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{CULTURA / CINE}

El cine como territorio compartido

QUEBECUA, el Festival de Cine de Quebec en La Rioja, del 11 al 18 de abril

 

Hay festivales que nacen con vocación de escaparate y otros que, sin hacer demasiado ruido, terminan construyendo un puente. El Quebecuá pertenece a esta segunda especie, un gesto cultural que parece pequeño -apenas una semana de cine en abril- pero que, en realidad, conecta dos geografías emocionales separadas por un océano.

 

Cada primavera, Logroño se convierte en un lugar improbable. Una ciudad donde el francés suena en los pasillos de los cines, donde los inviernos de Montreal se proyectan en salas riojanas y donde el público descubre, casi con sorpresa, que el cine quebequense tiene una identidad propia, alejada tanto de Hollywood como de la Europa más reconocible. Del 11 al 18 de abril de 2026, esa anomalía vuelve a producirse con la tercera edición del certamen, consolidándose como el único festival en España dedicado íntegramente a esta cinematografía.

 

El festival no es solo una programación, es una declaración de intenciones. Nace del empeño por situar el cine de Québec en el mapa cultural español, no como una rareza exótica, sino como una alternativa sólida, con voz propia y capacidad industrial. Su objetivo, de hecho, no se esconde: abrir mercado, generar vínculos profesionales y demostrar que las historias que nacen en el Canadá francófono pueden dialogar de tú a tú con cualquier otra tradición audiovisual.

 

La programación de este año insiste en la idea de descubrimiento. Estrenos en España, cortometrajes a concurso y títulos que llegan con el aval de festivales internacionales conviven en una cartelera que huye de lo obvio. 

 

Se podrá ver 'Gabor', un retrato peculiar y reconfortante de Gabor Szilasi, el gigante canadiense de la fotografía contemporánea. Es una inspiradora historia de un inmigrante y una lección inspiradora sobre cómo envejecer con elegancia y dignidad; una retrospectiva de cortometrajes de Chantal Caron que invita a sumergirnos en su universo coreográfico, una de las figuras más fascinantes de la videodanza contemporánea; o 'Mile End Kicks' de Chandler Levack, que cuenta la historia de Grace Pine, crítica musical de Toronto, se muda a Montreal en el verano de 2011. Incapaz de hablar una palabra de francés, se sumerge en el vibrante ambiente indie rock de la ciudad con un ambicioso objetivo: escribir un libro sobre el álbum «Jagged Little Pill» de Alanis Morissette.

 

Las sedes -como la Sala Gonzalo de Berceo o los Cines 7 Infantes- funcionan como espacios de encuentro más que como simples salas de exhibición. Hay coloquios, jurados jóvenes, premios decididos por el público. Incluso un gesto casi doméstico, pero revelador, vino y aperitivo tras las proyecciones. Como si el festival quisiera recordar que el cine, antes que industria, es conversación.

 

Esa dimensión cercana convive con otra más estratégica, la presencia de profesionales, encuentros sobre ayudas a la distribución y visionados para posibles compradores. Quebecuá no se limita a exhibir películas, intenta que esas películas encuentren vida en España. Que no se queden en una semana de abril.

 

En el fondo, lo que propone este festival es una forma distinta de entender la cultura, no como un producto terminado que se consume, sino como un intercambio. Québec mira a La Rioja, y La Rioja -quizá aún sin saberlo- empieza también a mirarse en ese espejo lejano. Y en ese cruce, discreto pero persistente, ocurre algo valioso. el cine deja de ser solo cine y se convierte en territorio compartido./J.M.

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