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{CULTURA / CINE}

'Blackbird' emociona al público de Zinemaldia

67 Festival de San Sebastián

'Blackbird' de Roger Michell inaugura la sección oficial de la 67 Edición del Festival de Cine de San Sebastián y lo hace asumiendo el riesgo de retomar el potente guión de Christian Torpe, que ya fue llevado a la gran pantalla por el cineasta danés Bille August con el título de ‘Silent heart’. Además de coincidir en el libreto, ambas cintas comparten el paralelismo de haber sido programadas en la competición de la sección más importante de este certamen, con solo cinco años de diferencia entre ellas. 

 

Durante la rueda de prensa posterior al estreno de Blackbird, Roger Michell se zafa del término remake cada vez que este emerge en cada pregunta planteada, y no son escasas las que lo abordan. Ante la reiteración del temido término, el cineasta y director teatral, responsable de títulos como 'Notting Hill', 'Le week-End’ o ‘Mi prima Rachel’, asegura que tanto él como los miembros del equipo actoral han evitado el visionado de su antecesora con el fin de evitar cualquier influencia de esta. 

 

Acudo a la sala con cierta reticencia ante la situación de revisitar una historia, demasiado reciente, en las butacas del mismo escenario, el Kursaal de San Sebastián. Celebré la versión de August, en dicha ocasión como una obra valiente, magistralmente interpretada, seca y a la vez humana. 

 

Sobre el tapete, de nuevo, el debate sobre el derecho a una muerte digna, la libre decisión de un enfermo para llevarla a cabo y la inevitable e ingobernable repercusión que tendrá entre los miembros de su entorno más cercano; su familia.

 

El envoltorio de lujo que refuerza 'Blackbird' y que la distancia de su antecesora, se sustenta además en la solvencia de un reparto internacional con figuras como Susan Sarandon, excelente en el papel de una enferma terminal, implacable y orgullosa, que mantiene la libertad por la que apostó en vida hasta su momento final; su esposo, un contenido y elegante Sam Neill y las dos hijas de la pareja, la siempre eficiente Kate Winslet y la magnética Mia Wasikowska. 

 

En 'Blackbird' la cercanía y familiaridad de unos rostros conocidos por el gran público jugará a favor ante el acercamiento a una trama incómoda y visceral que maneja las emociones de manera eficaz.

 

La hipocresía inicial de lo políticamente correcto va inflando el globo de la incomodidad hasta reventar en viejos reproches, rencillas anquilosadas y estallidos de sinceridad que mostrarán la humanidad de cada uno de los que habitan la vivienda durante un largo y tormentoso fin de semana.

 

Michell hace gala de su vasta experiencia teatral para sacarle el jugo a la materia prima que tiene entre manos mientras domina el equilibrio perfecto entre todas la interpretaciones y premia a cada personaje con su propio momento. La rigidez inicial de la propuesta va ganando en emotividad en cada secuencia. Empatizamos con los personajes y comenzamos a leer entre lineas más allá de lo que nos muestra la cámara. La emoción brota hacia la empatía que solemos mostrar ante los que sufren una enfermedad física y nos hace reconocernos en las dudas, temores e inestabilidades de aquellos que sufren de otro catálogo de enfermedades, menos terrenales, que acompañan toda nuestra existencia. 

 

Un paseo por un sinfín de estados emocionales que nunca acertamos a prever de antemano, por mucho que hayamos ensayado la escena. La despedida como oportunidad, como celebración de vida, como unión y respeto hacia el que se despide, como parte fundamental de la consciencia que está alojada en una sociedad que mira de soslayo a la muerte como si de esta forma dejara de existir. /Isabel Ribote

 

 

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