1811

{TURISMO / TURISMO}

La arquitectura popular de la cultura del vino

El patrimonio de la viña y el vino (II)

Si importante es la bodega, como espacio sagrado donde se elabora el vino, existen además otros elementos constructivos relacionados directamente con las labores del cultivo de la viña, que son particulares en La Rioja y que, afortunadamente desde hace un tiempo, están siendo  recuperados. Todos ellos nos hablan de la relación entre la población, su modo de trabajo y del territorio. Entre ellas cabría destacar las bodegas tradicionales, adaptadas a la configuración del terreno, y que aprovechan el desnivel de éste para facilitar los trabajos por gravedad con la uva y el vino. Generalmente encontramos casas-bodega con calados subterráneos. A veces en la construcción se encuentra el pajar en la parte superior y la bodega en la inferior o aparecen juntos el corral y la bodega.   En ocasiones, se agrupan en los llamados barrios de bodegas con características parecidas, siempre excavadas y  aprovechando desniveles, en las afueras de las poblaciones de carácter vitícola. Existen innumerables ejemplos diseminados por todo el territorio:  Ollauri,  Rodezno, San Vicente de la Sonsierra , Cuzcurrita de Rio Tirón, Tirgo, San Asensio, Anguciana, Villamediana de Iregua, Alberite , Arnedo, Quel, Autol o Grávalos, entre otros muchos. 

 

Entre  estos calados, es decir, espacios obscuros donde se  elabora  el vino encontramos dos tipologías:

 

- Si el terreno era blando y había poca pendiente, se excavaba hasta cierta profundidad. A continuación se levantaban 2 muros paralelos de piedra, sillería o ladrillo, sobre los que se construía una bóveda. Sobre ésta  se echaba tierra y piedras que permitían proteger el calado. O directamente se construía un edificio encima. Ya hemos visto que éste tipo de construcción es relevante en la zona. 

 

- El otro tipo de calados es el que se excava directamente en la roca, que se puede reforzar  con paredes internas para proteger si el tipo de roca no es muy duro. Se excavaban y tallaban escaleras de bajada para acceder a él. Se han llegado a contabilizar en algunos municipios como Briones, hasta siete niveles de calado. 

 

Asociadas a éstos encontramos sobre la superficie del terreno, las llamadas tuferas o chimeneas de ventilación de la bodega. Estas ayudan por un lado a eliminar  el dióxido de carbono que se produce en la fermentación inicial del vino  y por otra parte  a mantener constante la temperatura y la humedad, gracias a las corrientes de aire producidas por las diferencias de altura y de temperatura exterior o interior. Se denominan también 'luceras' o 'zarceras' y tienen diversas formas . A veces construidas por apilado  de cantos rodados y argamasa  o con piedras de sillería en perfecta alineación.

Otro elemento de la arquitectura popular muy significativo en nuestra región es el guardaviñas o chozo. Salpicando el territorio entre las viñas se sitúan estas construcciones de planta generalmente circular y con falsa cúpula. Se suelen levantar en piedra con muy poca argamasa, aunque también los hay en ladrillo y hasta en sillería. Se usaban como refugio de los agricultores y los animales de labor,  como almacén de los aperos, como neveras y  también como puestos de vigilancia. Aparecieron en una proporción mayor a  partir de la filoxera francesa, en la segunda mitad del S.XIX, aunque sufrieron un cierto abandono a raíz de la industrialización.

 

Unos elementos que hoy en día están desapareciendo son los muros o separaciones parcelarias. Se construían con piedra del terreno, apenas con piedra labrada y, generalmente sin argamasa. No tenían mucha altura y servían para delimitar la propiedad de las parcelas. Pero hoy con la concentración del terreno cultivado y la mecanización se están perdiendo. 

 

Otro  elemento verdaderamente interesante y peculiar en la zona  es el lagar rupestre. Se trata de orificios  totalmente excavados en la roca, formados por un gran recinto circular en desnivel, lugar donde se depositaba la uva, y un depósito adosado de mayor profundidad, comunicado con el anterior por un canalillo, en el que se recogía el líquido. Aunque son de difícil datación, estos lagares parecen posteriores al siglo XIV, apareciendo en casi todas las necrópolis conservadas en la zona de la Sonsierra.  Excepcional ejemplo es el recinto de Santa Maria de la Piscina, en el término de Peciña. Permitían a los labradores que no tenían bodega propia  elaborar el vino al lado de las viñas. De esta forma transportaban directamente el mosto a sus casas para elaborar una especie de vino clarete, ya que para conseguir vino tinto se requiere un proceso fermentativo.

 

En la zona de la Sonsierra, se han catalogado, siempre en el margen izquierdo del Ebro lagares en Ábalos y en San Vicente de la Sonsierra. Dada su escasa capacidad , entre los 80 litros del torco de San Cristóbal  a los 621 litros de los torcos del lagar de Armentáriz, es posible pensar que éstos cubrían  casi exclusivamente las necesidades del propietario.

 

Sin embargo, por un documento del S. XV, en  el que se eximía al pueblo de San Vicente y sus aldeas del impuesto correspondiente a la venta de sus vinos (“fueran vendidos por “grandes partidas o por menudo”), se sabe que, al menos en la Baja Edad media, una parte de esta bebida producida en la Sonsierra era objeto de comercialización. 

 

Gracias a la paulatina recuperación y puesta en valor de estos elementos constructivos, se ha estructurado en esta zona de la Rioja Alta,  un sendero denominado “Chozos y Lagares”, que forma parte de una agrupación de rutas denominadas “Los Senderos del Vino”.  http://www.sanvicentedelasonsierra.org/es/naturaleza/senderos-del-vino/pr-lr-53-chozos-y-lagares

 

En el otoño, con toda seguridad la época más bonita para visitar la región, se puede además vivir y contemplar el paisaje del viñedo, estallando por todos lados con sus colores ocres y rojizos. Una experiencia llena de sensaciones con olor a mosto de uva./Carmen Bengoechea 'Soluciones Turísticas'

Suscripción a la Newsletter Enviar