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{ENTREVISTAS}

'La pintura es mi idioma'

Ibana Sagasti es pintora y ha expuesto en la Galería Aguado en el festival Mujeres en el Arte

Ibana Sagasti García ha expuesto su obra en la Galería Aguado, dentro del Festival Mujeres en el Arte en La Rioja. Entiende la pintura como un vehículo para expresarse y podría decirse que artística y estéticamente habla diferentes dialectos sin que, por el momento, sienta la necesidad por decantarse por uno en concreto. Ahora, trabaja en un mural en la localidad de Mendavia, donde reside. La pintura puede decirse que es, sin equivoco alguno, su vida. Cuando por las tardes baja del andamio situado a cuatro metros y medio de altura es para impartir clases de pintura en Mendavia y los pueblos de los alrededores. Un horario de tres de la tarde a nueve de la noche, que prolonga los sábados por la mañana y por la tarde. En Mendavia tiene también su estudio. Caravaggio, Gustav Kimt y, por encima de todos Velázquez aparecen entre sus pintores favoritos. “Velázquez me apasiona, cuando te acercas a sus obras descubres, por ejemplo, el movimiento de las ruecas de Las Hilanderas”. Ibana reconoce que disfruta enormemente recorrido museos. “Entro en el Prado y soy feliz, me encanta la pintura, me encanta ver pintar, ir a un museo., pintar”./Javi Muro

 

SPOONFUL.- ¿Cómo defines tu pintura?

La pintura es mi idioma. Aún así creo que no tengo un estilo d definido. Creo que aún me queda mucho por aprender y experimentar. Creo que me queda mucho recorrido porque toco muchos palos y no siento la necesidad de decidirme sólo por uno. Siempre me dicen que tengo que definir mi estilo, pero de momento me encuentro cómoda así. Quizá también sea la influencia del hecho de dar clases de pintura y cada alumno trabaje un estilo diferente. Sé que la pintura es mi idioma, pero no puedo describir mi pintura desde unas características concretas.

 

S.- ¿Cuándo la gente te invita a definir tu estilo crees que ese es así, que ése es el camino a seguir?

Se supone que todo artista tiene que tener un estilo, que te tienen que identificar. La gente que sabe más que yo dice que debe de ser así y tirar sólo por ahí, que es como la gente llega lejos. De momento, disfruto experimentando y como decía, es posible que el dar clases a alumnos que cada uno busca en la pintura algo diferente influye también en mi obra personal. Unos alumnos quieren aprender un estilo, otros otro y otros más, otra forma de pintar diferente. A cada uno lo guías por un camino.

 

S.- ¿En tus nuevos proyectos también surge la variedad de estilos?

Por ejemplo, uno de los proyectos en los que estoy trabajando es un mural, algo totalmente diferente a lo que venía haciendo. Un mural realizado directamente, en vivo, sin proyectarlo. Era algo que me asustaba mucho, pero por otra parte lo estoy disfrutando mucho. El mural se sitúa en un rincón de Mendavia, dónde vivo. Era un espacio que había sido objeto de pintadas de todo tipo. Estaba en una situación lamentable y me han dado la oportunidad de actuar y recuperarlo a través del mural. Estoy pasándolo realmente bien trabajando en este proyecto, que es diferente a otros que he desarrollado.

 

S.- ¿Y en el trabajo en el estudio?

Había decidido dejar aparcada la serie de retratos con los rostros muy definidos que he realizado últimamente, pero el otro día llevé a algunos alumnos a visitar la exposición de Mujeres en el Arte en la Galería Aguado y después, fuimos a La Redonda para ver también las pinturas. En la puerta había un señor pidiendo, Pablo, estuve hablando con él y me dejó hacerle unas fotos. Me di cuenta qué quería retratarle. 

S.- Defines la pintura como tu idioma y las personas hablan diferentes idiomas… y no es malo, al contrario…

Sí, es cierto. De momento, no veo un único camino. Con algunas obras de las que he expuesto en el Festival Mujeres en el Arte estoy super feliz, pero tampoco se cuanto me va a durar esa felicidad. Eso es algo que me pasa con mis pinturas, me generan una felicidad muy efímera. Cuando pasa un tiempo, las vuelvo a contemplar y ya no me generan tanta satisfacción. Empiezo a sacar pegas, esto tenía que haberlo hecho de otra manera; cosas que en su momento no las vi.

 

S.- ¿Sabes por qué pintas?

Por que disfruto, porque me encanta. Mis momentos más felices siempre son pintando.

 

S.- ¿Siempre has pintado?

Nací en Bilbao, pero me siento muy mendiavesa. Vivo en Mendavia desde los 23 años, mi familia era de Mendavia. Sí, siempre he estado pintando; incluso cuando me voy de fin de semana o de vacaciones también necesito pintar. Siempre, aunque sea sentada en una terrada, con el cuaderno de dibujo en la mano. Pero pintar, lo que se dice realmente pintar, no creo que lleve más de seis años. De pequeña también pintaba, pero hacerlo como ahora es algo relativamente reciente.

 

S.- ¿Qué te inspira?

Muchas cosas, por ejemplo, situaciones que suceden cerca de mí. Una pintura surgió al conocer a una chica de Lazagurría, un pueblo que está al lado de Mendavia. La hermana de esa chica está trabajando en Gabón, al cabo del tiempo ha acogido a una niña. Uno de los cuadros surgió a raíz de conocer a esa mujer y su historia. Fue una casualidad. También como te contaba antes me inspiran las personas con los rostros ‘vividos’, como describía antes a Pablo, el hombre que pedía a la puerta de La Redonda. No es sólo hacerle una foto y utilizarla como modelo para pintarla posteriormente, necesito que esa persona me cuente sobre su vida, sobre sus porqués. Al final te inspira lo que vas viviendo, la gente que te encuentras, todo lo que te rodea. Además, mis alumnos y alumnas son muy enriquecedores. Aprendes y te inspiras de todo el mundo.

S.- ¿Te inspiran también otras disciplinas artísticas?

No sé si me inspira la música, por ejemplo, pero lo cierto es que siempre estoy escuchando música mientras pinto. También llevo música a las clases y los alumnos ponen su música. Aún así no soy capaz de asegurar que la música me inspira. Leo mucho, ahora estoy con ‘Crónicas del Renacimiento’, pero del mismo modo tampoco puedo decir a ciencia cierta que lo que leo tiene un efecto directo en la inspiración a la hora de pintar. Quizá son sólo referencias.

 

S.- ¿Qué buscas cuando inicias un nuevo cuadro, simplemente plasmar belleza, contar algo?

Persigo un poco de todo. A veces, veo una imagen, una fotografía, por ejemplo, y quiero saber si con mi pintura soy capaz de llegar allí. Es un reto, quiero saber si soy capaz. Por ese motivo, suelo realizar un testigo fotográfico de cómo avanza la pintura porque mientras pinto estoy, por decirlo de alguna manera, cegada. Necesito separarme y detenerme a mirar. En ocasiones busco llegar a lo que muestra la imagen y otras, lo que quiero es mostrar, contar una historia. Por ejemplo, la de ese señor que tiene 56 años y aparenta muchos más, quiero contar a través de la pintura cómo le ha tratado la vida, su historia. Contar qué parte son malas decisiones y cuál tiene que ver con la sociedad, con todos, en definitiva, que no hemos sabido protegerle. A veces, quiero contar eso y otras la historia de los niños africanos acogidos durante el verano y cómo aquí están bien durante el verano, pero después, cuando regresan… ¿cuánto dura su bienestar? ¿Y cuándo crezcan qué les espera? Yo tengo un hijo de diez años y veo la diferencia… Esas situaciones, a veces, las quiero contar.

 

S.- ¿Exponer es el último paso de una obra de arte?

El último paso lo da quién la ve. Muerte del autor, nacimiento del espectador. Alguien tiene que contemplar esa obra y terminarla. Además, lo que quiero contar con una obra es algo de lo que yo soy consciente, pero no es algo que escribas en la exposición y a otra persona esa misma pintura quizá le sugiere una historia totalmente diferente.

 

S.- ¿Asumes que el espectador puede entender tu obra de manera diferente a como tú la has concebido?

Claro, es algo que me parece súper válido. Me encanta, me enriquece. En la exposición de Mujeres en el Arte me hubiese encantado que hubiera habido un cuaderno y cada espectador contara que le sugieren mis cuadros. Eso si que me parece la conclusión de una pintura. Es su nacimiento como espectador y tu fin como autor. Con una sola vez que hubiera pasado sería súper feliz.

 

S.- ¿Es doloroso desprenderse de una obra?

¿En este momento? Estoy desenado desprenderme de mis pinturas -se ríe-, necesito vender y en este momento no resultaría doloroso. Me daría mucha pena no volver a ver una de mis obras, pero por otra parte me haría súper feliz el que alguien valorase tanto una de mis pinturas como para comprarla. Quiero seguir pintando y que mis próximas pinturas me gusten todavía más que las anteriores.

S.- ¿Y mientras pintas, exiges concentración absoluta? ¿Si alguien te molesta es sacrilegio?

No soy nada rara, ni maniática. Quizá dar clases te acomoda al hecho de estar pintando y poder estar hablando. Me pueden estar observando fijamente y no pasa nada. Ahora, mientras trabajo en el mural a cuatro metro y medio de altura -y tengo vértigo, precisa- suelen permanecer algunas vecinas abajo en la calle hablando y comentando, me encanta que les interese lo que hago y, al mismo tiempo, me preocupo de la estabilidad del andamio. 

 

S.- A veces, cuando observa a un artista trabajando -ya sea pintando o esculpiendo una escultura, por ejemplo, parece que el proceso fluye fácil, ¿pero no es así, siempre hay un esfuerzo de tiempo, intelectual, incluso físico?

Totalmente. De hecho, pintas y te cansas; no sólo ahora en el andamio mientras trabajo en el mural también cuando pinto en el estudio. Siempre hay un esfuerzo. Al final cada pintura es un recorrido, cada obra lleva una carga detrás de todo lo que has pintado antes. Todo lo que he pintado con anterioridad me ha enseñado algo y aún me queda mucho por aprender.

 

S.- ¿Realizas un proceso previo antes de iniciar la pintura en el lienzo?

Si, por ejemplo, en el caso de los retratos de los que hablaba antes, juego con la fotografía que he realizado, la paso a blanco y negro, trato de detectar los detalles, quizá incluso tenga que volver a coincidir con él antes de comenzar a pintar. No es proceso mecánico, no soy nada metódica. Siempre digo que pinto por instinto. En el caso del mural tenía una idea preconcebida de lo que iba a hacer, pero el día que me sitúe frente al espacio que debía pintar todo cambió, quería hacer otra cosa diferente, la idea había cambiado.

 

S.- Dicen que si desde que ideas una obra de arte hasta que la finalizas no ha cambiado nada es que no has vivido ni aprendido nada…

Así es. El camino, el proceso es muy enriquecedor.



Autor: Javier Muro

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