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{CULTURA / CINE}

Marilyn Monroe, la actriz frente al fetiche

La Cinemateca Francesa presenta un muestra en el centeanario de la actriz

No es solo una cara bonita en un cartel de neón; es, cien años después de su nacimiento, el eje sobre el cual sigue girando la fascinación colectiva por el séptimo arte. La Cinémathèque Française ha inaugurado esta semana la esperada exposición 'Marilyn Monroe: 100 ans!', una retrospectiva que busca despojar a la mujer del mito para devolverle, por fin, su estatus de actriz técnica y creadora consciente.

 

En el número 51 de la Rue de Bercy, el glamour de Hollywood se encuentra con el rigor histórico en una cita que promete ser el evento cultural de la primavera. La muestra, comisariada por Florence Tissot, huye de la necrofilia mediática que suele rodear a la estrella. La muestra no viene a especular sobre su trágico final en 1962, sino a observar la meticulosa construcción de una identidad artística. A través de fragmentos de sus más de treinta películas y documentos inéditos, la exposición revela a una Norma Jeane que estudió incansablemente su oficio, desafiando el encasillamiento de "rubia tonta" impuesto por los grandes estudios como la 20th Century Fox.

 

Uno de los puntos álgidos del recorrido es la sección dedicada a su etapa en el Actors Studio, donde se analizan sus anotaciones personales sobre los guiones. Resulta revelador ver de cerca cómo Monroe diseccionaba sus personajes, buscando una profundidad emocional que a menudo el público de la época ignoraba tras el brillo de sus lentejuelas. La exposición subraya esa tensión constante entre la "femme fatale" de Niágara y la intérprete vulnerable de The Misfits (Vidas rebeldes), demostrando que Marilyn era, ante todo, una trabajadora de la imagen.

El diseño museográfico no escatima en impacto visual. Entre retratos icónicos firmados por fotógrafos de la talla de Richard Avedon y Bert Stern, los visitantes pueden contemplar algunos de los vestuarios originales que definieron una era. Sin embargo, lo que realmente detiene el aliento son los objetos más íntimos: cartas y libros de su biblioteca personal que nos hablan de una mujer culta y ambiciosa, cuya sed de independencia la llevó a fundar su propia productora para escapar del férreo control del star-system.

 

Resulta imposible caminar por las salas de la Cinemateca francesa sin sentir la vigencia de su lucha. La exposición contextualiza la figura de Marilyn bajo una lente contemporánea, resaltando su valentía frente al sexismo sistémico de los años 50. Es, en esencia, una reevaluación necesaria que nos invita a mirar más allá de la superficie satinada para comprender los mecanismos de poder y resistencia que ella manejó con una inteligencia a menudo subestimada por sus contemporáneos.

 

Aunque algunos críticos puedan echar de menos una mayor cantidad de objetos personales -aquellos que suelen alcanzar cifras astronómicas en subastas-, el enfoque de la Cinemateca es claro: priorizar la obra sobre el fetiche. Esta decisión eleva la muestra por encima del simple homenaje comercial, convirtiéndola en un ensayo visual sobre la construcción de la identidad en la era de la imagen de masas. Marilyn no es una reliquia del pasado; es un espejo en el que seguimos reflejando nuestras propias obsesiones.

 

La exposición permanecerá abierta hasta el 26 de julio de 2026, permitiendo que locales y turistas se sumerjan en este centenario que, más que una despedida, parece un nuevo comienzo. Al salir al aire fresco de París, uno se queda con la sensación de que, tras un siglo, finalmente estamos empezando a conocer a la verdadera Marilyn Monroe. Una mujer que, contra todo pronóstico, logró que el mundo entero se enamorara de una invención, mientras ella guardaba la verdad para sí misma./ L.C.

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