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{ENTREVISTAS}

'El mito es tan importante que muchos escritores son conscientes de que puede convenirles fabricar un personaje, un disfraz'

Francisco Daniel Medina ha publicado 'La Extravagancia' (SinÍndice), su tercerna novela

Francisco Daniel Medina es escritor. 'La extravagancia' (Siníndice) es su tercera novela, tras 'Un mundo sin cuentos' y 'Cuando las luces de la ciudad se apaguen' y el poemario 'El arte de derribar aviones'. Malagueño de nacimiento, Medina se planteó al escribir 'La extravangancia' si en este mundo en el que todo se consume a velocidad de vértigo seguía siendo posible encontrar escritores que se entregaran únicamente a escribir. Reconoce la influencia cinematográfica en la narración y apunta a Betolucci y a su película 'Soñadores' como inspiración de la atmósfera impregna la novela. 'La Extravagancia' es una obra de ficción biográfica que documenta la vida de los escritores Leo Romance y Ana Couteau, fundadores del movimiento literario conocido como 'extravagantismo', conforme a cuyos postulados vivieron sus últimos años. La novela de Medina respira pasión por escribir, pasión por leer, pasión por la literatura./Javi Muro

 

SPOONFUL.- ¿Escribir es un modo de vida? Al menos esa es una de las conclusiones que dejan caer los personajes de ‘La Extravagancia’

Escribir puede ser perfectamente un modo de vida y, de hecho, lo es para muchos escritores. Sobre todo si llega un momento en el que puedes convertir dicha pasión en una profesión. La escritura en general, y no solamente la de novelas, es una tarea que implica mucha dedicación y sacrificio. Han sido muchos los escritores que, a lo largo de sus vidas, se han planteado la diatriba casi existencial de si era más acertado dedicarse a vivir o a escribir porque puede llegar un momento en el que ambas actividades resulten casi incompatibles. En este sentido, los personajes de mi novela, que tienden al tremendismo, tienen un lema que termina convirtiéndose en el lema extravagantista: No vivas la vida, escríbela. Yo matizaría la frase y diría que la escritura es, en última instancia, una forma de vida. Además, la escritura siempre la llevas en la cabeza no solamente cuando estás sentado delante del teclado sino cuando viajas en metro o justo antes de acostarte con lo cual termina inundando todas las facetas de tu vida.


S.- Porque… ¿Qué cuenta ‘La Extravagancia?

La extravagancia cuenta la historia de dos jóvenes, Leo y Ana, el primero un funcionario que regenta por las tardes una librería de segunda mano y ella dependienta de una papelería, que llevan existencias monótonas hasta que se conocen y terminan por convertir la realidad en una proyección de sus mentes creativas. Conectan y, poco a poco, van ejerciendo una especie de insumisión o disidencia con respecto al mundo por medio de la escritura y la lectura hasta que deciden encerrarse en un piso para dedicarse exclusivamente a ambas actividades. Y conforme ese tránsito vital sucede, el estilo de la novela también va virando del realismo al surrealismo. Y de ahí surge el movimiento literario llamado Extravagantismo: Movimiento literario basado en un aislamiento radical y una dedicación exclusiva a la creación literaria. Pero, como suele pasar con los movimientos y las modas, no se trata de algo que ellos hayan premeditado sino que se gesta a raíz de un cúmulo de circunstancias azarosas. Y yo me valgo de esas circunstancias para parodiar en cierta medida los movimientos artísticos y, de paso, a los artistas malditos.


S.- Literatura sobre literatura. La pasión por escribir está siempre presente en Leo y Ana, ¿no? ¿También es algo que sientes tú?

La pasión por escribir me acompaña desde muy temprana edad. De hecho, publiqué mi primera novela con veinticuatro años pero llevaba ya algunos años escrita. Por lo tanto, podría decirse que me dedico a la escritura con vocación y con la voluntad de tomármelo en serio desde aproximadamente los dieciocho años.


S.- Permíteme la comparación. Leo y Ana surgen como unos 'Bonnie and Clyde' literarios. Son animales literarios, animales en vías de extinción, ¿no?

Cuando en la novela aludo a Leo y Ana como animales literarios y, para más inri, como animales en vías de extinción, estoy poniendo el acento en que, en los tiempos que corren, parece raro tropezarse con el perfil de escritor romántico que es capaz de tomarse las cuestiones literarias como cuestiones de honor o de vida o muerte. Me gustaba contraponer el actual mundo altamente tecnificado (y en el que lo que no tiene lugar en el marco de las redes sociales es como si no tuviese lugar) con la historia de dos jóvenes que se encierran y se dedican a algo tan arcaico como escribir y, además, empleando máquinas de escribir de las de toda la vida. Me planteaba, incluso, si después de Bolaño, y en este mundo en el que la oferta nos desborda y todo se consume demasiado rápido, seguiría siendo posible que existieran escritores capaces de entregarse únicamente a la tarea de escribir y capaces de pasar a engrosar el canon literario a la manera en la que lo hicieron los viejos tótems como Borges, Cortázar, Joyce, Faulkner o Hemingway.


S.- ¿’La Extravagancia’ tiene más de ironía u homenaje sobre el universo literario?

Tiene ambas cosas. Yo diría que la novela, y me alegra que te hayas percatado de ese punto y no te lo hayas tomado todo demasiado en serio, es 50% homenaje y 50% parodia. De hecho, tiro de cliché a la hora de describir a los personajes como artistas malditos y tiro de cliché a la hora de configurar el Extravagantismo como movimiento con la idea de parodiar o desmitificar hasta cierto punto ambas cosas. Pero, al mismo tiempo, se da la paradoja de que, el que suscribe todo esto, ha sido siempre un sujeto con tendencia a la mitomanía, melomanía y a todo lo que acabe en ‘manía’. Por tanto, hago esos retratos desde el cariño y la ternura que me han despertado siempre personajes que idolatramos durante nuestra juventud y, luego, con el paso de los años, tendemos a olvidar mientras ellos continúan rompiéndose o autodestruyéndose como si fuesen viejos juguetes abandonados. También me parecía injusto que, cuando se retrata a estos personajes, la prensa que tiende al sensacionalismo siempre ponga el acento en los rasgos negativos de su personalidad, cuando suelen ser también personas muy vitales y con gran sentido del humor y de la ironía.


S.- Aparece el movimiento literario… y lo que es un juego para sus creadores se convierte en leyenda para sus seguidores. ¿Qué importancia tiene el mito a la hora de leer y escribir?

El mito es tan importante que son muchos los escritores que son cada vez más conscientes de que puede convenirles fabricar un personaje, un disfraz. Se me ocurre el caso del polémico Michel Houellebecq o, aludiendo a un ejemplo de la historia reciente de las letras patrias al cual menciono en la novela, se me viene también a la mente la figura de Leopoldo María Panero. ¿Cuánto hay en estos personajes o había, en el caso de Panero,  de real y cuánto de impostado? El mito influye desde el momento en que nos impide interpretar una obra ateniéndonos exclusivamente a los elementos objetivos que la integran, desde que achacamos o atribuimos a una obra de arte –en este caso literaria– circunstancias o valores que están fuera de ella. Y, por tanto, el mito o la leyenda, terminan condicionando nuestra lectura de la misma, unas veces para bien y otras para mal. En cualquier caso, dificultan la recepción de la obra de una manera aséptica.


S.- También merodea la figura del escritor maldito… ¿los escritores quieren vender libros y que les lean o ser leyendas minoritarias?

Yo creo que, cada vez más, los escritores (como seres humanos que somos y que además nos vemos obligados como el resto de los mortales a comer para sobrevivir y a pagar facturas), lo que queremos es dedicarnos a hacer lo que nos gusta pero, además, cobrando por ello lo cual no parece nada descabellado si lo aplicamos a cualquier otro oficio. Que alguien piense que está mal pagar por la cultura es un síntoma más del delicado escenario cultural en el que nos desenvolvemos. Pero, bien es verdad, que el ideal al que yo aspiraría sería el de poder escribir libros en los que la calidad literaria no esté reñida con las ventas. De hecho, me jacto de no haber hecho ninguna concesión al respecto ni creo que llegara a hacerla nunca. Me tengo por un escritor con principios. De esto último me parecen buenos ejemplos autores como Houellebecq al que ya mencioné antes, Jonathan Franzen o Paul Auster, en el sentido de que escriben libros en los que la literatura de calidad y las ventas van de la mano.

 

S.- Corrígeme si me equivoco, pero ‘La Extravagancia’ tiene algo de narración cinematográfica.

Tiene mucho de narración cinematográfica y supongo que ello está motivado por una deformación generacional si se quiere. Los de mi generación estamos tan influenciados o más por lo audiovisual que por la palabra escrita. Además, en el caso concreto de esta novela, el germen o la inspiración nace de una película de Bertolucci titulada ‘Soñadores’. Al menos en lo que a la intención de recrear un tipo de atmósfera se refiere.


S.- Y está la figura de Alejandro Heintzman; un extraordinario recurso narrativo, ¿no?

Me interesaba que el libro adoptase la forma de una ficción biográfica. Así podía contar con un narrador en el que confluyesen la toma de cierta distancia propia de un biógrafo junto con un moderado grado de implicación con los personajes. Alejandro les conoció en vida y se ha propuesto hacer un poco de justicia poética ante todo lo que se está diciendo y escribiendo acerca de Leo y Ana lo cual casi siempre pone el acento en la parte más morbosa y sensacionalista.


S.- … y, por cierto, llegados a este punto ¿por qué escribes?

Podría decirte muchas razones que resumiría en tres: Porque me apasiona y porque no puedo evitarlo ni queriendo; como forma de posicionarme (incluso desde un punto de vista identitario) en este mundo y de que me quieran un poco más y de encontrar una especie de altavoz que amplifique el volumen de mis ideas o mi visión del mundo y porque creo que sirvo más para esto que para ninguna otra cosa.
S.- ¿Cómo surge la chispa para tus novelas? ¿En el caso de ‘La Extravagancia’, cómo surgió?

Generalmente, yo no parto de una historia o de la intención de hablar acerca de un tema concreto, como les suele pasar a casi todos los escritores a los que les he oído responder a esta pregunta. Yo parto más bien de un escenario, de una imagen que me provoca estéticamente, y dentro de ese escenario empiezo a visualizar a los personajes y a manipularlos como si fuesen marionetas. En este caso el escenario fue la sala de cine. Yo acostumbraba a ir solo al cine durante un tiempo casi a modo de terapia o válvula de escape. Por tanto, el germen del libro está en esa época en la que yo, al igual que hacen Leo y Ana, iba al cine, no tanto con la intención de ver una película, como con la de aislarme del mundo.


S.- En la novela se sugiere la idea de tener que dejarlo todo para poder escribir literatura con mayúsculas. ¿Te lo has planteado?

Me lo he planteado decenas de veces pero, como yo no he sido capaz de hacerlo al cien por cien, lo he materializado a través de mis personajes. Alguna ventaja tenía que tener dedicarse a esto.


S.- Dejarlo todo para escribir… ¿pero es posible ganarse la vida con la literatura?

Hay muchos ejemplos de que es posible ganarse la vida con la literatura. Lo que ocurre que es que, el término literatura o la escritura como profesión, cada vez engloba más cosas, algunas muy extraliterarias. Seguramente los escritores que se ganan la vida escribiendo te dirán que se trata de escribir novelas, artículos para prensa, asistir a programas de radio, dar conferencias, asistir a ferias, impartir cursos de escritura creativa, etc. En fin, parece ser que cada vez es más difícil ganarse la vida escribiendo por la lógica rotunda de que se venden menos libros pero ello no significa que sea imposible, y creo que precisamente el escritor, como cualquier otra ‘especie’, busca la forma de adaptarse a los nuevos tiempos.


S.- En todo caso, ¿la segunda edición de la novela es una gran noticia?

Para mí ha sido una notica excepcional porque ha supuesto la confirmación de que, Diego Iturriaga Barco (editor de Siníndice) y yo, no éramos las dos únicas personas en el mundo que creíamos en este libro.


S.- ¿Eres lector? ¿Llegas a la escritura desde la lectura? ¿Qué libro recuerdas que al leerlo dijeras “yo quiero hacer algo así”?

Creo que te será difícil encontrarte con un escritor que no ame la lectura. Yo suelo aludir al título de un ensayo de José Manuel Caballero Bonald cuando me hacen esta pregunta. Me refiero a ‘Oficio de Lector’ ya que también considero la lectura casi como un oficio. De hecho, hace poco leía una entrevista a Andrés Trapiello donde decía que lo peor que tiene ser escritor es que te exige tanto tiempo que llega un momento en el que debes escoger entre leer o escribir, y yo suscribo totalmente esa diatriba.


S.- Es una pregunta que te habrán repetido una y mil veces, pero no me resisto… ¿Qué tiene Leo de ti?

Siempre digo que los protagonistas de mis novelas (al menos de las tres que he publicado hasta la fecha) son alter egos míos, no tanto en el sentido de que las novelas sean autobiográficas, como en el sentido de que les transfiero mi sensibilidad, mis ideas, mis referentes culturales. Por eso me gusta definir mis novelas como biografías sentimentales o emocionales.


S.- Hay un pasaje de la novela en el que se dice algo así… “Nadie te pide que escribas libros, nadie los necesita, así que si lo haces tienes que dar lo mejor de ti…”. ¿Lo suscribes?

Totalmente; en este sentido, me siento muy atraído y motivado por la forma de entender la literatura de autores como Jonathan Franzen. Tienes que intentar exigirte el máximo y tienes que dedicarle el máximo número de  horas posible. El mundo está lleno de libros. Si no piensas tomártelo en serio le puedes ahorrar tiempo y dinero a mucha gente. Yo, básicamente, compito contra mí mismo. Mi yo que le dedica un promedio de cuatro horas a la escritura cada tarde es mejor que el que le dedicaba solamente cuatro horas al mes.

 

S.- ¿Cuántas búsquedas hay ya en google sobre Leo Romance y Ana Couteau?

No lo sé pero, ahora que lo preguntas, en cuanto termine de responder a tus preguntas me pongo a buscarlo.



Autor: Javier Muro

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