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{ENTREVISTAS}

'Estoy en un momento vital en el que necesitaba mirar atrás porque siento que tengo que dar un paso adelante'

Inma Cuevas estrena 'Ciclos' en el teatro Bretón de Logroño

Inma Cuevas es actriz. Celebra el estreno nacional de ‘Ciclos’ en el Teatro Bretón de Logroño, un montaje teatral que interpreta y del que también es cocreadora, junto a Gon Ramos, y productora, junto a su marido, Jesús Sala. De la mano crearon la productora Kendosan.  Detalla Inma que ‘Ciclos’ es un viaje y un homenaje del que son protagonistas las mujeres y hombres de su familia que arriesgaron y, de alguna manera, permitieron que ella ahora pueda subirse a un escenario. Es también una declaración de intenciones. “Estoy en un momento vital en el que necesitaba mirar atrás y dar un paso adelante”. La actriz madrileña se ha preguntado a lo largo del proceso creativo dónde estaba el origen de Inma y de la actriz que es. ‘Ciclos’ es íntima, poética y muy personal, desde su condición de ficción. “Cuento cosas que no he contado a nadie”. Tras el estreno de ‘Ciclos’, Inma Cuevas retoma las representaciones ‘Mosieur Goya’ y ‘Mrs. Dalloway’ -con la que estará de gira hasta junio. Mientras baraja las opciones que el calendario le ofrece para aceptar algún otro proyecto propuesto. ‘Ciclos’ regresará en otoño del año que viene, de gira o en Madrid./Javi Muro

 

SPOONFUL.- ¿Qué cuenta ‘Ciclos’? ¿Qué vamos a ver sobre el escenario del teatro Bretón?

‘Ciclos’ es un viaje y un homenaje a todas las mujeres y hombres de mi familia, que un día arriesgaron. Gracias a que un día ellos arriesgaron yo me puedo subir a un escenario. Inicié este proceso pensando que quería hablar de la perfección, algo grandísimo porque a mí me sucede que a veces la perfección en el escenario y en la vida me mata porque no me deja ser libre, me agarra. Comprendí que para mí la perfección se encontraba en las manos de mi abuela haciendo rosquillas con anís y limón. 

 

S.- ¿La perfección no era lo que imaginabas?

Es así, al final la perfección está en algo tan pequeño, pero tan universal, como las manos de mi abuela cocinando con amor. Mi abuela representa también a todas esas mujeres que tuvieron que dejar de ser lo que ellas querían ser para hacer otras cosas, como ser madre, ama de casa, y no cumplir sus sueños. También yo me subo al escenario en este momento de mi vida porque tengo la necesidad de hacerlo, porque es lo que más feliz me hace a nivel profesional, y de alguna manera quiero hacer un homenaje a todas esas mujeres que no pudieron cumplir sus sueños. Tengo tías, tengo primas, que quisieron ser artistas, que siguen cantando donde pueden, y que no lo pudieron hacer profesionalmente. Cuando subo al escenario siento que están conmigo.

 

S.- Hablas de la idea de perfección como reto y como enemigo.

Hay algo que me fascina de la naturaleza, cómo es tan perfecta. Como la proporción aurea está en las conchas en el mar, en los hexágonos que construyen las abejas, en los fractales de los árboles y de las plantas, hay algo perfecto en todo eso que hace que el mundo y el universo sea más bello. Yo quería alcanzar esa belleza en el escenario, pero a veces la búsqueda de la perfección me bloqueaba; me obligaba a exigirme demasiado cuando la perfección estaba a veces en lo sencillo, en lo pequeño y sólo era necesario hacerlo con dedicación y con amor, nada más. Cada vez que me subo a un escenario trato de comunicar ese amor que siento, siendo honrada y honesta. 

 

S.- Un nuevo camino de búsqueda de la belleza...

Ser imperfecta es lo mejor del ser humano, cada uno es diferente, único e imperfecto. En esa imperfección está la belleza. Las manos de mi abuela eran muy imperfectas, estaban llenas de arrugas, tenía lunares que eran bellísimos, eran irregulares y esa irregularidad me fascinaba. Jugaba a tocar las manos de mi abuela y disfrutaba viendo como cocinaba y como amasaba en la cocina de casa de mis padres. Como sobre una mesa gigante repartían los alimentos y los mezclaba, para mí era un acto teatral.

 

S.- Reflexiones que poco a poco reunieron los condimentos de lo que hoy es ‘Ciclos’.

Estoy en un momento vital en el que necesitaba mirar atrás porque siento que tengo que dar un paso hacia adelante. Con Jesús Sala -mi marido y productor de ‘Ciclos’- y con Gon Ramos, que es un escritor, dramaturgo y actor, un chico muy joven que acaba de cumplir treinta años, hemos ido creando ‘Ciclos’. Me fascina como trabaja Gon porque tiene una gran sensibilidad y una visión del mundo especial, y escribe muy bien. A Jesús y a mí nos encantaba su trabajo; habíamos visto algunos de sus trabajos cinco o seis veces en escena. Son textos de una belleza abrumadora. Nos juntamos con él y le expliqué de qué necesitaba hablar… de las manos de mi abuela, de la imperfección… Recuerdo que me dijo: “tú de lo que quieres hablar es del origen”. Esa palabra me caló tan fuerte que comencé a preguntarme dónde estaba el origen de Inma, como actriz, como persona. Comenzamos una búsqueda hacia atrás y he confeccionado un árbol genealógico que data de 1740, una barbaridad. Hemos estado un año y medio investigando.

 

S.- ¿Y cómo ha sido el proceso creativo?

Tengo una necesidad de expresarme muy concreta; tengo la necesidad de cantar, de moverme sobre el escenario, así que toda la investigación realizada sirvió para trabajar sobre la obra y lo que quería contar. Ha sido una creación a dos manos, entre Gon y yo. Hemos seleccionado ciertos lugares para ponerlos en escena. 

S.- A lo largo de ese proceso creativo, ‘Ciclos’ ha pasado de monólogo a obra con música en directo e interacción con los músicos, ¿no? Es un obra viva.

En un momento dado surgió la imperiosa necesidad de que hubiera música en directo y como tengo una familia de artistas, entre los que están uno primos músicos, payasos y actores. He contado con cuatro de ellos para que me acompañen en este viaje. Es muy importante que estén porque son parte de mi familia. Hablamos de perseverar, de no rendirse, de arrastrar carromatos con fuerza, y de que en la familia ha habido grandes mujeres y grandes hombres que han arriesgado y por eso estamos nosotros aquí. Somos cinco personas en escena. La idea comenzó como un monólogo, pero a mí estar sola en el escenario me parece muy aburrido, me gusta mucho trabajar en equipo. Ni siquiera tenía carácter de monólogo al principio ya que no había palabra, sólo movimiento. La música en directo no sólo acompaña, interactúa conmigo. El espectáculo te escupe cosas cuando no las necesita. Hemos tratado de empujar escenas o momentos y si no encaja el espectáculo lo rechaza. Te dice: no hace falta. El espectáculo está vivo.

 

S.- La idea de responsabilidad planea entre los conceptos que participaron en el proceso creativo de ‘Ciclos’.

Sí, a pesar de que llevo veinte años en la profesión y tengo la suerte de poder dedicarme a lo que me gusta con continuidad, necesitaba parar y de verdad hacerme responsable, porque uno puede elegir, pero había algo que ya estaba antes de que yo supiera que quería ser actriz. Era algo que ya estaba en mí. Gracias, por ejemplo, a que mi bisabuelo dio un paso al frente, y sin el saberlo, ese paso hizo que yo esté donde estoy. De alguna manera, tengo que hacerme cargo de eso. Es algo maravilloso. No es un lastre, es una mochila de herramientas que se me ha dado y que, afortunadamente, puedo utilizar para un bien. Algo que me hace feliz. El compartir desde el escenario es algo tremendamente poderoso. Sacar al público de su rutina y hacer que se formulen preguntas, hacer que se rían o lloren, me parece una herramienta valiosísima. El mejor trabajo del mundo.

 

S.- Hablas también de tradición…

No lo había pensado así, pero puede ser. Cuando era más pequeña no tenía esa conciencia de tener que seguir la tradición de lo que mi familia era. Mi madre es, entre comillas, la menos artista de todos, porque es la que más alejada ha estado de la vida artística. Así que yo no lo he mamado tanto en casa. No era una obligación ser artistas. Tengo primos que se han sentido un poco obligados desde pequeños a subirse a un escenario. Era la tradición de sus padres. En mi caso no ha sido así, no he tenido la sensación de tener que seguir la tradición. Ahora es cuando siento, de verdad, que tengo que seguir ese camino, ahora soy consciente de que debo hacerlo.

 

S.- ¿Desde pequeña querías ser actriz?

No era que dijera: “Mamá quiero ser actriz”; es que lo hacía. Jugaba en mi casa con mi hermana a organizar los eventos navideños y los espectáculos en casa antes de cenar, a hacer anuncios. En el colegio siempre hice teatro. Cuando cumplí los 18 quería estudiar en la Escuela de Arte Dramático. Siempre ha estado ahí la idea, nunca se fue. Hasta mis profesoras entendieron, cuando me veían en el escenario, porque en clase de matemáticas no atendía tanto.

 

S.- La imagen del personaje de la Maestra de Ceremonias es poderosa.

No sé si estoy haciendo spoiler -se ríe-, hay una imagen muy potente con el vestuario de Maestra de Ceremonias, es cierto. Son las cosas que a veces un espectáculo te empujo y te incita que vayas hacia ellas. El año pasado, al principio del proceso de creación de ‘Ciclos’, surgió la oportunidad de presentar el Primer Festival Iberoamericano de Circo, en el Circo Price. Al principio, en ‘Ciclos’ no había nada circense o nada referente a la familia, pero pisando por primera vez la pista del circo vestida de Maestra de Ceremonias constaté que era algo de lo que también tenía que hablar. De hecho, el mismo vestuario que utilicé en el circo está en ‘Ciclos’. Todo en manos de Paola de Diego, que es la responsable de vestuario y trabaja maravillosamente bien. Me di cuenta que te tienes que merecer vestir esa chaqueta, a lo largo del espectáculo hablo de eso, de las tradiciones que pasan de padres y madres a hijos e hijas. Es como en la tradición japonesa del teatro, donde algunos papeles son heredados, que no los puede interpretar cualquiera. El padre está cuarenta años haciendo un personaje y se lo pasa al hijo. Algo así pasa en ‘Ciclos’, hay un momento en que por fin sí puedo vestir esa chaqueta.

S.- La puesta en escena es visualmente muy elegante.

Me rodeo de un equipo que nos gusta como trabaja y trabaja, muy profesionales. Javier Ruiz Alegría es un gran escenógrafo, iluminador y actor, lo tiene todo. Es una persona con mucha sensibilidad. Entre todos hemos creado un mundo delicado, muy poético.

 

S.- ‘Ciclos’ es un proyecto valiente.

Es como pisar fuerte en la vida. Como actriz y como persona una evoluciona y estoy en un momento en que me atrevo, me envalentono, a poner en marcha este espectáculo. No es nada fácil colocarse en el lugar en que nos hemos situado al hacer esta función. Es una obra íntima, no tanto de confesión, pero si cuento cosas que nunca he hablado con nadie. Es un momento en que quiero dar un paso al frente, un paso hacia adelante, como actriz en escena. Por ejemplo, he cantado en otros espectáculos, pero no con la libertad que siento ahora. Tengo la sensación de que siempre me he frenado y en ‘Ciclos’ me concedo la libertad de hacer lo que necesito hacer.

 

S.- Inma Cuevas hace teatro, cine, televisión….

Cuando estaba en el Escuela en Primer curso me dijeron: “Inma no eres versátil”. Eso se me quedó clavado. Creo que como actriz tengo que tener cuantas más herramientas mejor y he intentado llenar la mochila de todo el aprendizaje posible para ser la mejor actriz posible. Eso me ha permitido trabajar en diferentes espectáculos y de diferente temática, comedia, drama, teatro, cine, televisión, musicales… He llegado a un punto, que creo que tiene que ver con la madurez profesional, en el que no espero, si no tengo trabajo me lo invento. No podemos olvidar que se trata de una profesión muy dura en la que estás recibiendo “no, no, no” constantemente. Ya no espero a hacer lo que quiero. Y tengo que reconocer que tengo mucha fortuna.

 

S.- Las críticas reconocen siempre tu trabajo.

Soy afortunada, es cierto. Además, contar con el apoyo y el respaldo de la profesión, que es tan dura, te hace creer más en ti. Hay que tener los pies en la tierra, ni eres tan buena unas veces ni tan mala otras.

 

S.- Ya no te frenas…

Pongo todo lo que tengo al servicio del trabajo, del personaje, de la historia. Quiero contar historias; no me pongo límites. Cuanto más crezco, más me doy cuenta que el ponerme límites me impide ser feliz. Me transformo. Lo que sucedía en ‘Vis a Vis’. La gente que me conoce y veía la serie no les cuadraba nada el personaje de Anabel; y cuando no me conocen y ven la serie y después me ven, de primeras les doy un poco de miedo.

S.- Por ejemplo, tu personaje de ‘Vis a Vis’, que de inicio puede calificarse de secundario, termina situándose a la par que algunos de los protagonistas, ¿no?

Es un personaje muy enigmático, con mucha fuerza, que da mucho miedo. Me metí en un pozo muy grande para hacer ese personaje. Había unas pequeñas pautas tan sólo del personaje y había que desarrollarla. Me llamaron para hacer de gobernanta de la prisión, pero me explicaron después que moría en los primeros episodios. Así que me ofrecieron la nueva gobernanta, pero de un día para otro me propusieron ser Anabel y dije, adelante. Fue un personaje que se fue creando en escena, en el plató. El plató ayudaba, el olor a hierro, a soledad, a miedo…

 

S.- ‘Vis a Vis’ fue la serie que cambió de alguna manera la concepción de las series en España, ya no era para todos los públicos. Ya no estaba diseñada para que se identificaran padres, hijos, el abuelo… Era una serie sobre una prisión de mujeres y esa era la historia; no para todos los públicos.

Sí, el concepto de serie que puede ver toda la familia no sé si se acabó con ‘Vis a Vis’, pero desde luego ‘Vis a Vis’ no era una serie para todos los públicos. Era una serie con se conciben muchas series en Estados Unidos. Era una serie que arriesgaba, no era una serie que pudiera ver la abuela, el niño, y el papá y la mamá, no. Además, era una serie de mujeres, todos los personajes principales eran mujeres, hablando de temas muy actuales, viendo relaciones sexuales entre dos mujeres, que levantaba mucha llaga. Es una serie que está en todo el mundo. Dejé de rodarla hace dos años y la gente me sigue parando y preguntando por Anabel. De alguna manera, ‘Vis a Vis’, por su concepción, es la antesala de ‘La Casa de Papel’. Son los mismos creadores.

 

 

 

* 'Ciclos'. Domingo, 24 de noviembre. 19,30 horas. Teatro Bretón de Logroño.

 

 



Autor: Javier Muro

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