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{CULTURA / CINE}

Zambullidos en la fábula más sensual

Guillermo del Toro arriesga su amor en 'La forma del agua'

"Tengo 52 años, peso 300 libras y he rodado 10 películas. Pero hay un momento en la vida de todo narrador, de un contador de historias, en el que lo arriesgas todo para hacer algo diferente". Así lo confesó el director mexicano Guillermo del Toro en la 74 Mostra de Venecia, justo después de ganar el León de Oro a la mejor película por 'La forma del agua'. Su oronda figura envuelve una filmografía honesta y tan peculiar como talentosa, con predilección por el género fantástico.

 

Como hombre de moda en la narrativa hollywoodiense, Del Toro plantea en 'La forma del agua' un sobrenatural cuento de hadas con la Guerra Fría como trasfondo. En el oculto laboratorio gubernamental donde limpia mugre, la solitaria Elisa Esposito (interpretada por Sally Hawkins) se estanca en una vida llena de medidas de seguridad y aislamiento emocional. Año 1962 y crisis de la mediana edad, en una sociedad estadounidense al borde de la paranoia...

Pero la vida de Elisa se transforma cuando, junto con su compañera Zelda Fuller (Octavia Spencer), descubre un experimento secretísimo. Ese laboratorio cobija a un hombre anfibio que desconcierta al Ejército yanqui e incomoda a los espías soviéticos, pero que a la vez cautiva a las cotillas señoras de la limpieza. Una trama que bordea el precipicio de la ridiculez a propósito; pero apariencias aparte, rápidamente se convierte en una sagaz crítica institucional.

 

Rechazar al diferente está a la orden del día en el ideario de Donald Trump, quien ha diseñado su presidencia en EE.UU. con amenazas antiinmigratorias. Y Del Toro, mexicano de pro, ha expresado en esta película una fábula para contrarrestar eso. El hombre anfibio es un extraño más de los muchos que se ven discriminados por la élite política; igual que Zelda por ser afroamericana, igual que Elisa por ser muda e igual que su vecino Giles (Richard Jenkins) por ser homosexual.

 

La infravalorada rutina de estos personajes se altera por dos vías. La primera, para bien, cuando intiman con el hombre anfibio; la segunda, para mal, cuando el agente de seguridad Richard Strickland irrumpe en la trama. Michael Shannon lo encarna como si fuera el hermano gemelo de su personaje policíaco en 'Boardwalk Empire' (2010-2014), aquella formidable serie de gánsteres creada por Terence Winter con dinero de Mark Wahlberg y plenos poderes de Martin Scorsese.

 

Strickland es un matón con licencia gubernamental, al estilo de Nelson Van Alden en 'Boardwalk Empire'; por ello, el huraño semblante de Shannon y su voz rota lo replican. El film de Del Toro acelera en cada momento que él investiga los orígenes del hombre anfibio y cómo se adapta a su nuevo entorno; y a la larga, qué relación surge con Elisa, derrochante de involuntaria sensualidad gracias a una Sally Hawkins que está inmensa en los diálogos de signos.

Cada personaje de 'La forma del agua' fue escrito para un intérprete concreto, y eran exactamente los mismos actores que Del Toro solicitó que aparecieran en su peli. Así que durante el rodaje iba ajustando el guion a las interpretaciones, en vez de al revés. Fue otro de esos riesgos que el director mexicano comentó desde Venecia, ciudad que ocupa el punto medio del calendario: seis meses después de los Oscars y seis meses antes de los Oscars.

 

Presagio acuático

"Para los estadounidenses, Venecia se ha convertido en el inicio de la carrera a los Oscars. Lo logramos con años de inversión, trabajo y un poco de suerte", afirmó en 2016 el director de la Mostra, Alberto Barbera. "Que, en los últimos tres años, tres films estrenados aquí hayan ganado el Oscar... nos ha ayudado mucho, ¡naturalmente!", dijo respecto a 'Gravity' (2013), 'Birdman' (2014) y 'Spotlight' (2015). Una lista de pelis hipernominadas que creció con 'La La Land' (2016) y ahora con 'La forma del agua' (2017).

 

Mientras 'Gravity' y 'La La Land' rozaron el premio ‘gordo’ de Hollywood, 'Birdman' y 'Spotlight' sí que lo ganaron. Es por tanto un buen presagio, que viaja en góndola y que Del Toro disfruta gracias a las 13 nominaciones de su último film. Destaca su trama por la audacia, de novela negra pero con tintes de musical; hay conversaciones sinceras y breves en el grupo de marginados protagonistas, a raíz de la complicidad que se genera entre ellos; incluso hay tecnicismos filosóficos cuando el antagonista Strickland exhibe superioridad moral.

 

Por otro lado, la lengua de signos con Sally Hawkins parece un coordinado baile en pantalla. Su cuerpo es rígido o dócil a consecuencia de cómo transcurre la historia; plena de emoción en cada movimiento y evocando tiempos de cine mudo, lo que tan bien aprovechó 'The Artist' (2011) en tonos grisáceos. Sin embargo, 'La forma del agua' usa la baza multicolor como símbolo importante, ya que el personaje de Elisa se rodea de tonos verdosos desde su propio uniforme hasta las paredes del laboratorio y el mobiliario de la oficina de Strickland.

 

Esa paleta que muestra el danés Dan Laustsen, director de fotografía, va en consonancia con el río Amazonas del que procede el hombre anfibio. Al igual que los tonos azulados que refleja el cielo lluvioso de Baltimore, lugar húmedo en lo terrenal y en lo espiritual. Mientras tanto, la casa del vecino Giles se decora a base de marrones y ocre, en referencia a la vejez melancólica de su inquilino cuan madera de barril. En definitiva, un lienzo sensual en el que zambullirse para vivir la experiencia más íntima hasta la fecha de Guillermo del Toro./Daniel Cabornero.

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