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{CULTURA / CINE}

El reino de Rodrigo Sorogoyen, ovación unánime en la 66 edición de Zinemaldia

Festival Internacional de Cine de San Sebastián

La primera imagen de 'El reino' nos muestra a su personaje principal, Manuel, en medio de una playa soleada vestido con un traje impoluto. Sus pasos, firmes y veloces, nos conducen por los pasillos internos de un restaurante para apearse en la cocina. Allí conduce con destreza una enorme fuente de marisco que posa en una gran mesa, recibida con gran alborozo por un grupo de comensales jocosos mientras alardean de elitistas vacaciones y de una suerte de hazañas singulares. Las conversaciones son grotescas y pueriles, se quitan la palabra entre ellos, se ríen a carcajadas, mientras escupen, sudor y babas, alejados de cualquier tipo de protocolo que se precie en una mesa decente.

 

A los pocos minutos de presenciar un alarde de falsa camaradería que se asemeja a la tradición gastronómica más gasteril y casposa, descubrimos, lo que viene a ser una lúdica reunión de una banda de esa clase política nacional que responde, fielmente, al estereotipo de la sanguijuela inculta, maleducada, soberbia y servil que nutre, sin despeinarse, las portadas y titulares de nuestros medios de comunicación. Salvadores de la patria sentados en permanentes poltronas, manipuladores avezados que suplen con labia sus carencias académicas y educacionales, conseguidores de cachivaches, consumidores de extravagancias con nombre de licor exótico y aparatitos de tecnología de última generación de la que nunca leerán el libro de instrucciones, chivatos agobiados, y toda una caterva de seres ególatras, inseguros y vulgares pueblan la mayor parte del metraje de este completo cuento, demasiado cercano a una realidad, que se sigue con la ansiedad de las mejores tramas de acción.

 

'El reino', tercer largometraje, de Rodrigo Sorogoyen, pone de manifiesto su buen pulso en el empleo de la minuciosidad dramática y la dirección de actores, apoyándose en un inteligente guion, cargado de destreza argumental de la ya consagrada Isabel Peña. Como nota divertida, apuntar que existe una escena en 'El Reino' en la que el personaje de Manuel ve junto a su hija, en televisión, algunos fotogramas de 'Desvío al paraíso' de Gerardo Herrero, productor de la película y mentor de su guionista, Isabel Peña, que bien puede funcionar aquí como guiño al objetivo determinante para los que pueblan este film, un subliminal 'atajo' a ese paraíso tan ansiado por ellos.

 

La habilidad del equipo de producción para llevar a cabo este ambicioso proyecto, ya sea gracias al guion sobre el papel, su excelente factura cinematográfica, los cuidados efectos especiales en las escenas de acción y la verosimilitud de todos y cada uno de sus detalles hacen de este conglomerado uno de los films más interesantes de los últimos años, en lo que puede venir a ser un género que va más allá del concepto de cine de género social o político, para trascender en algo más generacional y contextualizado a la época que nos está tocando vivir, algo así como un género de protesta ciudadana donde, tampoco el ciudadano se va de rositas. 

 

Ni siquiera los entes más admirados o queridos que representan el servicio público de nuestro país (véase medios de comunicación, abogados, y otros organismos o funcionarios) salen demasiado bien parados. Y si no esperen a enfrentarse a los cinco extraordinarios últimos minutos de 'El reino' que suponen para todos nosotros un más que necesario camino a la reflexión.

 

Estupendo primer contacto con el cine español que hemos tenido el gusto de disfrutar dentro de la Sección oficial de Zinemaldia 66. Película imprescindible./Isabel Ribote

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