizado desde lo que respiramos, a lo que comemos, a lo que sentimos… Llegó un momento en que el petróleo parecía que lo dominaba absolutamente todo. Cualquier problema con el petróleo trastocaba toda nuestra existencia. Por otro lado, sucedieron cosas como el Prestige u otros petroleros e instalaciones petrolíferas en las que todo se desbordaba. A partir de esos conceptos, me aparece de golpe ‘Ice Oil’, petróleo helado, grasiento…  En ese momento, decido eliminar todo color y quedarme con el blanco y negro. Digamos que el espíritu de la exposición trataba de evidenciar la idea de que con el petróleo, sus derivados y la forma de tratarlo podíamos acabar en una monstruosa belleza que abarcara a todo el mundo por igual. Es decir, una hibernación. La exposición estaba dedicada a las capitales más importantes del mundo y a las principales ciudades de los países productores de petróleo. La idea era que tanto unas capitales como las otras podían verse bajo el mismo manto en el que habría desaparecido todo tipo de vida y la belleza que quedara era, digamos, fotográfica, en blanco y negro, que acusara el dramatismo de la situación.
S.- Corrígeme si me equivoco, pero fue el primer proyecto en el que te apoyas también en la tecnología, en el trabajo desde el ordenador, ¿no?

Llevaba ya tiempo adentrándome en las posibilidades que ofrecía la tecnología, el trabajo con el ordenador. La experiencia fue perfecta, calibrada hasta el límite. Me planteé la ayuda del ordenador al reflexionar sobre la idea de que muchas de esas ciudades no las conocía ni las iba a conocer. Así que decidí descubrirlas a través de imágenes por medio de Google Earth. Entraba en el kilómetro cero de la capital y observaba lo que sucedía allí. Unas veces eran parques, otras estaciones, otras eran espacios recreativos. Partiendo de los observado lo reinventaba a mi manera. El montaje definitivo de la exposición lo realicé en Second Life, dentro de este mundo virtual hay un programa de 3D que te permite ejecutar tu idea. Ahí, creé la sala de exposiciones, incluso con sus tubos de iluminación, de extracción y de aire acondicionado y distribuí las obras y generé mi exposición virtual. Mi primer trabajo creativo apoyado en el ordenador fue la exposición sobre obras suspendidas sobre el río Ebro. Fue cuando descubrí las posibilidades que ofrecía la tecnología a la creatividad.


S.- Creo que el texto del catálogo de ‘Ice Oil’ lo firma el poeta, escritor y comisario de arte, José María Parreño, ¿no?

Sí, se lo pedí a José María Parreño, quizá uno de los escritores y poetas de los realmente importantes del país. Habíamos tenido un encuentro que había resultado muy placentero. En 2003, participé en la primera edición de Land Art (Arte en la Tierra) de Santa Lucía de Ocón. Fue con aquellas espirales sobre el terreno. Una de las artistas que tomó parte al año siguiente se llevó algunos catálogos del año anterior y se los mostró a Parreño. Me llamó y me dijo que quería hacer una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de Segovia. Parreño era el director del museo y se había planteado que en España llevábamos cuarenta años de Land Art y nadie había contado nada de lo que había sucedido. No había un libro o un catálogo (hasta su ‘Naturalmente Artificial 1968-2006’), que recogiera esta obra. Fue una sorpresa porque por tan sólo una foto quería contar conmigo. Reunió a artistas nacionales e internacionales que habían trabajado en España; una recopilación. Me mandó la lista de los artistas con los que contaba y aluciné, me quedé pasmado con el nivel de la gente con la que iba a contar. Parreño realizó unos textos preciosos para cada obra y cada artista.


S.- ¿Qué dijo sobre tu obra?

Planteó que las espirales podían recordar a las obras de los primeros landaristas, pero destacó, que a diferencia de aquellos, había contado con los agricultores, con sus formas de trabajo, a la hora de realizar la obra. Ese concepto inicial que resaltó Parreño había sido absolutamente esencial a la hora de llevar a cabo aquel proyecto.


S.- Hablabas antes de la actualidad como vehículo de inspiración, pero dándole la vuelta… ¿en la actualidad está bien visto el artista?

Bueno, creo que se dan periodos cortos de tiempo dentro de espacios temporales grandes en los que suceden cosas extrañas. Por ejemplo, todo este tinglado de la crisis ha venido a revolcar muchas cosas. Vemos, que en los últimos tiempos, ha primado mucho la inmediatez, algo que en otros momentos no contaba absolutamente nada. Ahora, debido a circunstancias tecnológicas, económicas, políticas y sociales se han producido unos ciertos revolcones en los que, de repente, todo el mundo se ha metido en el charco. Hemos pasado de una generación que no sabía manejar un móvil a otra que desde los dos años lo domina. Así, tal y como hubo un tiempo en que teníamos una absoluta falta de información sobre lo que sucedía , que nos obligó a buscar dentro de nuestras propias tripas, ahora ha habido un exceso de información tan brutal, tanto a través de internet como de todos los sistemas sociales, que casi pienso que de nuevo es desinformación.


S.- … porque…

Sí, porque cuando te metes un plato de más se produce un empacho y la digestión es mala. Nada provechosa. Pero bueno, siempre quedan algunos alimentos que son de por vida. Ahora, cualquier persona tiene información en el campo del arte universal. Por otro lado, le permite indagar y plantearse si ese es su camino. Antes para ser artista era una locura, tenías que ir a una escuela de arte y había cinco en todo el país, la entrada era complicada y el gasto elevado. El objetivo de ir a la escuela de arte era por estar con artistas; por compartir experiencias con gente que era de tu raza, digamos. Para hacer eso hoy no necesitas nada, puedes estar en contacto con todos ellos de otra manera.
S.- ¿Las redes sociales son útiles para esta interacción?

Bueno, por ejemplo, facebook –con todo lo que la gente pueda decir sobre que es un tontería- a mí me ha permitido entrar en contacto con artistas de todo el mundo, tanto con músicos, como con fotógrafos, como pintores, escultores y escritores. Con muchos de ellos tengo una buena amistad. Sin ir más lejos, hace poco más de un año, subí a facebook una imagen de una de mis obras. Al rato, desde Canarias, un individuo me dice: “no entiendo de pintura abstracta pero lo cierto es que me gustaría componer algo sobre ella”. Me explicó que era músico. Le conteste que si era músico ya trabajaba en el arte más abstracto que existe y que si una simple foto de la obra le provocaba esa necesidad entendía más de lo que creía. Al tiempo, me comentó que iba a estar en Burgos y que si existía posibilidad de acercarse y conocernos. Estuvimos en Logroño, por la calle San Juan, en el Tastavin, comiendo algunos pinchos. Me trajo algunos de sus discos y yo le pasé algunos de mis catálogos.


S.- Al final, ¿colaborasteis?

Me preguntó si podía componer sobre algunas de mis obras. Le dije que podía trabajar sobre la obra o la colección que quisiera, pero le pedí que compusiera esa música que no se había atrevido a realizar todavía, esa composición que le había dado corte, que trabajara en ese ámbito de libertad. Pues de agosto a las Navidades del año pasado realizó doce composiciones y nos hemos convertido en unos muy buenos amigos y colegas. Ahora en agosto regresa a Logroño. En este momento, está trabajando en la banda sonora de tres películas.


S.- Hilando con la actualidad y el arte contemporáneo, ¿un tiburón en formol es arte?

Bueno, ahí aparecen esos pequeños periodos de tiempo de los que te hablaba antes. En un largo periodo de formación siempre aparecen pequeños grupos o individuos que de repente montan un revuelo impresionante. No digo que no sea arte, pero creo que el tiempo ha venido a darme la razón cuando digo que es un arte muy teledirigido. Es un arte aparentemente rompedor, cuando en realidad es todo lo contrario, es un arte muy manipulado y muy calculado. Además, muy calculado desde el punto de vista monetario. Por eso, Damien Hirst y su comparsa han sido un poco fraudulentos en lo que han hecho hasta el punto de que han estado híper valorando sus obras a base de realizar subastas falsas en las que ellos mismos pujaban y levantaba los precios con la idea de crear una necesidad que en realidad no existía. Entonces, dentro del entorno que supone que el arte contemporáneo avanza apasionantemente y todas las técnicas y conocimientos adquiridos en los últimos años se van asimilando y encajando, siempre hay algunos dislates de ese tipo. Recuerdo a unos artistas japoneses que han montado una especie de factorías de arte en las que ya ni intervienen en la obra. Quizá, Andy Warhol ya comenzó con esto, pero Warhol mantuvo un sistema propio. Él era el verdadero engranaje de todo el suceso, él tenía el control sobre toda la creatividad, aunque tuviera gente que la imprimiera las serigrafías. Ahora, existen auténticas factorías que te hacen plantearte si eso es realmente arte o decoración de lujo.


S.- Tras todo el trabajo y la pasión que implica el proceso creativo, desprenderse de una obra implica alegría, tristeza, nostalgia…

Es un poco de todo. Creo que es comparable a lo que le sucede a unos padres cuando el chico ya se ha hecho mayor, cuando el chico sale con una chica, y de repente deciden formar una familia y escindirse. Es como si te arrancasen parte de tus entrañas y se las llevasen, pero digamos, con gratitud también. Es un sacrificio, pero un sacrificio benéfico, porque cuando pintas una de las cosas que más te apasiona es que a otra persona le provoque unos sentimientos tales como para desear tener esa pintura para siempre. Entonces, que alguien decida que quiere llevarse a uno de tus hijos para tenerlo en un espacio mimado, protagonista, bien conservado, presumiendo de él entre sus gentes y sus amistades, es gratificante. Si acaba en un museo o en una gran colección pues ya es la pera. Además, yo siempre he tenido muy claro que vine desnudo a este mundo y me voy a ir desnudo de este mundo.


S.- ¿Te pasa lo mismo con los alumnos cuando empiezan a volar solos?

Eso produce mucha más emoción. Ese sentimiento lo intuyo en muchos nada más que llegan. Ves su proyección desde el primer instante, es como un sputnik… ves que lo siente, que lo viven, que lo quieren… que se apasionan, que se les pasan las horas y no se enteran. Si a todos los quieres, a esos los quieres aún de una forma más especial. Me ha pasado ir a algunas de sus exposiciones posteriores y los padres agradecerme el haberlos llevado por ese camino. Si a un chaval lo que le gusta es dibujar y pintar y colaboras para que lo pueda hacer y pueda aprender, lejos de quitarle horas de estudio lo va a motivar más porque se encuentra feliz y satisfecho haciendo lo que realmente quiere y no encuentra demasiados problemas en realizar el sacrificio de comerse esas asignaturas que le gustan menos.


S.- … la pregunta del millón, ¿Se puede vivir del arte?

Bueno, se puede vivir si se hace como yo que vivo.. con, de, en, hacia, hasta, para, por,… menos sin… Bueno, hay algunas personas que viven genialmente del arte. También es cierto que para lograrlo hay que haber coincidido con ciertos engranajes del mercado. Una manera es tener un potencial económico familiar notable que te permite tener unas relaciones sociales importantes e incluso con grandes galeristas y la política. Eso ayuda mucho. También,  los artistas oficiales, los artistas consagrados ya sea por los Gobiernos o por los partidos, los galeristas o los críticos. Por otro lado, está toda esa segunda fila, que no son ni más ni menos importantes que los de relumbrón, y que están realizando un obra tan interesante o más que ellos.


S.- Por cierto, ¿seguiste el Mundial de Fútbol?

Francamente, no.

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