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{TURISMO / VIAJES}

Cuando el futuro se soñaba sobre el océano

El Museo de la Emigración acerca la realidad social de La Rioja a principio de siglo XX

La recreación de la cocina de una casa serrana –espacio principal y de reunión de la familia- pone al visitante al Museo de la Emigración de La Rioja en situación. La chimenea es protagonista y a su alrededor se articula la vida. Una cacerola aprovecha el calor que acumula la piedra de sillería junto al fuego; a su lado, un recipiente de barro espera su turno. Sobre la mesa de madera hacen tiempo una hogaza de pan y una búcara de vino. La silla, separada tan sólo unos centímetros alerta de la pronta llegada de los comensales. Aprovechando el espacio al máximo y alineado con el límite de la estancia un banco de madera, sobre el que cuelga la vajilla y diferentes aperos de labranza, completa el mobiliario de la habitación. La Rioja atravesaba una mala situación económica a principios del siglo XX y las condiciones de vida en muchos de sus pueblos eran extremadamente duras. La agricultura, la ganadería y la artesanía se habían convertido en actividades exclusivamente de subsistencia. Las localidades ubicadas en la sierra riojana sufrieron un enorme atraso en el desarrollo de servicios e infraestructuras, lo que provocó una paulatina y constante despoblación. Muchos riojanos que residían en los municipios de la sierra emigraron a las ciudades y, los más valientes, emprendieron viaje a las Américas.

 

A la hora de elegir el enclave en el que ubicar el Centro de la Emigración Riojana –explica Gonzalo Velasco, responsable del centro expositivo- se pensó en una localidad que hubiera vivido de manera intensa el fenómeno sociológico de la emigración. En este sentido, la sierra camerana es una de las zonas que vio partir a más ciudadanos y que, por contra, hoy se ha convertido en foco de numerosos visitantes. Estas dos realidades coincidentes en el espacio aunque separadas en el tiempo han hecho de Torrecilla en Cameros el enclave ideal para ubicar el centro”. Y en el marco de Torrecilla el espacio elegido es la antigua Iglesia del Convento de la Purísima Concepción de San Francisco, ubicado en la Plaza del Coronel Urrutia. Tras su restauración, el edificio surge espectacular tras coronar el serpenteo entre calles que lleva hasta su puerta.
  El proyecto expositivo que acoge el Museo de Emigración está concebido para acercar al visitante a la realidad de la sociedad riojana a finales del siglo XIX y principios del XX, momento en el que se produce la mayor oleada migratoria y los motivos personales y familiares que fundamentaban la decisión de emigrar.


Así, en Torrecilla de Cameros se cuenta ahora la historia de muchas de esas personas. El Museo de Emigración es fruto de un riguroso trabajo de recopilación y clasificación materiales donados por los centro riojanos en diferentes países y por muchos de los protagonistas del relato histórico que cuanta el centro. Un relato que se sustenta en el testimonio de aquéllos que un día tuvieron que abandonar su tierra en busca de una vida mejor.

 

La exposición de documentos de identidad, pasaportes y partidas de nacimiento refleja los primeros pasos de una decisión que implicaba dejar atrás la única forma de vida conocida hasta el momento y abordar el sueño de un futuro prometedor. Destacan en la vitrina los ‘Documentos de llamada’, instancias a través de las cuales los emigrantes ya asentados justificaban la llegada de otros familiares, fueran hermanos, hijos o esposas. También dan fe del momento de la partida las fotos de familia; padre y madre –con los rostros cuarteados por los días trabajados en el campo- juntos a los hijos a punto de emprender la aventura en algún lugar al otro lado del Atlántico. Un gráfico explica visualmente la evolución demográfica de la región en aquellos primeros años del siglo XX.
Los baúles y maletas situados a la entrada de la siguiente sala anuncian el inicio de la aventura. Y es que en aquellas décadas incipientes del siglo XX la emigración tenía mucho de aventura en viajes que se prolongaban durante semanas sobre el mar. Es ahí, donde el Museo de la Emigración recrea a estribor uno de aquellos enormes barcos que cargados de sueños atravesaban el océano. Tal fue el flujo de emigrantes que la actividad de las compañías navieras se incrementó de forma importante.


Tal y como describe Gonzalo Velasco, “entre la compañías navieras había una gran competencia. Insertaban publicidad en la prensa local para ensalzar la modernidad de sus flotas, anunciar las ofertas de viajes, así como la comodidad de los servicios que prestaban a los pasajeros –comida nacional, facilidades de pago, y posibilidad de traslado hasta las zonas de interior de destino-, al tiempo que sus agentes comerciales se trasladaban a las zonas rurales para informar a potenciales emigrantes”. El recorrido por el Museo permite descubrir las campañas gráficas que realizaban las navieras, así como las diferentes clases de camarotes existentes –accesibles en función de la capacidad económica- a través de una colección de extraordinarias maquetas en miniatura.


Los detalles que acoge la exposición ayudan a entender aquel momento determinante en la vida de aquellas personas. Por ejemplo, el diario de viaje de un emigrante en el que reseña el presupuesto del que dispone para llegar a su destino.

Recuerda Velasco la importancia que tuvieron los Centros Riojanos en los diferentes países de acomodo. “Los riojanos que llegaban a América se encontraban una sociedad más moderna y avanzada que la que conocían. Además, huyendo del ámbito rural la mayor parte de estas personas se instalaron en grandes ciudades. Vivieron unos primeros años de trabajo duro en busca de la prosperidad que perseguían y que no todos consiguieron. Los que lograron adaptarse a un nuevo medio salieron adelante en sus negocios y formaron parte activa de la sociedad”. Muchos de los riojanos que cruzaron el Atlántico encontraron el camino hacia la prosperidad en el comercio. Y allí, en sus países de acogida –recuerda Gonzalo Velasco- descubrieron el ocio, la cultura y el deporte como actividad de entretenimiento. Un enorme baúl muestra un par de raquetas tenis de madera, unos esquís, botas de monte y una mochila para realizar excursiones  por el entorno natural que rodeaba las ciudades en que trabajaban. Justo al lado, diferentes programas y carteles anuncian lo que fue una dinámica oferta cultural.


Tras el éxito económico y social –apunta Velasco- algunos de estos riojano emigrados decidían regresar a sus lugares de origen con la fortuna labrada”. Eran conocidos como los indianos y en buen número de municipios de los Cameros aún pueden contemplarse las esplendidas casas que construían para reinstalarse. Son las conocidas como las casas de los indianos y hoy reflejan parte de la Historia de la región. En muchas ocasiones, los indianos sentían la necesidad de realizar obras sociales en sus puebles. Así surgieron caminos y carreteras, puentes, fuentes, infraestructuras de agua corriente y escuelas, como la que recrea el Museo de la Emigración en una de sus salas. El Museo de la Emigración de Torrecilla de Cameros describe una realidad social que fue protagonista a principios del siglo pasado en La Rioja y que, de alguna manera, hemos revivido cien años después. Situaciones económicas complicadas, escasez de empleo, decisiones difíciles a abordar y una aventura el extranjero. Aprender de la Historia./Javi Muro.



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