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{ENTREVISTAS}

'La sociedad de mercado nos ha convertido en puras formas'

María Pagés presenta en el teatro Bretón de Logroño 'Óyeme con los ojos'

María Pagés dibuja historias con su cuerpo; habla a través de sus pies y del movimiento de sus brazos. Conecta un paso con el siguiente para establecer una conversación inquebrantable con quien la observa y disfruta. Bailarina desde los cuatro años, mostró su talento en un primer momento bajo la dirección de Antonio Gadés. Sus espectáculos son mucho más que un recorrido por los diferentes palos del flamenco. Existe un sentido ético de la cultura y de la creación artística en cada espectáculo de la bailaora y coreógrafa sevillana. Junto a El Arbi El Harti -marido y pareja creativa- aborda el proceso creativo como un compromiso de vida. ‘Óyeme con los ojo’, la obra que presenta en el teatro Bretón de Logroño, nació de una introspección sobre la relación entre la danza y el cuerpo. “Había cumplido 50 años -describe- y El Arbi me sugirió la necesidad de una reflexión coreográfica sobre la madurez, la danza, el cuerpo, el deseo y la feminidad”. María Pagés no duda: “Soy feminista porque soy mujer”. La danza que defiende Pagés contiene poesía, dramaturgia y simbolismo./Javi Muro


SPOONFUL.- ¿Qué nos vamos a encontrar al sentarnos en las butacas del teatro Bretón y contemplar Óyeme con los ojos?

Óyeme con los ojos es un trabajo que he creado junto a El Arbi El Harti, mi marido y compañero creativo. La obra nació de nuestras conversaciones sobre danza y cuerpo. Había cumplido 50 años. El Arbi me sugirió la necesidad de una reflexión coreográfica sobre la madurez, la danza, el cuerpo, el deseo y la feminidad. Encontramos en la mística un espacio epistemológico y espiritual compatibles con lo que queríamos hacer. Hablar de una mujer que reivindica la danza como un espacio ético para compartir su ideal de esperanza y de compromiso con la vida y con la humanidad con la gente, en un momento marcado por una agobiante crisis de valores.

 

S.- ‘Óyeme con los ojos’ se inspira en un poema de Sor Juana de la Cruz y se adentra en la inquietud existencial y espiritual de una mujer. 

Sor Juana y su personaje se identifican con el personaje de Óyeme y conmigo. Somos todas mujeres que piensan y que están en la continua y serena búsqueda de la verdad. Somos mujeres que no tienen miedo de su humanidad, construida a fuerza de sombras y alguna luz que alimenta nuestro ideal de trascendencia y nuestra gran vocación de ser felices.

 

S.- ¿Tiene un carácter reivindicativo?

Óyeme con los ojos cuestiona la desviación de los valores éticos hacia los valores estéticos. La sociedad de mercado nos ha convertido en puras formas. La estética del bienestar y de la felicidad nos hacen pensar que somos únicos y eternos y devora el lado solidario de nuestra humanidad. El situarnos en el tiempo y en la singular globalidad de nuestro entorno es necesario para que las personas seamos útiles para nosotros y para nuestra pequeña y gran comunidad humana.

 

S.- Corrígeme si me equivoco, pero todos tus espectáculos creo que nacen de una profunda reflexión. ¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Cómo lo fue en esta ocasión?

En Óyeme con los ojos bailo sola acompañada por seis músicos. Somos siete en el escenario. Es un viaje iniciático que se desarrolla en un espacio de 7x7, inspirado en las geometrías divinas que marcan las místicas de las religiones monoteístas, Desde el punto de vista dancístico la obra acoge un relato coréutico construido en torno al cuadrado y al círculo; en torno a la razón y a la proporción. La proporción la consideramos como la esencia de la unidad en la diversidad.

 

S.- ¿Qué importancia tienen para ti a la hora de crear una obra la poesía, la dramaturgia, el simbolismo que siempre transmite la danza?

El discurso de Óyeme con los ojos se dirige a la inteligencia a través de la emoción y  está construida para que el espectador sea también un narrador del relato. Oyeme con los Ojos es una coreografía flamenca sobre la contemporaneidad y sobre el necesario diálogo con la memoria. Plantea una reflexión sobre el presente a partir de la experiencia de una mujer. Habla de lo efímero, de la implacable irreversibilidad del tiempo sobre el cuerpo, el deseo, el arte, la vida. Reivindica desde la voz de una mujer el sano imperativo del vivir-juntos en una casa-común, sea la pequeña casa de nuestro barrio, o la gran casa, nuestro maltratado planeta.

 

S.- ¿Cómo influyen los tiempos que vivimos en tus obras?

Somos seres humanos preocupados por lo que pasa en nuestro entorno. Lo que está pasando en el mundo es preocupante. Son momentos duros para las utopías que ha construido la humanidad principalmente durante estas últimas décadas: libertades individuales y colectivas, respeto de la diversidad, igualdad, bienestar… y de repente hemos entrado en una fase de encogimiento. Es como si la democracia se hubiera cansado. Es como si uno de los momentos más luminosos que ha creado la humanidad empezase a cansarse, a arrugarse. Nosotros no podemos crear sin que estas transformaciones no afecten a lo que hacemos.

S.- Has comentado en alguna ocasión que la creación artística es un compromiso de vida.

Soy feminista porque soy mujer. Y tanto El Arbi como yo somos defensores de la mujer por una cuestión de sentido común. No podemos aceptar que nuestras sociedades vivan de espalda a la verdad, ocultando una parte fundamental de su ser. De la igualdad dependerá siempre la estabilidad de la humanidad y de su sentido de la proporción. Nuestra neurosis nos viene precisamente de ese trastorno social. En consecuencia, toda nuestra creación no hace más que estar a la escucha del mundo que nos rodea y de sus inquietudes. Y una de estas preocupaciones es el tema de la mujer, que está muy presente en nuestras obras y al que le dedicamos Yo, Carmen.

 

S.- ¿Qué relación debe tener la cultura, la creación, con el respeto por creadores anteriores? ¿Es un deber del artista contemporáneo innovar desde el reconocimiento?

He bailado desde los 4 años. La danza es mi patria y mi lenguaje sentimental. Y lo que me mueve es el compromiso con la vida y con la memoria. No podemos vivir de espalda a la memoria, porque la modernidad y la contemporaneidad no son más que la memoria en movimiento. Dependiendo de cómo gestionamos, como interpretamos la tradición, podemos crear criaturas bellísimas o monstruos.

 

S.- ¿Qué relación tiene la danza con otras disciplinas artísticas? ¿Dibujas con los pies, con los brazos, con el cuerpo?

Óyeme con los ojos es mi único solo. Para una persona pudorosa como yo, acostumbrada al grupo, estar sola en un escenario ha sido y sigue siendo un reto continuo. La verdad, ha sido El Arbi quien me ha animado para hacerlo. Por mi naturaleza de ser fronterizo, soy una coreógrafa sincrética. Bebo y me nutro de todas las fuentes y de todos los alimentos que me gustan y por las que siento alguna empatía. Aprendo hasta de la fealdad. En cuanto a las influencias, nos gusta interactuar con otros lenguajes y así lo hemos hecho en Óyeme con los ojos, donde hay influencia de danzas sufíes y de poesía mística. Pero he de decir que las influencias están profundamente marcadas por la tradición flamenca más genuina. No doy ningún paso sin interpretar mi memoria cultural flamenca, que es mi verdadera escuela. Trabajo doce horas al día y ensayo una media de 5 horas al día. Como de todo. Duermo poco. Saca tus conclusiones.

 

S-. ¿Cómo se hace para entrelazar varias obras y espectáculos al mismo tiempo? ¿Tienes tiempo para lago más que la danza y el flamenco? “Vivir creando?, decías recientemente en una entrevista anterior.

Estoy en un momento de mi vida que lo que más me importa es transmitir lo que he aprendido y todo lo que me ha ofrecido la vida. En este momento, coincidiendo con el gran éxito que ha tenido nuestra última obra Una oda al tiempo, El Arbi y yo estamos montando el Centro coreografico Maria Pagés en Madrid, que tendrá como objetivo la transmisión del conocimiento coreográfico, teatral, musical a las nuevas generaciones… Es una manera de darle forma a lo que hemos hecho toda nuestra vida : enseñar.



Autor: Javier Muro

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