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{ENTREVISTAS}

'La poesía es lo contrario a la posverdad'

Luis García Montero habla de su poemario 'A puerta cerrada' en la cátedra de Español de la UR

“La poesía es lo contrario a la posverdad”, reivindica y enfrenta Luis García Montero. El poeta ha viajado a Logroño para participar en la Cátedra de Español de la Universidad de La Rioja. En unas horas conversará con la crítica literaria Xelo Candel Vila en el marco del Ateneo Riojano. El Secretario General de la UR, Javier Gacía Turza, ejerce de anfitrión. “Es un día grande para la cultura de la ciudad y de la universidad porque Luis García Montero es uno de los grandes poetas del país y de la lengua española; es un auténtico referente no sólo por su obra escrita sino porque ha sido capaz de involucrarse en la vida social y política y eso tiene un gran valor. Porque es esencial que todo aquello que se piensa y se trabaja en la universidad se socialice”.

El poeta granadino (Granada 1958) acaba de publicar el poemario ‘A puerta cerrada’ y las palabras de García Turza le sirven de hilo para iniciar la conversación. “Estoy muy de acuerdo, el saber, el conocimiento, necesita estar en contacto con la sociedad. Yo soy también profesor de literatura en la universidad de Granada. Me gano la vida como profesor de literatura y siempre he tenido muy claro que la universidad debe de formar parte del tejido de una ciudad o de una sociedad. El saber sin el contacto con la sociedad se queda hueco, pierde sentido y la sociedad capacidad de reflexión se queda también perdida”.

 

El análisis de la relación entre universidad y sociedad lleva a García Montero a una reflexión más amplia. “Creo que estamos viviendo un momento de crisis muy serio. Por un lado existe una especie de elite intelectual y por otro una sociedad que está en manos de la telebasura y de manipulaciones a través de las nuevas redes sociales que están generando una inercia muy peligrosa. Creo que cualquier sentimiento elitista es un error y un peligro. Cualquier político, cualquier profesos, cualquier pensador, cualquier escritor, que se dedique a opinar desde arriba, por encima del hombro, sobre las cuestiones sociales se está equivocando”. El poeta justifica su percepción. “Se equivoca, primero porque pierde sentido su propio saber y su propio trabajo y en segundo lugar porque no muestra ningún interés en comprender porque actúa la gente como actúa, porque la gente se deja vencer por los bajos instintos en algunas situaciones, porque puede votar a un presidente como Donald Trump, porque se ponen de moda algunas cosas que realmente tienen poco que ver con el sentimiento democrático y con la dignidad del ser humano”. Desde ese convencimiento, Luis García Montero es taxativo:” Estoy en contra de cualquier elitismo, creo que la labor de la universidad es trasladar el conocimiento y el saber a la sociedad. Creo que las cátedras universitarias pueden servir para convertirse en extensión cultural, en extensión de los saberes de las bibliotecas y los despachos”.

 

Luis García Montero muestra también preocupación por la situación del sistema educativo en España. Observa, dice, la deriva de la Educación hacia un sistema de producción de mano de obra barata. Cita el libro ‘Sin afán de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades’, de la escritora Martha C. Nussbaum, Premio Príncipe de Asturias. “A mí me parece un cretino todo el que se meta con la ciencia –afirma el poeta-, me parece un cretino el que se meta con la técnica. No hace falta más que estar enfermo y acudir a un hospital para agradecerle a la ciencia y a la técnica lo que pueden hacer por nosotros, pero me parece que junto a la técnica y la ciencia el saber humanístico es fundamental. La formación de conciencias, el conocimiento humano, son fundamentales porque si no corremos el peligro de que la ciencia y la técnica se conviertan en peligros para el ser humano y no en ámbitos de conocimiento al servicio de la dignidad de los seres humanos. Unos planes de estudios sin humanidades me parece que son empresas de lanzamiento al mercado de mano de obra barata más que entidades de formación de ciudadanos capaces de hacerse dueños del contrato social que están firmando”.

 

En el mismo sentido, el autor de ‘A puerta cerrada’ apunta su preocupación por la mercantilización del tiempo. “Vivimos en un sociedad que los mercantiliza todo. El tiempo se está convirtiendo en una cosa de usar y tirar. Todo nace con fecha de caducidad. Tan sólo importa la moda, lo de hoy mañana se ha convertido en olvido. Estamos borrando la memoria y la consecuencia es nuestra falta de compromiso con el futuro”.

El poeta cita al novelista John Berger. “Si no nos sentimos herederos de una tradición no sentimos la necesidad de dejar un futuro mejor a nuestros hijos. De ahí que estemos jugando con fuego y que haya gente muy poderosa que rompa los tratados y ponga en peligro la sostenibilidad del planeta. Ese olvido creemos que nos convierte en seres modernos cuando en lo que nos convierte es en adanes que creemos que hemos inventado el mundo y lo que hacemos no es otra cosa que repetir, de mala manera, cosas que ya se han planteado y discutido en nuestro pasado. Esa sociedad es la que acoge momentos en los cobran protagonismo sus más bajos instintos”.

 

García Montero alude a un reciente caso de asesinato y a su tratamiento en los medios como ejemplo. “Es un ejemplo que a mí me ha afectado mucho en las últimas semanas. Demuestra como el uso de una canallada puede despertar en una sociedad sus instintos más bajos. El asesinato de un chica se convierte primero en espectáculo, nos hablan de cómo se llevaban el padre y la madre y la chica con ellos, de cómo se llevaba con la hermana, después descubren al asesino y nos enseñan hasta cómo tiene los dientes, vemos el pozo donde la arrojó y vemos a unos intrépidos reporteros detrás de una pobre madre para preguntarle qué siente al saber que su hijo es un asesino”. El poeta asegura que “es el pan nuestro de cada día y tiene sus consecuencias. Por ejemplo, ahora se habla de recuperar la pena de muerte y se defiende la cadena perpetua, cuando el estudio reposado y reflexivo de los expertos dice que el endurecimiento de las penas no combate el delito y que la pena de muerte es una agresión a la dignidad humana. Pongo este ejemplo, para corroborar que hoy en día es más importante que nunca trabajar para que el saber se acerque a la sociedad. Es preciso que los profesores, los intelectuales, se nieguen a mirar por encima del hombro a la gente. Todos vamos en el mismo barco. De poco sirve la sabiduría si no se traslada a la sociedad”.

 

La crisis y como afecta a la Educación regresa a la conversación. “El dinero –dice el poeta- puede ser muy poético si se invierte bien”. En opinión de Luis García Montero la Educación está sufriendo unos recortes muy llamativos. “Estamos muy por debajo de los que nos corresponde como país europeo en inversión en Educación. Por primera vez en la historia, en 2018, la partida en inversión en los presupuesto en relación a nuestro producto interior bruto cae por debajo del cuatro por ciento. No es sólo que no estamos a la altura de Francia o Alemania, Inglaterra, sino que seguimos recortando la educación pública para, entre otras cosas, favorecer la educación privada. La Educación como una parte más del negocio de la sociedad. Es esencial apoyar la Educación desde la más básica a la universitaria y la investigación”.

 

Luis García Montero deja caer que además, como profesor universitario “cada vez estoy más desesperado por la burocracia. Estamos todo el día haciendo papeles”.

 

Y en ese punto de la conversación surge la pregunta ¿de esa crisis económica, de valores, política, de la decepción y la falta de confianza en el futuro surge el poemario ‘A puerta cerrada? La respuesta es tajante: sí.

 

”Recuerdo un libro que defiende que hemos pasado de la condición posmoderna a la condición póstuma. Pensamos que todo está perdido, que no hay futuro, que el planeta va a resistir poco tiempo, que la poesía va a morir, que las humanidades van a desaparecer… pero precisamente, la terea de devolver el contacto entre la sabiduría y la gente tiene como prioridad volver a tener un futuro. Pensar que se pueden mejorar las cosas y que no hay porqué vivir en esta condición póstuma.  Yo le he intentado desde el punto de vista de la poesía”.

 

Recuerda Luis García Montero que se encerró con los poemas y el libro durante años. “Era una situación de crisis económica, democrática, de los valores en los que yo creo… incluso la crisis de la edad porque este año cumplo sesenta y la verdad es que se trata de una edad en la que uno está ya para ponerse en crisis. Entre otras cosas porque uno descubre que no sólo pasa el tiempo sino que pasa la historia también. Por el tiempo te duelen las rodillas, pero por la historia compruebas que los valores que mueven a tus hijos, a tus alumnos, no son los mismos valores que tú tenías porque la sociedad ha cambiado. Además, la experiencia ética de la gente cambia cuando cambia la sociedad. Uno corre el peligro de convertirse en una figura espantosa que a mí no me gusta nada”.

El poeta defiende a la Juventud. “Hay mucha gente que piensa que los jóvenes son tontos y no es verdad. Lo que es preciso es acercarse a que mundo están viviendo los jóvenes para comprenderlos. Si yo le digo a una hija mía por qué no te preparas unas oposiciones me dirá papá en qué mundo vives”.

 

‘A puerta cerrada’ tiene algo de reclusión para quizá reorganizarse, quizá reflexionar y comprender, quizá para dar un portazo, quizá en busca de la merecida tranquilidad. “Me encerré a pensar en mi propia situación. Pedí prestado el título de una obra de teatro que se titula ‘A puerta cerrada’ en la que los personajes primero descubren que están muertos y después descubren que están en el infierno. Y ahí surge la famosa frase: “El infierno son los otros” y que está relacionada con la de Herman Hess: “El hombre es un lobo para el hombre”.

 

En ese sentido, García Montero resalta que “los poetas tratamos de indagar en nuestra propia personalidad. Decir el infierno son los otros se convierte en buscar el infierno en uno mismo. El poeta busca en sus propias contradicciones ese infierno que si está en los demás está también en uno mismo. Sólo a través de esa indagación honesta se encuentran motivos para recuperar la confianza en el futuro y para buscar una ventana que se pueda abrir y entre la luz. Ese es un poco el sentido de este libro”.

 

En enero de 2018, cuando se habla de crisis política y de valores y del uso de las palabras parece inevitable que surge en algún instante la posverdad. “A mí me gusta contar la poesía como exactamente lo contrario a eso que se ha puesto tan de moda que es la era de la posverdad. La posverdad es como la mentira de siempre pero adaptada a las nuevas herramientas tecnológicas. Digo lo que me da la gana a través de las nuevas tecnologías y como mañana habrá otro escándalo lo que he dicho hoy ya estará olvidado. Además, nadie se toma la molestia de comprobar si lo que se está diciendo es espuma que corre por las redes o es realidad. Lo contrario a la posverdad para mí es la poesía. Nadie está en posesión de la verdad, pero el que escribe poesía lo hace en un ámbito en el que no cabe la mentira. Ese es el ámbito en el que he trabajado”.

Entonces, surge la duda… ¿la poesía es realidad o ficción? “La poesía es ficción. La ficción es uno de los recursos que ha tenido el ser humano para contar. ¿En qué sentido? Si yo escribo un poema de amor escribo la verdad de mi amor, pero si sólo está la verdad de mi amor se convierte en un desahogo autobiográfico que no le sirve al lector. La tarea de un escritor es que cuando habla del amor, el miedo, el dolor, la alegría, se conviertan también en el miedo, el dolor y la alegría del lector que está habitando su libro. El escritor tiene que lograr el lector piense en su amor y no en el del escritor. El proceso artístico que utiliza las palabras para convertir una verdad biográfica en una verdad artística que transcienda a las demás es lo que se llama ficción”.

 

Apunta el poeta que el relato humano se convirtió en ficción con Cervantes.” Cuando estudias a Lorca ves poemas de Poeta en Nueva York que sientes que están escritos con el corazón en la mano, pero luego ves los manuscritos y están llenos de tachaduras, de cambios, de modificaciones, porque a él no le interesaba sentir sino hacer sentir”.

 

La conversación regresa a los jóvenes y a las redes sociales, en este caso para hablar de los jóvenes poetas y de las redes como canales para mostrar poesía. “Es cierto. Estoy convencido que lo bueno que tenga que venir a la poesía española vendrá de la gente muy joven, de la gente joven que viva su tiempo y que, al mismo tiempo, se tome la molestia de prepararse con el conocimiento del pasado. Aquel que se quede encerrado en Jorge Manrique se equivoca, pero del mismo modo aquel joven que quiera ser un buen poeta sin molestarse en leer a Jorge Manrique o a Rosalía de Castro se equivocará también”.

 

Que las redes sociales son un instrumento que se puede utilizar bien o mal para algo obvio. “A mí me emociona ver que hay chicos educados en las nuevas tecnologías que después publican sus libros y que cuando acceden a Facebook o Twitter no entran para calumniar, ni para mentir, sino para contar en un poema lo que les pasa, para trasladar un sentimiento de emoción humana que no se puede confundir con la basura. Creo que entre esos chicos hay mucho talento. Los que más me gustan enseguida descubro que además de haber leído poesía en las redes sociales son también lectores o han estudiado filología. Conocen las nuevas tecnologías pero conocen también la tradición. El diálogo entre las novedades de la vida y a tradición me parece extraordinario y esencial”.

 

Pero García Montero cree que es preciso diferenciar el grano de la paja. “Del mismo modo digo que hay mucha superchería entre esas novedades que se hacen viejas rápido. Lo digo porque lo viví a finales de los años setenta. Recuerdo aquellas convocatorias: ‘Recital de poesía’ y alguien subía a un escenario y decía “renunciamos a la palabra porque ahora la poesía está en el ruido” y comenzaba a gritar “Umm, Umm, Umm”./Javi Muro

 

 

 

 

 

 



Autor: Javier Muro

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