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De cervezas y dioses

Las divinidades y los dioses han estado y están presentes en la historia de la humanidad desde tiempos ancestrales. Bien por creencia, bien por necesidad o bien por imposición, pero en la inmensa mayoría de las culturas que han poblado la tierra han formado parte de sus vidas e incluso las han llegado a condicionar. Y como no, en este aspecto, la milenaria cerveza no iba a ser menos y teniendo en cuenta que esta bebida tuvo un papel muy importante en muchas de estas culturas se merecía tener una representación divina a la que poder adorar y dar las gracias por tal bendición.

 

Seguramente a muchos os suenen los nombres de Dionisio o Baco, ya que proceden de la mitología y cultura griega y romana, que nos pilla algo más cerca, pero más allá de estos nombres la cerveza tuvo que compartir protagonismo con otros dioses de muy diversas culturas y procedencias. Estos son algunos de ellos:

Mbaba Mwana Waresa, la diosa zulú de la cerveza

Por muy raro que pueda parecernos la cerveza ha estado presente en el continente Africano desde hace miles de años, para los zulúes Mbaba Mwana Waresa es la diosa que creó la cerveza y enseñó a la gente cómo prepararla por ellos mismos. 

 

Mbaba Mwana Waresa es una figura bastante importante para los zulúes de Sudáfrica, ya que entre otras cosas es la diosa de la lluvia, el arco iris, la agricultura, la fertilidad y por supuesto la cerveza. Y digo es porque aunque muchos zulúes se convirtieron al cristianismo durante la colonización de Sudáfrica, muchos otros no han olvidado sus creencias ancestrales. Según el mito Mbaba Mwana Waresa vive en el cielo en una casa con los colores del arco iris y por eso es también conocida como Lady Rainbow. Los zulúes dicen que cuando un trueno suena, es ella tocando el bongo mientras bendice la tierra con mucha lluvia.

 

En realidad, hay una historia muy romántica detrás de esta diosa. Los zulúes creen que Mbaba Mwana Waresa no pudo encontrar un marido apropiado para casarse en el cielo y por lo tanto bajó a las tierras de Sudáfrica para ver si cualquier hombre mortal podría satisfacer sus demandas. De hecho, encontró a un buen pastor llamado Thandiwe, que logró captar su interés al cantarle una hermosa canción. Sin embargo la Diosa no estaba muy convencida de que este mortal pudiese acabar siendo su marido y decidió probar a Thandiwe. Mbaba Mwana Waresa le envió una preciosa novia, mientras que ella cambió su aspecto al de una vieja anciana para ver si Thandiwe cambiaba de opinión, sin embargo no pudo ser engañado y la reconoció enseguida. Fue entonces cuando Mbaba Mwana Waresa quedó convencida de que era el hombre adecuado para ella y se casaron.

 

Pero al casarse con un mortal la Diosa hizo enojar a algunos de los otros dioses, ya que estos miraban a los seres humanos como seres inferiores. Pero Mbaba Mwana Waresa solucionó este conflicto de la manera en que todos los conflictos deberían ser solucionados: con cerveza. Esta bebida que ella inventó fue llevada a los mortales para que estos se sintieran más cerca de los Dioses y con ello el vínculo entre ambos fue restaurado. Para asegurarse de que el vínculo no se rompiera de nuevo la Diosa compartió sus habilidades de elaboración de cerveza con los seres humanos y los hizo autosuficientes.

 

Hasta este mismo día la cerveza todavía juega un papel importante en la cultura zulú. El tipo tradicional llamado umqombothi está hecho de sorgo y siempre por las mujeres. También hay un proceso especial antes de que todos puedan empezar a beberla. Primero, la mujer que preparó la cerveza escurre la espuma y la vierte en el suelo como una ofrenda a los antepasados y a los espíritus. Después de eso la anfitriona bebe primero para mostrar a sus invitados que la cerveza está en buen estado y se la da a probar a su esposo. Si él está satisfecho con la elaboración de su esposa, los huéspedes se sirven en riguroso orden según su status social. Todas las personas beben de la misma olla de barro o calabaza, todos deben beber mientras están sentados o en cuclillas y los hombres deben quitarse los sombreros, por respeto al regalo que Mbaba Mwana Waresa hizo a la humanidad.

Aegir, señor del mar y gran cervecero casero

Una de las figuras más importantes de la mitología nórdica fue Aegir. Amado y temido como el Comandante del Mar, también se ganó un gran respeto entre las tribus germánicas como cervecero de los Dioses de Asgard. Su gran salón de fiestas bajo el agua era el único lugar donde los Dioses no podían pelear (normalmente su forma favorita de pasar el tiempo), o serían sacados de la Sala de Aegir para siempre. Un castigo serio ya que el lugar tenía cuernos para beber que mágicamente se rellenaban con la mejor cerveza y aguamiel de los Nueve Mundos.

 

Aegir (en algunos lugares llamado Hlér o Gymir) técnicamente no era un Dios, sino un Gigante. Las tribus germánicas tenían su propia versión de la antigua batalla griega de los Titanes, que contenía tres partes. Los dos clanes de los Dioses (Aesir y Vanir) y los Gigantes (Jötunn) estaban constantemente peleándose  entre sí, al igual que los vikingos y los sajones que los adoraban. El único lugar donde las criaturas divinas tuvieron que actuar civilizadas fue el Salón de Aegir. El anfitrión también era el único gigante que tenía una buena relación con los dioses, probablemente porque la cerveza y el hidromiel eran de su dominio.

 

Se decía que la entrada a este lugar de fiesta estaba en algún lugar de la costa de la "Isla de Hlér", hoy conocida como Læsø, que se encuentra en Dinamarca. Dado que fue construido bajo el mar, no ardería fuego en el interior del salón de Aegir, por lo que la luz y el calor provenían del oro puro que cubría el suelo en el centro de la habitación. El lugar estaba decorado con corales y gemas, así como la riqueza saqueada de barcos hundidos, mientras que las sirenas atendían las necesidades de los invitados.

 

El propio Aegir, un hombre flaco con cabello largo y blanco, era un anfitrión increíble. Asistido por sus sirvientes Fimafeng y Eldir, su hospitalidad no conocía límites. El más sabio de todos los dioses, el todopoderoso Odín, había dicho que la cerveza de Aegir era la mejor de todos los Nueve Mundos. El Maestro del Mar hizo esta elaboración junto con sus 9 hijas en el hervidor más grande que se haya fabricado. El tamaño de este hervidor no es el mismo en todas las historias, pero por lo general se dice que tiene una milla (1,6 km) de profundidad y una milla de ancho.

 

Esta enorme cuba de cerveza entró en posesión de Aegir cuando los dioses una vez se sentaron a comer y la mesa se quedó más o menos vacía. Cuando le preguntaron a Aegir dónde estaba el banquete, él dijo que no podía servirles comida sin cerveza y que no tenía nada con que prepararla. Luego, Thor, el Dios del Trueno, se lanzó a la misión de robar este enorme caldero del Giant Hymir y se lo dio a Aegir como regalo. Desde ese momento nunca ha habido escasez de cerveza en la famosa sala submarina.

 

Puede que Aegir haya sido retratado como un anciano bondadoso y único que era amable con los Dioses, pero que podría ser tan despiadado como dueño del mar que era. Cada vez que un barco se hundía, se decía que los marineros estaban 'cenando en el salón de Aegir'. Los vikingos, que recorrían las costas de Europa con sus barcos, tenían un profundo respeto por el Gobernante del Océano y los sajones tenían la costumbre de sacrificar a una décima parte de sus víctimas para asegurar un mar en calma después de una incursión. Pero todas las tribus germánicas también fueron grandes bebedores de cerveza. Y tal vez por eso respetaban a Aegir, maestro cervecero de los dioses.

Tezcatzontecatl, el Dios del pulque

En la tradición azteca, Tezcatzontecatl es el Dios del pulque. El pulque es una bebida alcohólica fermentada, tradicional de México, cuyo origen es prehispánico y que se elabora a partir de la fermentación del mucílago- popularmente conocido en México como aguamiel-, del agave o maguey especialmente del maguey pulquero. 

 

Este dios también está asociado con la embriaguez y la fertilidad. Un monumento en forma de pirámide fue construido en la cima de la montaña Tepozteco para adorarlo y ahora este lugar se ha convertido en un sitio arqueológico de gran valor. Según el mito azteca, Tepoztecatl era uno de los Centzon Totochtin, los cuatrocientos hijos de Mayahuel, la diosa de la planta de maguey, y Patecatl, el dios que descubrió el proceso de fermentación. Como una deidad del pulque, Tepoztecatl se asoció con los cultos de la fertilidad y Tlaloc. Tepoztecatl también se asoció con el viento, por lo que deriva un nombre alternativo de Ehecacone, hijo del viento.

 

Hay varias leyendas y tradiciones en torno a esta divinidad y a la concesión de esta bebida al pueblo azteca, la más conocida de todas ellas tiene su origen en la cultura tolteca (cultura precolombina de Mesoamérica), durante el gobierno de Tecpancaltzin, y dice que en 1340 un noble llamado Papantzin descubrió, gracias a un ratón ebrio, el método para extraer el aguamiel y luego obtener el pulque.

 

Otra lo menciona como un regalo de la diosa náhuatl Mayahuel, quien enseñó a una joven noble de nombre Xóchitl a elaborarlo. Gracias a ese regalo su padre, que se encontraba molesto porque el enamorado de su hija era un campesino de nombre Tecpalcatzin, dejó que el amor de su hija prosperase.

Raugutiene, Raugupatis y Kalevatar, del báltico a Finlandia.

En la mitología báltica y eslava, una diosa llamada Raugutiene brinda protección celestial sobre la cerveza, mientras que su pareja  Raugupatis es conocido como el dios de la fermentación. La leyenda finlandesa cuenta que una mujer llamada Kalevatar  trajo cerveza a la tierra mezclando miel con saliva de oso, un método que hoy en día estaría en entredicho, aunque quien sabe, cosas peores se habrán elaborado en alguna ocasión.

 

Como bien dijo Benjamin Franklin, que para algunos es como un dios: "La cerveza es nuestra mejor prueba de que Dios nos ama y quiere que seamos felices". Hagámosle pues caso. ¡Salud!/Unai López desde 'Del grano a la copa'

 

* Fuentes: Lord of the drinks

 

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