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{ENTREVISTAS}

'La aventura es un estado mental'

Simón Elías, alpinista y escritor, habla de 'Alpinismo Bisexual y otros escritos de altura'

'Alpinismo Bisexual y otros relatos del altura', el libro escrito por el montañero y escritor Simón Elías aparece de forma continuada en las listas de los 'mejores' de 2013. Elías ha reunido una extraordinaria colección de artículos, relatos y escritos -historias en definitiva- que aparecieron originalmente en diferentes publicaciones especializadas en montaña, en los que habla de la montaña, claro, pero también de muchas más cosas, de una forma de vida, de la sociedad encorsetada, de personajes entreñables que viven fuera del sistema, del contraste entre la naturaleza y la civilización, del orgullo de ser de pueblo o del compañerismo de la cordada. Lo hace desde el humor y la ironía porque entiende, y así lo explica, que es preciso escribir para que el lector lo pase bien. Su gusto por lo literario lo encuentra en su niñez, en la tradición narrativa de su familia y en su afición por leer ya desde muy pequeño, cuando bajo su cama le esperan el teniente Blueberry, Tíntín, Stevenson o Julio Verne./Javi Muro

 

S.- ¿Qué nos encontramos en 'Alpinismo Bisexual y otros escritos de altura'?

Había mucho material, pero quería hacer una selección bastante exhaustiva, tanto en calidad como en cantidad. Juntar textos que de alguna manera pudiesen tener una relación, que le concedieran una continuidad al relato. Aparentemente no lo tiene, pero al final si lo tiene. Hay gente que te dice “lo podíais haber hecho más largo…”, sí, si material hay un montón, pero es mejor hacer una pildorita jugosa que algo más gordo, que igual perdiera un poco la esencia.


S.- ¿Surgieron dudas en la selección de los artículos hasta que quedara una edición tan redonda?

Sí, sí. Al final el trabajo más largo fue el de selección del material que iba a salir. Estaba en Londres esa temporada y me tiré prácticamente un mes pensando y releyendo, y ya cuando tuve un bloque elegido se lo mandé a Julian, al editor (Pepitas de Calabaza). Le echó un vistazo y de ese bloque de artículos creo que se quedaron dos o tres cosas fuera y lo demás es, prácticamente, lo que está en el libro. Volví a corregir los textos porque muchas veces las cosas que escribes en el blog, con la inmediatez que tiene y las prisas… La edición del libro es, digamos, más cuidada. Creo que ha quedado una cosita bastante apañada.


S.- ¿Cómo surgió la idea?

Bueno, la idea surgió hace ya muchos años hablando con Julián… tenía la editorial, funcionaba bien, además ‘Pepitas de Calabaza’ reivindicaba un modo de pensamiento libre y sin lindes, podemos decir, que de otra manera, era lo que yo también reivindicaba también desde mis escritos de montaña. Le mandé unos textos… estamos hablando de hace siete u ocho años… los leyó, le gustaron, y fuimos trabajando la idea poco a poco, como él no tenía prisa ni yo tampoco, fuimos hablando… hace cuatro años hubo un momento en qué dijimos: habrá que hacer esto, ¿no? Ha sido todo muy lento y con mucho trabajo detrás y, sobre todo, bastante trabajo conceptual para ver qué es lo que iba a entrar. Que unos artículos publicados en revistas especializadas de montaña tengan la capacidad de llegar al gran público y que haya sido ‘Pepitas de Calabaza’ quiénes lo han editado me parece algo undergrown, me parece algo bellísimo. Son artículos escritos algunos de ellos cuando era seleccionador español de Alpinismo y algunos textos incluso me dieron problemas con la Federación. Me encontré un mundo burocrático en el que el presupuesto es todo y yo soy alpinista, pero también soy escritor, no podía permitir que me castraran una de las alas. Escribir me sirvió también como terapia. Es genial que eso esté ahora reunido en un libro, que está en las librerías al alcance de todos.


S.- ¿De tus textos en ‘Alpinismo Bisexual’ se desprende la idea de que entiendes el alpinismo no como un deporte, sino como una forma de vida?

Sí, igual lo de una forma de vida es un poco cliché. Lo que está claro es que no lo concibo como un deporte; es más aborrezco los valores del deporte. Me parece que el deporte es tan malo como Antena 3 o peor y además tiene la misma línea; es una estrategia controladora de masas, que se basa en la apariencia y en el yo soy mejor que tú, y muchas veces basada en la desesperación por ganar. Está claro que lo que hago no tiene nada que ver con el deporte. Es más, este libro, que creo que es un libro anti deporte lo viene a decir en el tono de los escritos… voy algún sitio y me dice “el deportista”… “¡oye! A mí no me insultes”.  Si hablamos del deporte como un movimiento de masas esto es todo lo contrario, de lo que habla este libro es de sal de esa masa, salte de ese maratón, salte de esa línea de esquiadores de montaña, salte de esa pareja de tipos que juegan al tenis, y vete tú sólo fuera de las líneas que marcan un campo, vete tú sólo fuera de las marcas del camino, fuera de las pistas de esquí. Eso es lo que trata de potenciar este libro, la libertad individual por encima de las reglas y las normas de la sociedad. Un canto a la libertad y más allá de cualquier pensamiento preestructurado.

 

S.- Pensaba que hablabas del deporte profesional, pero veo que lo haces del deporte en general…

Sí, hablo del deporte en general. Me parece que la actividad física es algo maravilloso, pero me parece que el deporte está sucio hasta los tacos de las botas. Hay que tener mucho cuidado con el deporte porque es algo peligroso. Parece que todo se puede hacer en nombre del deporte, el deporte es como el Domun… es que vamos a correr por no sé qué,  el partido de fútbol para no sé cuantos, es todo mentira… Es todo parte de la misma estrategia que nos están vendiendo… los Juegos Olímpicos… mentira. En la presentación del libro decía “contra el deporte, la mejor defensa es la prevención”. Están utilizando a la gente joven para vendernos una serie de cosas en nombre del deporte. El deporte se está encargando de canalizar una serie de mensajes por parte de los poderes –los que sean, me da lo mismo- y nos llegan a nosotros ya con la vaselina puesta. Tenemos que tener mucho cuidado con eso. Creo que hay una necesidad tremenda de pensamiento crítico en todos los aspectos de la vida y en el mundo del deporte hace falta muchísimo. Yo vengo del deporte profesional y si hay poco pensamiento crítico en otros ámbitos de la vida, ahí menos aún. Nos la meten doblada.
S.- En el prólogo del libro. Sebastián Álvaro dice que no se imagina a muchos montañeros españoles leyendo a Shakespeare…

Tiene parte de razón y quizá conforme van pasando los años más aún.


S.- Te lo comentaba porque suena un poco a añoranza de cómo se hacían las cosas…

Sí.  Antes, el alpinismo tenía mucho que ver con lo que leías, con lo que escuchabas a otra gente, con lo que investigabas, con los recorridos que hacías mentalmente sobre un mapa, y luego había, obviamente, una parte de acción, de puesta en escena de todo eso sobre el terreno. Hay una parte que tiene que ver con lo intelectual, con lo observador, una parte que te enriquece, te encuentras con los golok del Tibet y hablas con ellos y les preguntas. Luego llegas a la montaña y es cuando hay que sacar ese punto de acción y escalar la montaña. Creo que lo que ocurre hoy en día es que se han minimizado todas esas partes anteriores y se centra todo en la acción; además con el intento de convertir esto en un deporte, cada vez más reglado, cada vez más sujeto al cronómetro y, por lo tanto, cada vez más sujeto al mensaje aterrador que nos manda cada día nuestra sociedad… cada vez más fuerte, cada vez más rápido, cada vez más guapos, hay que triunfar, no se puede ser el segundo hay que ser el primero… ese mensaje está en el alpinismo. Eso está haciendo que todo lo que tenía que ver con lo intelectual, con lo humano… ir a un valle de Pakistán y antes de subir la montaña sentarte con un pastor y charlar… Ahora la gente va al monte y no se para a hablar con nadie, lo único que interesa es el actor físico de subir y cuantos más músculos y más huevos pongamos encima de la mesa mejor.


S.- De ahí las palabras de Sebastián Álvaro…

Claro. Eso es algo muchas veces proporcional a la cantidad de libros que se leen, o la cantidad de horas de conversación respecto a un tema estimulante que se tienen, que no tengan que ver con si cogemos una presa invertida o un monodedo. Por eso Sebas tiene razón. Se ha olvidado el paquete precioso que tenía el alpinismo para dejarlo en una perfomance. Tenemos que tratar ese precioso envoltorio, ‘Alpinismo Bisexual’ es un intento en ese sentido.


S.- En un par de los textos que aparecen en el libro, hablas del alpinismo como algo grotesco… de subir a una montaña, colgado de una cuerda y que al llegar a la cima esté nublado y no se vea nada, pero al mismo tiempo como algo apasionante…

Vamos a ver, es un intento de no mitificar nada. Por varias razones. Primero porque creo que cualquier persona en su cabales debe de intentar no mitificar nada y menos lo que él hace, y luego porque no hay nada que mitificar en esto. Si te pones a analizar el alpinismo con un poco de detenimiento o cualquier actividad de este tipo, en la cual uno se juega mucho el pellejo, nunca sabes dónde está la diferencia entre la valentía y la estupidez. Es una línea muy fina, y muchas veces lo que estás haciendo es una absoluta estupidez. Otras veces es valentía, pero es una línea fina y serpenteante. Me parece que en ese punto de las acciones humanas hay mucha grandeza, porque es algo que hacemos desde una libertad personal absoluta. Es cierto que nos puede llevar a ser unos gilipollas redomados porque nos lleva a pasar frío, a jugarnos la vida, a perder los dedos, o a hacer una gesta, una acción casi heroica, situando al hombre por encima de sus posibilidades y viviendo todo lo que eso conlleva. Creo que esas dos cosas están fundidas y eso es lo que hace que el alpinismo sea una gran estupidez, sea una cosa fantástica y maravillosa, sea algo grotesco y, a la vez, el motor de mi vida. No sólo es el alpinismo, a mí me atraen mucho todas las acciones en las que el hombre se pone al extremo y lo hace en medio de la naturaleza.

 

S.- Al ir leyendo los artículos, las diferentes historias, vamos encontrando pequeñas comparaciones entre la vida en la montaña y los periodos en la civilización… ¿es un juego pretendido, es algo que surge al escribir?

En el libro se ha pretendido eso, pero en el día de la escritura ocurría porque era mi ritmo vital. Si estaba un mes en África, escribía cosas sobre África y después regresaba a Logroño, escribía una o dos cosas desde aquí, y luego quizá viajaba a Sudamérica… y lo mismo. Ese ritmo lo hemos tratado de concentrar en el libro. Hemos intentado que hubiera siempre una ida y vuelta porque sintetizaba muy bien el ritmo vital de estos últimos años. Sí que hay un paralelismo en tanto en cuanto por un lado está la épica alpina, montañera, del viajero, a la que trato de quitarle hierro siempre, y por otro, está el lado de las travesuras domésticas, de los pequeños tropiezos, los cuales trato de ensalzar para construir la épica domiciliaria. Creo que tiene interés a la hora de explicar que la aventura es un estado mental, que no es imprescindible irse a Uganda, que también puedes vivir una gran aventura en Logroño. Es muchas veces una cuestión de mirada, de actitud mental. Es el juego de convertir lo épico en estúpido y lo estúpido en épico.
S.- En alguna de las historias hablas de ‘arresto domiciliario’ cuando no puedes escalar…

En este caso, el texto que se titula ‘Arresto domiciliario’ va más allá. No es una ocasión en la que no puedo ir a la montaña, porque sí estoy yendo a la montaña, pero quizá es un momento extraordinariamente introspectivo, también peligroso por lo que puede salir del personaje en ese momento y, por lo tanto, es mejor arrestarlo y tenerlo en casa y que no salga mucho por lo que pueda ocurrirle. Tiene que ver con la montaña, pero tiene que ver con el momento vital del personaje. Y digo personaje, porque si me gustaría esclarecer que el libro está escrito en primera persona, el libro soy yo, son cosas que a mí me han sucedido, pero ese personaje que es el hilo conductor del libro no soy enteramente yo. El personaje es un tipo mucho más heroico, mucho más entrañable, mucho más divertido y mucho más valiente, de lo que es Simón Elías. Es una de las grandezas de la literatura, que te construyes como te gustaría ser. Ya me gustaría ser este tipo.


S.- ¿Siempre te llevas lecturas a tus viajes, a tus expediciones, a la montaña?

Siempre. Soy un bibliómano absoluto. No es que me lleve lecturas de viaje, es que mis amigos siempre se ríen de mí porque voy con un bolso y siempre, aunque vaya al bar de la esquina, siempre va un libro. Es la mejor compañía y si has quedado con alguien y llega cinco minutos tarde pues lees el libro o si ves un rayito de sol sobre un banco pues mira… lees el libro. Tengo una necesidad compulsiva de leer y si encima tengo una buena racha en la que estoy encontrando buenas lecturas… pues ya…  me despierto de madrugada para leer.


S.- ¿Qué tienes con los aeropuertos?

(Risas)… Los aeropuertos son un lugar que frecuento mucho por razones obvias y luego son sitios que me parecen curiosos. Son tan asépticos, tan fríos, tan impersonales, que quizá reflejan muy bien estos días que vivimos. El ser humano en ese decorado del aeropuerto se convierte en un personaje bastante patético y bastante irrisorio; me gustan los aeropuertos por eso. Me gusta leerlos, me gusta repasarlos, porque son muy divertidos, porque el decorado acentúa lo patéticos que somos.


S.- También se nota que presumes del lugar del origen, del pueblo, y en algunos artículos –en varios- lo utilizas como recurso para contrastar con los lugares que estás descubriendo, sea Londres o una montaña…

Sí, es una forma de conciencia de los orígenes. Igual nos ha pasado a todos los que somos de pueblo, durante una época nos ha dado mucha vergüenza ser de pueblo. Por ejemplo, cuando llegabas al instituto con los zapatos manchados de barro porque igual teníamos que ir a la huerta a sacar los pimientos antes de ir a clase. Pero luego, en cambio, te enorgulleces mucho de ser de pueblo y de haberte criado en medio de una serie de tradiciones y de valores que, hoy en día, casi han desaparecido. Es un orgullo y es algo con lo que juego frecuentemente. Hay gente que ha salido de casa y se le ha quitado lo del pueblo, a mí con los años creo que se me ha acentuado. Me gusta observar el comportamiento que tenemos los de pueblo en las ciudades. Cuando voy a las grandes ciudades sigo alucinando viendo las ferreterías o los sexshop… de lejos, claro, los de pueblo no podemos entrar… (se ríe). Las ciudades son mundos de luces de neón que nos atraen casi infantilmente. Me gusta ese lado del personaje que narra el libro que sigue siendo ese niño que viaja, llega a las ciudades, comete torpezas, se mete en líos…

 

S.- El compañerismo en la montaña también está muy presente en las historias que cuentas en el libro…

Sí, creo que ese es un tema que se trata desde diferentes puntos de vista. Obviamente, desde el capítulo que da título al libro ‘Alpinismo Bisexual’, en el cual se hace una exaltación de los valores de la cordada de ampliar las maneras de compartir, hasta personajes que conoces cuando vas al monte y se unen a tu cordada y te enseñan, personajes muchas veces representados por los guías locales… es que el compañerismo, en este tipo de situaciones, es lo único que te queda; el echarse una mano entre todos. Ya las estás pasando muy putas para que encima no te ayudes con el de al lado... y también es esencial el sentido del humor.
S.- La lectura del libro también permite disfrutar de historias con personajes realmente peculiares e interesantes, por ejemplo, ‘El autoestopista de El Capitán’.

Son personajes que existen, están ahí, son historias reales y son sorprendentes. A mí hay una cosa que me fascina y es que el mundo es un lugar maravilloso, es acojonante. Pese a que nos quieren estandarizar cada vez más y nos quieren hacer creer que vivimos en una baldosa, es mentira. El mundo está poblado de seres fantásticos que no obedecen a ningún esquema y Chango Chuk es uno de ellos. Es un tipo que se crío en Estados Unidos, vivió muchos años en Méjico, dicen que si luchó en la guerrilla… En los años 80 se instaló en Yosemite y vive como un absoluto vagabundo. Vive, de alguna manera, llevando la contra a la sociedad, pero simplemente por llevarla, porque no le interesa todo lo que está pasando con el desarrollo, el progreso. Él no se cree todo eso que le están vendiendo y cuando tiene que tomar una decisión, decide vivir en el bosque. A partir de ahí comienza a hacer cosas como autostop en las paredes. Habían comenzado las ascensiones de velocidad en Yosemite, rutas de cuatro o cinco días, las querían hacer en treinta horas. Cuando ellos hacían eso, Chango lo que hacía era realizar las ascensiones lo más despacio que pudiese; una ruta de cinco días le costaba dos semanas y si veía que iba muy deprisa comenzaba a hacer un puzle colgado de su hamaca. Era por tocar las narices… luego comenzó con lo del autostop. Un tipo fascinante.


S.- En una de las historias, hablas de las tecnologías que acompañan hoy al alpinismo, a la escalada… y da la impresión, en ese texto, de que tú, o el personaje que narra el libro, encuentras contradicciones en este tema…

Antes de entrar en la respuesta, hay algo importante que me gustaría decir, este es un libro que está lleno de contradicciones. Absolutamente lleno; la contradicción es el motor de todo esto… la crítica del deporte por parte de un tipo que ha sido capitán de la selección española de alpinismo y deportista de elite, la crítica a la tecnología por parte de un guía de montaña que lleva Airbag, GPS, teléfono satélite, cronómetro/altímetro, etc… Claro que hay contradicción y esa contradicción es, de alguna manera, el motor. No tiene porque esconderse. Toda esa contradicción viene de ser usuario de esas cosas. Si yo no fuera usuario del deporte no podría darme cuenta con tanta certeza de lo peligroso que es, si no fuese usuario de todo ese tipo de tecnología no percibiría lo casi sub real que parece a veces todo… a veces lo ves en la mirada del otro, que te mira como si fueras disfrazado.

 

S.- Leyendo algunos de tus relatos, he recordado un anuncio que decía algo así como ‘Las verdaderas redes sociales son los bares’…

Creo que entre nosotros sí, luego hay otros sitios a los que vas que no se entiende los bares así. Pero vamos, aquí, en España y alrededores, el bar es una institución, pero es algo que es más de aquí. En otros lugares no son esas catedrales de la amistad y de la complicidad como los conocemos aquí. Yo en Logroño vivo en los bares, menos dormir, que alguna vez también… El ambiente de charlar en los bares, en cuanto a socializar, me parece maravilloso. En Francia, donde vivo ahora, cuesta mucho más, hay otro talante, cuesta más compartir. Que mueran Facebook y Twitter y que vivan los bares.
S.- Una característica que acompaña a todos los artículos es un toque de ironía y humor, ¿es algo que consideras imprescindible?

Me parece imprescindible; siempre es un escudo. Creo que el sentido del humor es un escudo, pero también un signo de inteligencia. Ambas cosas nos sirven para protegernos en estos días de toda la desfachatez que nos rodea. También es una cuestión técnica, narrativa, ¡joer!, hay que escribir para que la gente se lo pase bien. Hay libros que leo y digo este escritor escribe de puta madre y ha creado una gran novela, pero… no se da cuenta de que se trata de que los otros se lo pasen bien. Creo que a veces como comunicadores se nos olvida eso, estamos tan encerrados en nuestra burbuja que se nos olvida. Por eso creo que el sentido del humor es fundamental.


S.- Y queda claro que desde la montaña también se puede analizar y criticar los que está pasando en España y en otros países…

Sí, sí que hay más que una dosis de humor en algunos de los textos. Hay un análisis del momento sin llegar a ser profundo, ni exhaustivo. Creo que es importante cuando visitas un lugar conocer qué es lo que pasa allí… lo que pasa en Nepal si estás allí, si hay elecciones en Argentina o si en España hay una huelga general. Eso también intento plasmarlo en los escritos porque creo que acolcha muy bien las historias que estás contando, dónde estás y qué estás pasando. Además, cualquier cosa que cuentes de lo que está pasando es una oportunidad para la ironía, porque es todo un drama absurdo.


S.- ¿De dónde te viene el gusto por escribir? Creo que lo haces publiques o no publiques…

En mi familia siempre se han contado historias, mi padre es antropólogo y ha escrito una cantidad abrumadora de libros, que no tienen nada que ver con la idea de entretener al lector. Ahí ya hay un componente familiar. Hay además, un amor por contar historias y por vivirlas, por vivir historias diferentes. Toda mi vida he estado rodeado de libros; desde pequeño tenía bajo la cama las aventuras del teniente Blueberry y de Tintín, Emilio Salgary, Stevenson, Julio Verne… El leer y una cierta tradición narrativa en la familia ha hecho que a mí me guste comunicar con mayor o menor acierto.



Autor: Javier Muro

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