1524

{ENTREVISTAS}

'Planteé el rodaje desde la perspectiva del momento en que estás en un concierto y todo lo demás desaparece'

Marina Lameiro dirige 'Dardara', película documental sobre la gira final de la banda Berri Txarrak

Una trayectoria de 25 años entre la soledad del compositor, la sala de ensayos, la furgoneta, el avión y centenares de escenarios de lugares desperdigados por todo el mundo. Gorka Urbizu, de repente, decide parar y darlo todo con sus compañeros de Berri Txarrak en una última gira mundial a modo de despedida. Una manera de agradecer a sus fans toda su entrega durante este tiempo. Marina Lameiro es la encargada de registrar las sensaciones, los testimonios, la pasión de unos fans entregados en un documental que funciona como un retrato coral e intimista repleto de autenticidad.

 

'Dardara' avanza a través de las letras y reflexiones de Gorka Urbizu, autor de las canciones del grupo durante un cuarto de siglo y que ahora se enfrenta al vértigo de un futuro creativo por escribir. Una película sobre el poder de la música y la pasión -ese mínimo exigible, como reza una de sus letras-, la misma que les ha guiado desde sus inicios hasta esta última gira y con la que han logrado formar parte importante de la vida de miles de personas. (Web oficial de Dardara).

 

Hablamos con Marina acerca de la experiencia del rodaje y de sus sensaciones ante el resultado cuando restan pocos días para que su trabajo se estrene en las salas de cine de toda España./Isabel Ribote


SPOONFUL.- ¿Como viviste el hecho de qué Gorka, líder de Berri Txarrak, contactara contigo para darle vida al proyecto de 'Dardara'?

La idea partió de la brutal respuesta que tuvo el último concierto anunciado por la banda. En cuanto las entradas se pusieron a la venta, la web se colapsó debido a la cantidad de personas que entraron de golpe a hacerse con la suya. La espectacular acogida hizo que el equipo, capitaneado por Gorka Urbizu, pensara en transformar en película la pasión de los seguidores de Berri Txarrak, pero con el punto de partida de ofrecer una pieza autoral que se estrenara en cines y llegara a los festivales y pensó en mi para darle forma a la idea.

 

A partir de ahí el proyecto pasaba a mis manos y se tenía que llevar a cabo de forma inminente coincidiendo con la gira de despedida. En ese momento recomendé contar con Arena Comunicación para que pusiera los cimientos, permitiendo respaldarme en un equipo compacto, pues este trabajo implicaba una enorme responsabilidad. Al poco tiempo me puse a pensar en que unos años antes, cuando estudiaba, este tipo de proyectos eran un sueño idealizado para mí. Dirigir un documental y que te paguen por ello mientras viajas por todo el mundo. De repente me percaté que mi sueño se había cumplido.

S.- Tengo entendido que de adolescente te acercaste a la música de Berri Txarrak, pero al crecer, tus gustos musicales discurrieron hacia los derroteros de la música electrónica ¿Hasta qué punto ayuda mantener esa distancia entre haber sido fan en el pasado y dejar de serlo posteriormente?

Esta distancia supone una gran ayuda, puesto que por un lado está el hecho de que no sea un tema totalmente desconocido para mí y haber formado parte de los inicios del grupo ha resultado fundamental, pero por otro, poderlo ver desde otra perspectiva me ha alejado del error de caer en el homenaje de querer engrandecer a la banda desde la imparcialidad a la que conduce la pasión por algo hasta el punto de llegar a distorsionarlo.

 

Además, he experimentado algo parecido a una doble distancia debido a que una vez que vas rodando algo y te implicas, vuelves a cogerle cariño. Es un poco como esa cita de 'El Principito', Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante. En este término estuvo muy bien trabajar con Diana Toucedo (montadora de 'Dardara') porque cuando ella entra a trabajar en el proyecto no conocía la música de Berri Txarrak ni había oído hablar de la banda. Su aportación vino desnuda de referencias sin ningún tipo de vinculación con el material y esa circunstancia ha sido clave para establecer un sano equilibrio.

 

S.- Me gusta que haya salido a relucir el nombre de Diana Toucedo porque entiendo que la labor de montaje ha sido fundamental para el resultado final de 'Dardara'.

Así es, puesto que, durante mi trabajo diario en el rodaje suelo dedicar un tiempo importantísimo a revisar todo el material acumulado. Tomo notas, reviso las secuencias y todo es a un ritmo frenético. Imagina que cada concierto dura como poco 2 horas y en muchos casos más. Cada visionado de 1 hora del material se transforma en 5 horas de trabajo que empleo para realizar una selección secuencial con el objetivo de facilitar el trabajo posterior.

 

Con 'Dardara' ocurrió que al ver las piezas resultantes observé que no se sostenían, que funcionaban como una cadena de secuencias muy apegadas a la gira en tiempo real. Cuando Diana comienza a trabajar en el montaje, que se realizó a distancia a consecuencia del confinamiento, tuvimos que hacerlo de manera virtual, ella en Valencia y yo en Pamplona, pero a la vez, completamente coordinadas y con una carga de trabajo muy intensa y exhaustiva.

 

Gracias a su experiencia y su forma de estructurar el contenido, de repente, todo comenzó a adquirir la verdadera dimensión que necesitaba el proyecto, lo que me hace defender mucho más la importancia del equipo como algo fundamental. Ella y yo trabajamos muy a gusto, nos entendemos bien. De alguna manera además de dirigir, yo funciono también como ayudante de montaje. Ella me va indicando que busque entre todo el material secuencias de un tipo o de otro, lo hacemos así puesto que, como antes indicaba, yo ya he visionado todo el material a diario, y así, de esta manera evitamos que ella tenga que volver a visionarlo todo de nuevo. Además, ayuda el hecho de que ella fuera mi profesora de edición durante mis estudios y la comunicación resulta muy fluida lo que permite que enseguida encontremos un equilibrio que hace que las cosas funcionen.


S.- ¿Cómo te enfrentaste a la hora de plasmar en un papel el guion del proyecto? ¿Existía una estructura previa al rodaje o dejaste que las cosas fueran fluyendo?

Para que Arena Comunicación accediera a entrar en el proyecto me solicitaron la presentación de un guion que diera forma a todo. El hecho de contar con Berri Txarrak y los medios económicos para asumir el rodaje no era garantía suficiente para echarse a andar. Había que trabajar en una estructura previa y necesitábamos conocer el argumento sobre el que iba a versar nuestro documental.

 

En ese punto, comienzo a escribir sobre las emociones a partir de dos vertientes: por un lado, desde la filosofía de Epicuro que teoriza sobre la búsqueda de la felicidad a través de las necesidades más básicas. Darse cuenta de que en realidad se necesita poco para ser feliz. Por otro lado, tenía como un concepto budista de estar presente en el momento, como cuando estás en un concierto de manera consciente y todo lo demás desaparece, como entrar en comunión con toda la gente. Una concepción desde las filosofías orientales que fluye desde un estado elevado de consciencia en una versión un poco diferente, la de un concierto de rock, en este caso, o según mi propia experiencia, desde los eventos de música electrónica o las raves que eran los lugares donde yo había experimentado dicha conexión.

 

Durante el proceso de la escritura inicial del guion la banda no estaba tan presente, pero en trabajo conjunto con la productora Itziar García Zubiri y con Diana Toucedo nos dimos cuenta de que la película no se iba a sostener solo con la presencia y experiencia de los fans por muy potentes que fueran dichos momentos. Para poder profundizar en ellos necesitábamos una construcción más compleja de dichos personajes, más horas de rodaje en cada lugar, algo que no se podía llevar a cabo por cuestiones de logística o temas de producción. Además, el resultado hubiera sido demasiado artificial sin la presencia de la banda.

 

A partir de ahí insistimos a Gorka en que también apareciera de manera visible porque, en un principio, él no quería participar. Al fin y al cabo, la decisión de haber dejado la banda era suya y dicha decisión fue el desencadenante de esta última gira y la última oportunidad de sus fans de disfrutar de Berri Txarrak en directo.

 

S.- ¿Cuáles fueron los argumentos para convencer a la banda de que debía aparecer, ser protagonista junto a sus fans, unirse a la experiencia?

En cierto modo era una cuestión de justicia que Gorka y la banda también estuvieran presentes. Por mi parte me gané la confianza de los fans, les hice sentir seguros pero el verdadero motivo que los impulsaba a querer mostrar su testimonio respondía al deseo de compartir su pasión por Berri Txarrak. Cuentas con la disposición de unas personas tan generosas que abren su intimidad que tienes que responder con tu compromiso como banda que tiene una deuda con sus seguidores, y su entrega incondicional durante todo este tiempo. Además, a mi no me interesaba la vida privada de Gorka, sino su dimensión como creador que es lo que de verdad importa. 

 

S.- Durante el visionado de Dardara las emociones empapan todo el metraje, existen momentos mágicos como el de Asako, la chica japonesa que asiste al concierto en Tokio o el de Pauline, la fan alemana durante el concierto de Berlin.

El otro día durante el estreno de la película me daba cuenta de la fuerza de ese momento y fui consciente de que yo misma estaba asumiendo su misma expresión cuando la grababa y cada vez que volvía a ver esa escena, cuando mira a Gorka sin pestañear, es algo que no se puede explicar con palabras. Nadie sabe lo que está pensando en ese momento, los lugares que revisita, las veces que esa canción la acompañado en su pasado, una dimensión mucho más profunda que va más allá del simple hecho de escuchar una canción.

 

Hay otros rostros en la película y otras situaciones como la de Pauline en Berlín, otra fan incondicional que sigue a la banda durante todos los conciertos de la gira. Ese es otro momento que me gusta mucho. Hay una especie de danza entre Gorka y ella que se sucede como una especie de coreografía. Durante el rodaje de esa escena yo simplemente me dejé llevar y capturé el momento. Sin embargo, volviendo a Asako a mi me entran muchas preguntas sobre qué es lo provoca que surjan en ella todas las emociones que vemos en la pantalla, en mi opinión en esta escena hay mucho más, algo interior que nunca vamos a conocer pero que nos intriga.

 

* Dardara se estrena hoy viernes, día 19 de marzo, en Logroño en los Cines 7 infantes, una estupenda ocasión para acercarse a conocer el trabajo de Marina Lameiro desde el universo de la música y la personalidad de Berri Txarrak. Una manera particular de retomar las sensaciones tan añoradas de volver a una sala a disfrutar de la música en directo. 



Autor: Javier Muro

Suscripción a la Newsletter Enviar