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{TURISMO / VIAJES}

El gigante despertó

Y no es un cuento chino. Napoleón lo predijo hace más de 200 años: “Cuando China despierte, el mundo temblará”. En no pocas ocasiones, también lo escuché de pequeña. Y ya ha sucedido. Hoy en día, la gran fábrica del mundo es este país del lejano oriente, tan asociado, durante siglos, a lo exótico y al imaginario de lo desconocido y misterioso. No existe, de hecho, gran industria o grupo empresarial occidental de cierto peso que no esté produciendo allí juguetes, ropa, calzado, accesorios de moda, electrónica, coches o hasta alimentos que han inundado el comercio a nivel mundial. Estas decisiones estratégicas que surgieron hace varias décadas tuvieron que ver  con los bajos costes de producción en China, los ínfimos salarios, las largas jornadas de trabajo, las escasas medidas de seguridad laboral y la, prácticamente, nula vigilancia sobre la regulación de los permisos medioambientales para la instalación de las industrias. 

 

Pero ya ha pasado tiempo y las condiciones económicas han ido mejorando para la población en general y, especialmente, para todos aquellos colaboradores en China que supieron ver la oportunidad de un desarrollo rápido, asociado al conocimiento y al diseño que provenía de occidente, buscando una producción más barata.

 

Ese incremento en el nivel de vida, junto a la presencia de las nuevas tecnologías, ha provocado un fenómeno posterior, que es el incipiente interés de los chinos por el turismo. En estos momentos el hecho de viajar a los países occidentales supone para ellos un signo de status, especialmente si durante esos viajes compran productos de lujo o productos singulares.

 

Al contrario que otros segmentos de turismo emisor extranjero, como Reino Unido, Alemania o países nórdicos que, en España, van buscando especialmente sol y playa, el turismo Chino está interesado por la historia, el arte, las tradiciones, la cultura, la gastronomía y lo identitario de cada lugar. En ese sentido, todos los destinos de interior que cumplen estos requisitos nos vemos potencialmente favorecidos, siempre y cuando estemos en las rutas programadas por los emisores. Ese es un primer trabajo importante a desarrollar por parte de los organismos, instituciones y operadores que planifican estratégicamente.

 

Sin embargo, para poder recibir y atender adecuadamente, correspondiendo a sus expectativas, hay que conocer su carácter, su modo de ser y de vivir.  En ocasiones, determinados agentes que trabajan en el sector turístico, creen que son un tipo de turista más, eso sí, muy interesante para la caja, puesto que genera un gasto medio muchísimo más elevado que el resto. Prácticamente el doble, en estos momentos aproximadamente unos 2.500 euros por persona. Y pensar eso, es un error, porque debe existir una adaptación y un conocimiento previo de ese visitante, con el fin de obtener un buen resultado. No solamente hablo del retorno económico, sino también de la calidad en la atención al cliente, que siempre acaba dando réditos a medio y largo plazo.

 

El chino es una persona, en general, pacífica y poco aventurera. De carácter conformista, que acepta y respeta la jerarquía social y económica. Para ellos el concepto de lo colectivo forma parte de su estructura vital. Tan es así que, cuando se nombran, el apellido va siempre por delante del nombre propio, porque lo importante es la familia y no tanto el individuo que la compone.

 

Debido a esas características endógenas, el turista chino siempre viaja motivado por las recomendaciones que le sugiere su círculo próximo de amigos y familia. O por las opiniones vertidas en la Red, a través de blogs, plataformas de opinión o prescriptores de diversa índole. Preferirán todos aquellos espacios y destinos que les ofrezcan seguridad. Seguridad en el cobro, garantía de encontrar las cartas de los restaurantes en su idioma, respeto por sus hábitos o costumbres, como la de beber continuamente agua caliente o su repulsión hacia los productos lácteos. El pueblo chino es además uno de los más avanzados tecnológicamente y uno de los que tiene una penetración TIC más elevada, por eso es imprescindible para ellos tener la certeza de disponer de wifi en todos aquellos lugares que visitan o donde se alojan. Su objetivo: poder fotografiarlo todo y subirlo a la red para compartirlo.

 

Por esas razones, y otras muchas más que podríamos mencionar, se debería tener en cuenta desde el sector turístico la necesidad de formar y sensibilizar al personal que atiende a los turistas chinos. Sería recomendable adaptar en los alojamientos, restaurantes y espacios visitables algunas prestaciones a este perfil de turista, para conseguir un buen resultado, haciendo un guiño a su cultura. Y habría, sin duda, que repensar la comunicación y la promoción turística para este mercado, que demanda unas necesidades específicas.

 

Por supuesto, sin restarle importancia al papel que juega la lectura en el crecimiento personal de todos aquellos a los que nos gusta leer, hay un proverbio chino que dice: “Más vale viajar 10.000 millas que leer 10.000 libros”. Y la sabiduría china, ya se sabe, es proverbial./Carmen Bengoechea 'Soluciones Turísticas'

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