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Can Sadurní, Carlos I y el movimiento artesano, una mirada a la cerveza en España (I)

Esta semana haremos un repaso en el tiempo sobre la cerveza en España, desde los primeros indicios arqueológicos de su elaboración y consumo, pasando por su resurgimiento gracias a Carlos I de España (V de Alemania), las primeras fábricas cerveceras del país y llegando a la actualidad más reciente con el conocido movimiento artesano, o “craft beer” que dirían los americanos, que ha conseguido despertar un gran interés entre los consumidores y ha disparado el consumo y las ventas de cerveza hasta posiblemente las cifras más altas de su historia.

 

Y empezaremos precisamente por esta última etapa, el momento actual que estamos viviendo, e iremos retrocediendo en el tiempo hasta darnos cuenta de la presencia que ha tenido, tiene y tendrá la cerveza entre nosotros.

 

Que la cerveza en España está en auge no es ningún secreto, se consume más cerveza que nunca y la oferta cervecera es amplia, variada y por lo general de buena calidad. Cada vez más los consumidores de cerveza se están interesando por probar y disfrutar de otros estilos y tipos de cerveza que hasta hace poco eran muy difíciles de encontrar por aquí, básicamente porque el mercado estaba dominado por las grandes marcas industriales y sus cervezas lager. Pero corren aires de cambio en el sector y poco a poco estamos pasando de pedir una “caña” a pedir una “cerveza”.

 

El mundo de la cerveza artesana era totalmente minoritario hace 20-30 años cuando algunos pocos locos cerveceros empezaron a elaborar este tipo de cervezas y a tratar de hacerse un hueco en un mercado completamente copado por las grandes marcas. 

 

Las buenas lenguas dicen que uno de los mayores percusores de este movimiento fue el gran Steve Huxley (Liverpool 1950 - Barcelona 2015), profesor de inglés de profesión y apasionado cervecero de vocación. Pionero en España en la elaboración de cerveza artesana y la primera persona que abrió un “brewpub” en Barcelona en el año 1993, concretamente en el barrio de Gràcia, la Barcelona Brewing Company. Entre otras cosas también escribió uno de los libros considerados como bíblicos para los cerveceros artesanos, “Cerveza: Poesía líquida” y abrió la academia Steve Beer Academy. 

 

Pero en el 2008, con la llegada de la crisis económica, muchos apasionados de este movimiento artesanal vieron una oportunidad de sacar adelante sus proyectos y sus ilusiones, y por supuesto a aportar su granito de arena al sector, mostrando al consumidor que era posible beber otro tipo de cervezas que ya en otros países se bebían desde hacía años y que solo unos pocos que podían viajar habían disfrutado.

 

Un crecimiento arrollador

Entre los años 2008 y 2015 el número de micro-cervecerías y productores independientes de cerveza creció cerca de un 1.600%, cuando antes de ese año apenas llegaban a 21. De hecho España es el país de Europa con mayor crecimiento de empresas productoras en este sector. El número de cerveceras artesanas ha mantenido en el último año su tendencia ascendente, de forma que en abril de 2017 operaban unas 480 empresas, cerca de 90 más que a finales de 2015. Y es probable que en la actualidad este número ya ronde las 600 micro-cervecerías a las cuales hay que añadir aquellas marcas que operan sin instalaciones propias, comúnmente conocidos como elaboradores nómadas o “gypsy”, con lo que este número se sitúa por encima de las 800 marcas.

Por comunidades Cataluña reúne el mayor número de operadores, concentrando el 20 por ciento del total. A continuación se sitúan Andalucía (15%) y Castilla y León (10%), seguidas de la Comunidad Valenciana y Galicia, con porcentajes del 8 por ciento cada una.

 

Los últimos informes sobre el consumo de cerveza en España también son muy positivos, en España se consumen más de 3.538 millones de litros de cerveza al año, unos 46,3 litros anuales de media por persona, de los cuales el 60% se consumen en locales hosteleros y el 40% en el hogar. Prácticamente el 99% de esta cerveza es producida por los seis grande grupos de cerveza industrial, Mahou San-Miguel, Heineken España, Grupo Damm, Hijos de Rivera, Compañía Cervecera de Canarias y La Zaragozana. Estos números sitúan a España en el cuarto productor europeo de cerveza por debajo de Alemania, Reino Unido y Polonia.

 

Tan solo entre un 1 y un 2 por ciento de la cerveza consumida es cerveza artesanal o cerveza elaborada por estas micro-cervecerías, lo cual quiere decir que aún se puede hacer mucho y que el mercado y sus posibilidades son amplios en lo que a la cerveza artesana se refiere. Una muestra de ello son los últimos movimientos de mercado de las grandes compañías, comprando algunas de estas micros o adquiriendo parte del accionariado de algunas marcas asentadas en el mercado “craft” con el propósito de no quedarse atrás y ganar cuota de mercado con esta nueva tendencia al alza.

 

Por ejemplo, en diciembre de 2014, el grupo Mahou-San Miguel  adquirió el 30 por ciento de la estadounidense Founders Brewing. Sólo unos meses después, se hizo con el 25 por ciento de la bilbaína La Salve y en abril de 2017 adquirió el 40 por ciento de Nómada.

 

Según publicaba una reciente noticia se estima que en España el consumo de cerveza artesana se multiplique por siete en los próximos 8 años. Con respecto al 2016, Canarias fue la comunidad autónoma que experimentó un mayor crecimiento en el consumo de cerveza artesana, nada menos que un 9,6 por ciento, unos 600.000 litros. Pero esta cantidad solo supone por el momento el 0,3 por ciento de la cerveza total consumida en esa comunidad, que son unos 200 millones de litros. El resto de comunidades también van en esta línea de crecimiento y eso significa que el trabajo bien hecho está empezando a dar sus frutos y los seguirá dando.

 

Y el futuro qué?

La verdad es que la actualidad pinta muy bien pero habrá que mirar un poco más allá. Se convertirá esto en una moda pasajera o se estarán afianzando realmente los cimientos de lo que se vislumbra como un gran y prometedor panorama socio-económico?

 

Quiero pensar, y así espero que sea, que la segunda opción será la que prevalezca pero si echamos una mirada, simplemente por tener una comparativa, con el  mercado americano, donde nos llevan unos cuantos años de ventaja y donde han sido pioneros en muchas facetas dentro del panorama artesano, los números y las estadísticas podrían crear una cierta incertidumbre e incluso temor.

Hace 10-15 años Estados Unidos estaba a la cabeza en el sector cervecero 'craft', eran el ejemplo a seguir para cualquier país que quisiera empezar a adentrarse en este mundo pero sin embargo en los últimos años ha notado un claro descenso de las ventas de cerveza artesana y el número de fábricas se ha visto también disminuido con el cierre de varias de estas. En el año 2014 el mercado artesanal rondaba el 20% de crecimiento, en el 2016 apenas llegaba al 7 por ciento y las cifras para el 2017 siguen esta tendencia a la baja.

 

Según algunos estudios del sector este descenso no se está debiendo a un “paso de moda” o a un cambio de tendencias sino más bien a una mayor concentración de estas pequeñas micro-cervecerías artesanas, es decir, los cerveceros más amateurs están desapareciendo y los que ya tenían cierto nombre y una trayectoria contrastada se están haciendo más grandes.

 

Quizás uno de los problemas sea precisamente ese crecimiento que en ocasiones se ve reflejado en algunas de estas micro-cervecerías, en ese paso de ser pequeños productores a no serlo ya tanto. En ese cambio de mentalidad empresarial al que se ven obligados cuando su negocio y su producto funcionan y vende. Se traspasa entonces esa delgada línea que separa lo artesanal de lo industrial?. En términos empresariales me refiero, evidentemente se entiende que la calidad del producto se debe seguir manteniendo intacta o incluso debería ser mejor. Al fin y al cabo esto no deja de ser un negocio, con más o menos romanticismo, pero un negocio, y su finalidad absoluta debería ser la de crecer económica y empresarialmente, y por desgracia no todos podrán subirse a este tren.

 

Otro de los problemas al que el sector se puede enfrentar es el de la enorme variedad que abunda en el mercado y a los gustos, o los cambios de estos, de los consumidores. Ahora es época de probar e incluso de experimentar e inundar el mercado de una gran variedad de estilos y tipos de cerveza, pero saber anticiparse a estas demandas del mercado y tener esa capacidad de cambio marcará el desarrollo y funcionamiento de muchos de estos pequeños productores. Por ejemplo, ahora está muy de moda el estilo IPA (India Pale Ale), cervezas frescas, con altas dosis de lúpulos, aromáticos, frutales y un amargor pronunciado, pero es difícil prever que el público se empiece a inclinar en algún momento por otro tipo de cervezas totalmente diferentes y es entonces cuando el cervecero deberá tener esa capacidad de reacción para adaptarse con firmeza a las demandas del mercado.

 

Como se pongan de moda los estilos de cerveza ácida y de fermentación espontánea esto puede ser una auténtica sangría. Pero para que eso pase también tendrían que cambiar por completo los gustos básicos de las personas, entre los que el sabor ácido no se encuentra en los primeros lugares, así que de momento podemos estar tranquilos.

 

El apego por lo local

Una de las cosas que desde mi punto de vista son importantes, de cara al pequeño productor artesanal, es el apego por el sentimiento “local”. Se debería tener muy en cuenta ese aspecto cuando queremos promover un producto elaborado de manera artesanal, cuidado y mimado hasta el último detalle. Este sentimiento debería estar ligado al sentimiento de cercanía, un producto elaborado de esta manera debe ser disfrutado de manera plena, con toda su frescura y naturalidad, en su ámbito más cercano. De esta manera estaremos dándole un valor sentimental añadido a la calidad que se presupone a un producto de estas características, como en este caso es la cerveza artesana. 

En este aspecto uno de los modelos de negocio que mejor proyección puede tener es el de los “brewpub” o locales cerveceros con elaboración propia de cerveza. Un negocio exportado de los Estados Unidos que le da un enfoque diferente y más cercano a la cerveza artesana, donde la restauración y la producción van de la mano con una filosofía local de Km0, donde el trato y la calidad del producto son una máxima esencial.

 

En España ya existen varios negocios de estas características y cada vez se están abriendo más, precisamente porque los pequeños productores están valorando ese aspecto local y cercano, incluso muchas pequeñas fábricas están abriendo espacios en sus instalaciones dedicados a la restauración y degustación de su producto, llamados “tap-room”, con el fin de acercar aún más a su público y mostrarles ese valor añadido que tiene su trabajo.

 

Quizás estos sean algunos de los aspectos que marquen el futuro de la cerveza en España y de su sector, pero eso no lo sabremos hasta dentro de unos años. El rumbo lo marcaran diversos factores, tanto económicos como sociales e incluso culturales pero sin olvidarnos nunca del principal de todos ellos, el consumidor. ¡Salud!/Unai López desde 'Del Grano a la copa'

Salud!!

 

* Fuentes: elindependiente.com,/elmundo.es

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