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{ENTREVISTAS}

'O defendemos la Democracia o los fantasmas del pasado volverán'

César Antonio Molina participa en las XX Jornadas de Poesía en Español

“La poesía es la mejor amante que he tenido, a veces díscola, a veces ingrata, pero no por ella, sino por la sociedad poética tan gremial que existe en este país. Da lo mismo, yo no me puedo quejar porque he publicado todo lo que he escrito y siempre me he mantenido muy fiel a mí mismo”. En pleno siglo XXI, César Antonio Molina recuerda que “la poesía sigue siendo la palabra, el sonido, la música, la imagen. Y no hay que olvidar que la poesía surge en los bosques, con las sibilas, con los oráculos… poesía es la palabra que el que la nombra a veces ni siquiera sabe porque la nombra. La poesía ha sido y es una manera de estar en el mundo”. Quizá sea la determinación que muestra al trasladar en la conversación sus planteamientos vitales lo que lleva a Raúl Eguizabal, coordinador de las Jornadas de Poesía en Español, a quitarse el imaginario sombrero y “reconocer cuando estás ante un auténtico poeta”. Y es que recuerda Equizabal que César Antonio Molina ha sido periodista, gestor cultural -suplementos culturales de Diario 16-, “transformó bajo su dirección el Centro de Bellas Artes de Madrid que había caído en lo rancio y casposo, instauró la lectura pública del Quijote. También fue director del Instituto Cervantes que trató de modernizar y ministro de Cultura, su etapa más conocida, pero nunca, nunca, ha dejado de ser poeta; siempre ha escrito y publicado poesía”.

 

El poeta ha publicado tan sólo unos meses atrás su ultimo libro, ‘Calmas de enero’. “Un libro del que estoy muy orgulloso -describe-, que ha recibido grandes críticas, como casi si todos mis libros de poemas”. Huye César Antonio Molina de los grupos, etiquetas y generaciones. “No lo termino de comprender. Para mí no existe ninguna generación. Nunca he tenido intención de pertenecer a ninguna generación. El único interés que me muevo es hacer mi obra poética, ensayística o como novelista, pero a mi manera”. Cree el ex ministro que ese afán por agrupar tiene que ver con una cuestión de comodidad. “En ningún país del mundo se rigen por generaciones, los poetas, los escritores, son autores individuales, con sus estilos, con formas y maneras de escribir. En España te enseñan éste es de la generación del tal’, pero ¿de qué?, pero ¿por qué? Pero si Valente no tiene nada que ver con Gil de Biezma. Son poetas individuales. Pero como hay que explicarlo se da esta manera de agruparnos a todos en generaciones como si fuéramos un rebaño. Es algo que rechazo totalmente”.  

 

Reitera el poeta: “Mi manera de ser es la que yo he querido. En muchos casos estoy más cerca de la poesía italiana o de la francesa, de la norteamericana o de la española de Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Juan Ramón o Cernuda, o de la hispanoamericana de Octavio Paz o Ángel Crespo. A mí sólo se me tiene que analizar por lo que yo he hecho. Ni ensalzar ni castigar por lo que haya escrito gente contemporánea mía. Me encuentro más de cerca de San Juan de la Cruz que de muchos de mis contemporáneos. Quien quiera hablar de mí que se lea mis libros”.

 

Son libros, precisamente, repletos de referencias cinematográficas, pictóricas, musicales. “Hay todo un mundo dentro de ellos y también contienen referencias al mundo clásico y la mitología. Me gusta cuando te califican de escritor de culto, eso significa que tienes muchos pocos seguidores pero que esos muchos pocos seguidores saben lo que leen”.

 

Ser considerado un autor de culto puede resultar un hándicap. “Desde ese punto de vista la música es aún más incomprensibles que la poesía, porque al menos sabemos leer y escribir. La poesía tiene que quedar a la capacidad de interpretación del lector, que es propia e individual. Si nos piden que expliquemos la música de Mozart o Mahler no podríamos, pero sí el sentimiento que nos provoca, la emoción, los pensamientos que nos provoca. Con la poesía sucede lo mismo. No existe ni poesía fácil, ni poesía difícil. Existe una poesía que trata de ir más allá, pero no es que sea difícil sino que está dentro de nuestra capacidad de interpretar. Ese esfuerzo sí que se le exige al lector”.

La conversación entre poeta y periodistas se adentra en el valor de la cultura y el conocimiento. “La cultura no es un peso. La cultura es una salvación. Es compañía, no soledad. La cultura es compartir tu existencia no sólo con tus contemporáneos sino con gente de otros tiempos que han reflexionado sobre las mismas preocupaciones que tiene uno mismo hoy en día. La cultura es la mejor manera de existir, nunca estarás sólo. No es ningún peso, sí que pide un esfuerzo como en el aprendizaje de cualquier materia. A través de la cultura tratamos de explicar las razones de nuestra existencia”. Y es que Molina recuerda que “a pesar de los robots y de las nuevas tecnologías continuamos sin saber a dónde vamos y por qué estamos aquí. Seguimos igual que en la época de Ovidio, de Dante,… y con los mismos sentimientos sobre el amor, el paso del tiempo, las inquietudes por la muerte… De eso trata la poesía y es lo que la cultura trata de explicar”. 

 

¿Pero no hay demasiadas voces que hoy en día califican esa forma de entender la cultura de ‘no rentable’ y tienden a eliminarla? “Hay una tendencia a destruir la cultura. Los populismos ya vemos por dónde nos llevan. Siempre ha habido esa pretensión de acusar a la cultura de ilegible, de estar confeccionada tan sólo para unos cuantos. Es mentira porque la cultura es la defensa de la libertad. No hay mayor defensa de la libertad que el saber y el conocimiento. Es lo que nos hace libres. Hoy hay muchas ideologías totalitarias que quieren que no exista acceso a ese saber, a ese conocimiento y, por lo tanto, libertad”. Recurre César Antonio a la extienta URSS. “Todos sabemos lo que pasó en la Unión Soviética. Allí o los intelectuales estaban al servicio de la causa o eran destruidos. Porque la cultura crea seres libres y eso es lo que defiende la democracia. Por eso debemos luchar por la democracia. Sólo en Democracia somos libres. Aunque a veces no sea todo lo que debería ser es lo único que puede ser. Y ahí los pilares fundamentales son la educación y la cultura”.

Molina intuye que “empezamos a darnos cuenta en España y también en Europa que o defendemos nuestras democracias o los fantasmas del pasado volverán. A mis alumnos les recuerdo que nacieron libres, en democracia. Yo no, nací en la dictadura. Les recuerdo que como no la defiendan la perderán. Debemos ser conscientes de que es preciso defenderla. La democracia por esencia es débil, porque es la libertad y hay gente que se aprovecha”.

 

Desde esa convicción, el autor de ‘Calmas de enero’ -poemas que leyó en su participación en las Jornadas de Poesía en Español- defiende que “Educación y Cultura no son un gasto sino una inversión. Muchos de los problemas de este país tienen que ver con la Educación y la Cultura, que son la identidad de nuestro país. Si somos algo en el mundo es por los nombres de nuestra cultura. Es lo que somos. El verdadero banco de España es el Museo del Prado, allí están los verdaderos lingotes. Los poetas también tenemos la obligación de decir estas cosas”.

 

Entiende César Antonio Molina que “atravesamos un momento difícil. No sólo para España sino para todos los que hemos defendido Europa. Hablamos de la mejor época de la existencia de este país. Hablamos de la democracia parlamentaria y la constitución. Pero debemos ser conscientes de que son sólo 40 años, una parte mínima en la Historia del Mundo y el mundo no se acaba. Todo lo bueno hecho hay que luchar por conservarlo. Tenemos que recuperar la ilusión, las ganas, la esperanza, el amor por las gentes. Es fundamental el ayudarnos entre todos”.

 

Ese mundo que no se acaba es para que el escribe César Antonio Molina. “Escribimos para el tiempo futuro -resalta- porque el pasado y el presente ya lo vivimos. No nos debe preocupar más que escribir para el tiempo futuro cuando mis libros por mí tendrán que hablar por mí”. “Frotar los trozos de un mismo poema. Frotar las hojas manchadas de palabras, de espacios en blanco, signos geométricos, para demostrar que el nacimiento del fuego es el principio de su adoración. Los frota el poeta, un hechicero desterrado, apátrida, que pronuncia palabras mágicas”./Javi Muro. 

 

 



Autor: Javier Muro

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