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{ENTREVISTAS}

Joker se escribe con 'K' de Kaos

El Festival de Cine de San Sebastián presentó 'Joker' en primicia y como colofón de su 67 edición

Antes de su estreno mundial, programado para el próximo viernes, 4 de octubre, las 600 butacas del histórico teatro Principal de la ciudad donostiarra fueron ocupadas por periodistas, y miembros de la industria del cine internacional, todos expectantes por comprobar la calidad de una cinta que embelesó al jurado y la crítica de la reciente edición que hace la 76 del festival de Venecia, donde se alzó con el máximo galardón del concurso, el León de oro.

 

La magia contagia a cuantos llenamos la sala y nos hace partícipes de una particular comunión que solo comparten los que se enfrentan a la gran experiencia de disfrutar del cine ante la gran pantalla.

 

Durante los 122 minutos que componen esta obra fundamental del cine actual no se escucha ni un murmullo. Y es que esta enorme película de Todd Phillips, responsable de la trilogía de ‘Resacón en Las Vegas’ nada tiene que ver con los anteriores trabajos del director y guionista estadounidense.

 

Joker parte de un consistente guion que escarba en la personalidad de un villano fundamental, de sobras conocido por los amantes del cómic y el cine de superhéroes, pero lo trata desde un punto de vista dramático que nada tiene que ver con lo anteriormente conocido. Un descomunal Joaquin Phoenix nos conduce por los terrenos pantanosos de la enfermedad mental y el desequilibrio de la lucha de clases en Gotham, una ciudad abocada al desastre sin posibilidad de redención.

 

La empatía ha dejado de existir y ni siquiera los que comparten penurias son capaces de mostrar ni un ápice de solidaridad con los que se encuentran en peor lugar que ellos. La sociedad está compuesta, y descompuesta, por depredadores y víctimas. Las élites disfrutan de todo tipo de privilegios mientras que ‘la masa’ malvive en calles oscuras, edificios húmedos y consumen Late Shows que potencian su adoctrinamiento y deshumanización. ¿Os suena de algo?

Durante la primera parte de Joker, asistimos a la bajada a los infiernos de nuestro Dante particular, Arthur Fleck. Resistimos de su mano una suerte de Viacrucis que no tiene visos de finalizar y llegamos a desearle la muerte, pero solo por el hecho de zanjar de esta forma su sufrimiento, para pasar a deleitarnos, durante la segunda parte del film, con algo mucho más monstruoso que nos hace consultarnos seriamente acerca de nuestra moralidad individual.

 

Y es que estamos ante una película que va a levantar ampollas, es más, ya lo está haciendo y eso que todavía no se ha estrenado. 

 

Cautivadora, malvada, insana, necesaria y descomunal y creo que me quedo corta. No recuerdo algo tan demoledor en años, una muestra más de cómo la cultura en general, y el cine en particular, tienen el poder de hacernos reaccionar y despertar en nosotros el resorte de lo dormido y sutilmente enterrado.

 

Sin querer extenderme más para no caer en spoilers, puesto que mi única intención al escribir estas palabras es animaros a acudir a las salas e invitaros a experimentar esta genialidad, solo añadir que 'Joker' es ya parte de la historia del cine. En mi retina está tatuada, para siempre, la escena en la que asistimos a la transformación de Fleck en Joker. Una coreografía audiovisual de tal intensidad y belleza estética que debería formar ya parte, ilustrada, en cualquier antología de la historia audiovisual de nuestro cine./Isabel Ribote

 

PD. ¡Y no olvides asistir al cine con una carita sonriente!



Autor: Javier Muro

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