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Cervezas de Navidad, mucho más que una tradición

Como dice la canción de una famosa marca de turrones: “en estas navidades turrón de chocolate, en estas navidades turrón de….”. Turrón todo el que queráis, ya llegará después Enero para apuntarse al gimnasio y tener cargos de conciencia por los atracones que nos hemos dado, pero en Navidad lo que hay que hacer es beber unas buenas cervezas, y si son cervezas de Navidad mejor que mejor. Con cuerpo, especiadas, aromáticas y con una buena sensación de calor cuando pasa por nuestra boca y entra a través del gaznate, ayudándonos a que el frío sea menos frío y de paso a facilitarnos una buena digestión, que nos vendrá muy bien.

 

Las cervezas de Navidad no se consideran un estilo como tal, son más bien una tradición que se remonta unos miles de años atrás y que tiene mucho que ver con la religión y el culto a las divinidades. Uno de esos cultos o celebraciones era el que celebraba el Solsticio de invierno, una celebración tan antigua como profana.

 

Un obsequio divino

En la antigüedad la humanidad tenía la necesidad, bien por miedo a lo desconocido o por mera superstición, de adorar e inclinarse ante lo que no entendía, y en aquel entonces su dios más visible era el sol, ya que ofrecía calor y luz en un mundo frío y oscuro. El sol controlaba las estaciones de crecimiento y guiaba el calendario. El día más corto del año, cuando el sol estaba más bajo en el horizonte, marcaba el final de una cosecha fructífera y el comienzo de unos meses fríos y agotadores antes de que la tierra renaciera de nuevo en la primavera.

 

Sin duda aquello era una ocasión digna de celebración y allí donde la gente se juntaba, se preparaba comida y se fermentaba cerveza. Las primitivas y espesas mezclas de cereal y agua eran un sustento confiable, una solución mucho más eficiente al hambre que vagar por la estepa en busca de un mamut lanudo.

 

Y cuando aquello fermentaba y era bebido la gente se ponía feliz, surgía la exaltación de la amistad y algunos incluso podían ver al mismísimo Dios. Para tal celebración los asistentes no se contentaban con cualquier cosa, sino que  preparaban su mejor bebida, la cerveza más fuerte hecha con granos malteados, aromatizados con las mejores especias y hierbas del lugar. 

Y así fue durante miles de años, con varias civilizaciones adorando a su dios del sol. Los mesopotámicos tenían a Utu, los aztecas se inclinaron ante Tonatiuh, los egipcios adoraron a Ra, los griegos construyeron templos para Helios y poco después de la existencia de Jesucristo, los cultos romanos celebraban el cumpleaños del Deus Sol Invictus (el invencible dios sol) cuando la luz del día aumentaba después del solsticio de invierno, exactamente entre el 22 y 25 de diciembre.

 

Tradición, no estilo

A lo largo de los siglos, todo lo relacionado con la "cerveza navideña" quedó arraigado a estas fechas estivales tanto como el muérdago en los belenes decorativos. En los monasterios de toda Europa celebraban el nacimiento de Jesús con su prima melior, la primera y más fuerte de sus cervezas que era destinada al abad y a sus invitados más ilustres, la segunda o secunda se daba a los trabajadores del monasterio mientras que la tercera y más suave, la tertia iba para los hermanos y los peregrinos. 

 

A unos cuantos kilómetros a los agricultores noruegos se les exigía que preparasen cerveza ale de Yule (juleøl) para sus trabajadores o serían expulsados de sus propiedades. Las fiestas de Yule se celebran cada solsticio de invierno y originalmente duraba doce días hasta que el cristianismo lo asimiló a la Navidad.

 

En el siglo XIX, las fábricas londinenses calmaban el malestar de sus trabajadores por tener que trabajar en tan señaladas fechas con cerveza navideña gratuita para todos ellos, denominadas winter warmer ales. Y así la tradición de la cerveza de navidad continúa hoy en día, lo que demuestra también que esta no es un estilo como tal sino más bien una tradición.

 

Otros estilos también nacieron de una tradición, como  India pale ale, stout o bock, pero son estilos que se elaboran de una forma más estricta en función del tipo y la cantidad de malta y lúpulo, el sabor, el cuerpo, el contenido de alcohol, y todo ello relacionado con los ingredientes disponibles y los métodos de elaboración de su época. La cerveza de Navidad, por el contrario, es imaginativa, no sigue ningún criterio concreto ni ninguna descripción de ninguna guía oficial de estilos.

 

Eso sí, una de las cosas que caracterizaba a estas cervezas era la presencia de especias, esto fue un denominador común en las más antiguas cervezas de Navidad que hoy en día no se cumple a rajatabla. Pero es que hoy en día sería absurdo tratar de definir las cervezas de navidad por su color o contenido de alcohol o su sabor o ingredientes, los tiempos avanzan y la cerveza y sus estilos también avanzan, aunque algunos de ellos sigan intactos y fieles a sus orígenes.

Por lo tanto si quisiéramos darle una definición a la cerveza navideña podríamos decir simplemente que es “un regalo”. De cualquier estilo, sabor o color, pero que sea un regalo que forme parte de la esencia de estas fechas y que honre esta tradición de dar y recibir regalos, que quizás hoy en día este extremadamente comercializada pero que antaño fue una tradición muy importante en diversas culturas y cuya procedencia tiene muchas variantes. Algunos dicen que proviene del oro, la mirra y el incienso traídos a Jesús por los reyes magos de Oriente y otros dirán que los regalos fueron parte de las celebraciones del solsticio precristiano, incluida la Saturnalia romana, que se celebraba del 17 al 23 de diciembre.

 

De lo bueno, lo mejor

Al ser un regalo estas cervezas deberían elaborarse con los mejores ingredientes o especias, debería tener más cuerpo y más fuerza, es decir, que no sea una cerveza común como las que podamos beber a diario. La tradición de esta cerveza también ha ido de la mano de otro elemento muy popular de estas fechas, los villancicos. Los villancicos nacieron para beber en la calle, la gente salía, bebía, se alegraba y cantaba. Sobre todo cuando las cervezas eran más “especiales”. 

 

Aunque también había, y hay, otras bebidas arraigadas a estas fechas. Por ejemplo en gran parte de Escandinavia se calentaban con humeantes jarras de gløgg o glühwein en alemán, una bebida alcohólica que se compone principalmente de vino caliente con especias. En Lituania y Rusia, salen a la calle la víspera de Navidad con kvas, una bebida alcohólica muy suave hecha de pan negro. En Dinamarca, comienzan su celebración navideña en el J-Dag, el primer viernes de noviembre, cuando se estrena su querida Jylebrug (cerveza de navidad), una cerveza negra con un extra de alcohol y sabor fuerte maltoso. En Suecia, los niños beben Julmust, una bebida navideña no alcohólica, fuerte y que está hecha con azúcar, lúpulo, extracto de malta y especias, ideada en el año 1910 como una alternativa a la cerveza.

 

Hoy en día se siguen elaborando cervezas de Navidad en muchas cervecerías y en muchos países, algunas repiten receta cada año y otras incorporan variaciones para hacerlas más apetecibles y enigmáticas. Un ejemplo de esto último es la Anchor Brewing de San Francisco, que lleva más de 40 años elaborando su cerveza de Navidad sin repetir la receta. 

 

La reina de las fiestas navideñas

Tal vez una de las cervezas navideñas “actuales” más famosa pueda ser la Samichlaus Classic, que comenzó su vida en Zúrich en 1980. Una doppelbock que se elabora solo en el St. Nicholas Day, el 6 de diciembre, y mantienen el método original de envejecimiento de la cerveza durante 10 meses antes de embotellarla para su lanzamiento durante la Navidad del siguiente año. Esta cerveza fue considerada en su momento (y así apareció también en el libro Guinness de los records) como la lager más fuerte del mundo, con sus nada más y nada menos que 14 grados, y fue elaborada por la cervecería Hürlimann de Zúrich, fundada en el año 1863. Entre los años 1996 y 2000 la Samichlaus dejó de elaborarse hasta su nuevo traslado a la Brauerei Schloss Eggenberg, fundada en 1681 en la localidad austriaca de Vorchdorf, donde continúan elaborando la cerveza una vez al año en cuatro versiones diferentes, la Samichlaus Schwarzes, la Samichlaus Helles, la ya mencionada Samichlaus Classic y la Samichlaus Barrique, que es una versión de la Classic con una guarda posterior en barrica de roble que ha contenido Chardonnay, que es una variedad de uva, originaria de la región francesa de Borgoña, de piel verde usada para hacer vino blanco.

 

La Samichlaus classic tiene un aroma licoroso a coñac, acompañado de sabores afrutados, a cereza y uva pasa, y especiados como la pimienta. Para degustarse tranquilamente, en pequeños tragos y como colofón final a una buena cena o comida navideña. No es una cerveza cara, su precio en tienda puede estar entre los 3 y 4€, así que si os animáis a probarla estas navidades os recomiendo que la acompañéis con algún bombón de chocolate negro con naranja amarga, es una exquisitez, al menos para mí. 

 

Bien sea con una Samichlaus o con cualquier otra bebida lo importante es estar a gusto y en buena compañía en estas fechas tan señaladas, así que os deseo desde aquí unas felices fiestas.¡¡Salud!!/Unai López desde 'Del grano a la copa'

 

* Fuentes: allaboutbeer, seriouseats, craftbeer

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